ABSTRACT
Keywords: arbovirus – chikungunya – dengue – West Nile – yellow fever – Zika – Dominican Republic
Among the emerging infectious diseases, the arboviral diseases group has a significant impact worldwide due to its
epidemic potential and unprecedented spread. These diseases, mostly zoonoses, represent a serious public health
problem in the Americas and especially in the Caribbean, which have a nearly uninterrupted transmission pattern
throughout the year and are becoming an obstacle to economic development. In fact, in recent decades there has been
a significant increase in the number of epidemiological outbreaks caused by emerging and reemerging arbovirus in
many Caribbean countries, as in the case of Dominican Republic, where the incidence of diseases such as dengue,
chikungunya and most recently Zika and Mayaro viruses have grown considerably causing great concern in public
health. Clearly, other factors such as the lack of sources and proper action plans, among other reasons, have a
negative influence in the control of these viruses. The current work aims to provide a picture of the main arboviral
diseases spread by mosquitoes (Diptera: Culicidae) that affect the Caribbean islands, particularly the island of
Hispaniola, the second largest of the Antilles.
The Biologist (Lima), 2017, 15(1), jan-jun: 193-219.
REVIEW ARTICLE / ARTÍCULO DE REVISIÓN
ARBOVIRAL DISEASES SPREAD BY MOSQUITOES (DIPTERA: CULICIDAE) IN THE
DOMINICAN REPUBLIC: A REVIEW
ARBOVIROSIS TRANSMITIDAS POR MOSQUITOS (DIPTERA: CULICIDAE) EN LA
REPÚBLICA DOMINICANA: UNA REVISIÓN
1 Universidad Agroforestal Fernando Arturo de Meriño. Carretera José Durán, Km. 1. 41000 Jarabacoa, República
Dominicana; pedro.alarcon@uv.es / kaguerrero@hotmail.com
2 Instituto de Medicina Tropical & Salud Global-IMTSAG. Universidad Iberoamericana-UNIBE. Paseo del Yaque, Urb. Los
Ríos. Santo Domingo, República Dominicana; r.paulino@prof.unibe.edu.do
3 Unidad Municipal de Higiene y Epidemiología de Camagüey. Apartado 5304. 70300 Camagüey, Cuba;
lfdieguez@nlay.cmw.sld.cu
4 Facultad de Tecnología de la Salud «Julio Trigo López». Universidad de Ciencias Médicas «Dr. Serafín Ruiz de Zárate
Ruiz». Villa Clara, Cuba; rigobertofd@infomed.sld.cu
5 Division of Biomedical and Life Sciences, Faculty of Health and Medicine, Lancaster University, Bailrigg, Lancashire,
LA1 4YG, United Kingdom; mikel_alexander86@hotmail.com
1* 2 3
Pedro María Alarcón-Elbal , Robert Paulino-Ramírez , Lorenzo Diéguez-Fernández ,
4 1 5
Rigoberto Fimia-Duarte , Kelvin A. Guerrero & Mikel González
ISSN Versión Impresa 1816-0719
ISSN Versión en linea 1994-9073 ISSN Versión CD ROM 1994-9081
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The Biologist
(Lima)
The Biologist (Lima)
The Biologist (Lima). Vol. 15, Nº1, jan - jun 2017
RESUMEN
Palabras clave: arbovirus – chikungunya – dengue – fiebre amarilla – Nilo Occidental – Zika – República Dominicana
Entre las enfermedades infecciosas emergentes, el grupo de las arbovirosis tiene un notable impacto mundial debido
a su potencial epidémico y propagación sin precedentes. Estas enfermedades, de naturaleza principalmente
zoonótica, constituyen un serio problema de salud pública en las Américas y especialmente en el Caribe, donde
algunas presentan un patrón de transmisión prácticamente ininterrumpido durante todo el año, convirtiéndose
además en un obstáculo al desarrollo económico. De hecho, en las últimas décadas se ha observado un aumento
significativo de brotes epidémicos causados por arbovirus emergentes y reemergentes en muchos países caribeños,
como es el caso de la República Dominicana, donde enfermedades como el dengue, chikungunya y más
recientemente los virus Zika y Mayaro están causando gran alarma en el sistema sanitario. Indudablemente, otros
factores como la falta de recursos y planes adecuados de acción son motivos, entre otros, que influyen negativamente
en el control de estas virosis. El presente trabajo pretende trata la situación de las principales arbovirosis vehiculadas
por mosquitos (Diptera: Culicidae) que afectan a las islas del Caribe, en especial a La Española, la segunda en
extensión de las Antillas.
replicarse en dos sistemas tan filogenéticamente
distantes como son los vectores artrópodos, sobre
los que ejercen un efecto escaso o nulo, y los
hospedadores vertebrados, sobre los que la
infección puede devenir en una morbimortalidad
significativa (Saluzzo & Dodet, 1997). Por
consiguiente, el término “arbovirosis” se utiliza
para definir a un grupo de enfermedades
producidas por arbovirus, que tiene en común la
implicación de los artrópodos como vectores en la
transmisión (Kuno & Chang, 2005). Más allá del
enorme perjuicio ocasionado por la alta
morbimortalidad que generan, son además un
constante problema sanitario y un insidioso
obstáculo al desarrollo económico. Es por tanto la
lucha contra estas enfermedades un asunto también
de desarrollo económico y equidad, ya que su
presencia es un factor detractor para aquellos en
peores condiciones económicas, convirtiéndose
inevitablemente en un bucle de retroalimentación
negativo.
Estas enfermedades, aunque tienen una
distribución mundial, presentan una mayor
incidencia en las regiones tropicales y
subtropicales, donde con mucha frecuencia causan
infecciones subclínicas o inespecíficas (Gould &
Salomon, 2008). Sin embargo, dependiendo de
factores como el tipo de virus o la exposición a éste
a través de los vectores, es posible que el
Desde la perspectiva de la Salud Pública, las
enfermedades emergentes y reemergentes
representan un gran reto para los sistemas de salud
globales. Entre éstas, las causadas por virus son las
más importantes tanto por su diversidad genética y
evolutiva, como por su mayor potencialidad para
causar afecciones graves en las sociedades
actuales. En las últimas décadas se ha observado un
incremento, cada vez más notorio, de nuevas
enfermedades virales así como del número de
epidemias causadas por un grupo de virus de
genoma ARN transmitidos usualmente a
vertebrados por artrópodos hematófagos: los
arbovirus. El término tiene origen en la “jerga
médica” y fue acuñado por ciertos investigadores
californianos a principios de la década de 1940
como un acrónimo de la expresión “arthropod-
borne virus”, traducido literalmente como 'virus
originados de artrópodos', aunque semánticamente
se refiere a 'virus transportados por artrópodos'. El
vocablo designa a un conjunto heterogéneo de
diferentes familias y géneros de virus, por lo que
estrictamente no conforman una categoría
taxonómica per se (Reeves, 2001).
Los arbovirus, a pesar de poseer un genoma
relativamente pequeño, son capaces de infectar y
INTRODUCCIÓN
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microorganismo genere una patología en el
individuo (Sim et al., 2014). Se distinguen cuatro
tipos básicos de manifestaciones clínicas: i) fiebre
severa no diferenciada, ii) fiebres hemorrágicas,
iii) encefalitis y/o meningitis, y iv) poliartritis y
trastornos del tubo neural (Palop Borrás, 2009;
Labeaud et al., 2011; Victora et al., 2016).
En la actualidad hay cerca de 537 virus registrados
en el Catálogo Internacional de Arbovirus (ICTV,
2015), de los cuales el 25% son de interés humano
por producir infecciones de diferente gravedad,
transmitidos principalmente por mosquitos y
garrapatas (Gubler, 2001). Dentro del filo
Arthropoda, solo el 1,5% de los miembros de la
clase Insecta son transmisores de virus (Crosskey,
1988). Este mero se encuentra repartido
heterogéneamente dentro de cada taxón y buena
muestra de ello es el orden Diptera, donde solo el
suborden Nematocera posee gran cantidad de
especies trasmisoras (3500 aproximadamente),
mientras los otros dos subórdenes, compuestos de
tábanos y moscas, no representan una amenaza
vectorial significativa (Kuno & Chang, 2005).
Entre los nematóceros, los culícidos (Diptera:
Culicidae) constituyen un grupo de importancia
capital en la transmisión de arbovirus,
principalmente aquellos pertenecientes a las
familias Togaviridae, Flaviviridae y Bunyaviridae
(Weaver & Reisen, 2010).
En el contexto que nos ocupa, cuando Cristóbal
Colón desembarcó a La Española en 1492, no se
tenían registros de epidemias locales,
fundamentalmente por la ausencia de un lenguaje
escrito que pueda ser interpretado en nuestros días,
así como la falta de documentos o restos
arqueológicos que sugieran epidemias que
afectaran la tasa de reproducción de los nativos.
Más tarde, en la ciudad de Santo Domingo, se
crearon los primeros centros de salud y
subsecuentemente se registraron los primeros
casos de enfermedades como las que hoy
conocemos: la fiebre amarilla y la de una fiebre
caracterizada por fuertes dolores en las
articulaciones o “Dunga” que posteriormente
derivaría a dengue (Stern, 2015). Las
características geoclimatológicas, poblacionales,
económicas y sociales han contribuido
históricamente a crear marcos favorables para la
transmisión de arbovirus en el Caribe, y por
consiguiente en la República Dominicana. Algunas
de estas dolencias, como la ya erradicada fiebre
amarilla, jugaron un papel trascendental en la
geopolítica del país a principios del siglo XIX.
Otras, como el dengue, muestran en la actualidad
un comportamiento endémico con un preocupante
aumento de su incidencia. Además, la propagación
de arbovirus reemergentes como el Zika y el
Mayaro mantiene en alerta a las autoridades de
salud ante la primeriza aparición de brotes en el
país.
Desafortunadamente, en las bases de datos
académicas hay pocos trabajos indexados que
evalúen el estado actual de las arbovirosis en la
República Dominicana, que son en última instancia
los que se han manejado para la confección del
presente manuscrito. En cambio, se ha intentado
obviar en gran medida la literatura gris o informal,
es decir, aquella que no sigue las normas de edición
tradicional y no es difundida por canales ordinarios
de publicación comercial, ya que estos documentos
plantean problemas de acceso, además de carecer
normalmente del pertinente rigor científico. Por
tanto, y mediante el análisis exhaustivo de la
bibliografía formal, este manuscrito pretende
ahondar en el conocimiento de las arbovirosis que
han afectado, afectan o potencialmente pueden
afectar al país más extenso de La Española,
disertando sobre la importancia específica de cada
una de ellas y describiendo sus características más
relevantes. Asimismo, se revisan los métodos de
control y otros factores influyentes en la dispersión
de vectores.
ARBOVIROSIS DE MAYOR
REPERCUSIÓN EN LA SALUD PÚBLICA
DE LA REPÚBLICA DOMINICANA
A continuación, se exponen las arbovirosis de
mayor relevancia que afectan a la población
dominicana, siguiendo un orden determinado para
cada virosis: etimología, origen de la enfermedad,
resumen de los brotes a lo largo de la historia, ciclos
de transmisión, sintomatología y formas de la
enfermedad. Finalmente, se reporta un resumen del
conocimiento actual de estas dolencias en el país y
en las regiones próximas del Caribe. En las Tablas
1, 2 y 3 se exponen esquemáticamente la
información de mayor interés (general, clínica y
epidemiológica) para estas afecciones humanas
trasmitidas por mosquitos.
Arboviral diseases spread by mosquitoes
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Fiebre amarilla. El término “fiebre amarilla”, que
hace referencia a los signos de ictericia que
muestran algunos pacientes, fue probablemente
utilizado por primera vez por Griffin Hughes en su
libro Natural History of Barbados, de 1750.
Durante la historia se la ha conocido igualmente
por otras denominaciones como “tifo americano”,
“tifo icterodes”, “tifo amarillo”, “tifo de los
trópicos”, “vómito negro”, “vómito prieto”,
“vómitos de borras”, coup de barre”, “mal de
Siam” o Yellow Jack(Tuells & Massó, 2006).
Los análisis filogenéticos indican que el virus de la
fiebre amarilla (YFV) se originó en África Central
y Oriental, con la transmisión entre los primates y
los seres humanos, y desde allí se extendió a África
Occidental. Tanto el virus como el vector fueron
probablemente transportados a América por los
primeros colonizadores europeos (Bryant et al.,
2007). Sin embargo, existe una corriente científica
que no descarta la presencia del virus en el
continente americano antes de la colonización,
incluso considerando al mismo como uno de los
factores de la decadencia de la cultura maya. De
hecho, la descripción más temprana de la
enfermedad documentada se encuentra en el Popol
Vuh, libro sagrado de los mayas, donde se relata la
epidemia de una enfermedad llamada Xekik”,
cuya traducción es 'vómito de sangre', ocurrida
entre los años 1480-1485, doce años antes de la
llegada de los españoles (Renan, 2000).
Las noticias iniciales sobre la emergencia de la
fiebre amarilla en el Caribe son confusas. Los
diagnósticos eran inciertos: enfermedades con el
nombre de “calenturas”, “pestilencias”, “fiebres
malignas” o “modorra” causaron epidemias tras la
llegada de los conquistadores al Nuevo Mundo;
entre ellas se ha querido incluir la fiebre amarilla
(Tuells & Massó, 2006). Parece probable que la
primera epidemia de fiebre amarilla sufrida por los
europeos en tierras americanas ocurriera en La
Española en el año 1494, concretamente en Santo
Domingo. La enfermedad, que se denominó en
aquel entonces “modorra pestilencial”, afectó
primero a los colonos españoles y después se
propagó a la población indígena hasta el año 1496,
cebándose sobre todo con los individuos recién
llegados en las nuevas expediciones (Toledo,
2000). Sin embargo, las primeras descripciones
que la identifican formalmente señalan su
aparición en Barbados (1647), Guadalupe, Cuba y
su extensión al resto de las Antillas (1648-1650) y
la península de Yucatán, en México (1648)
(Harcourt-Smith, 1973; Monath, 2001). Durante
los siglos venideros, la virosis tuvo consecuencias
geopolíticas importantes ya que diezmó muchos
ejércitos enviados desde Europa. Fue el caso del
triunfo de la Revolución Haitiana, cuyo éxito se
debió en buena medida al hecho de que al menos
una cuarta parte de las tropas francesas fueron
liquidadas como consecuencia de los efectos de la
fiebre amarilla entre 1796 y 1802 (Bollet, 2004).
Actualmente se reconocen tres ciclos de
transmisión del YFV. Un ciclo selvático o
enzoótico mantenido entre primates no humanos y
mosquitos arborícolas, en el cual la transmisión del
virus se produce por la picadura de mosquitos, de
los géneros Haemagogus y Sabethes en América y
Aedes en África, al ser humano cuando éste
concurre en zonas selváticas, principalmente por su
actividad laboral. En la sabana africana existe un
ciclo intermedio donde el virus es transmitido
desde los mosquitos del género Aedes a las
personas que viven o trabajan en las áreas
periféricas de los ambientes exoantrópicos. De este
modo, este mosquito puede transmitir el virus
desde los primates no humanos o desde la persona a
otro individuo (Soper, 1963; Germain et al., 1982).
El ciclo de transmisión urbano o epizoótico
involucra a los seres humanos y al vector Aedes
aegypti (Linnaeus, 1762).
Una vez contraído el YFV, y tras un periodo de
incubación de 3 a 6 días, la infección puede cursar
en una o dos fases. La primera, aguda, suele causar
fiebre, mialgias, dolor intenso de espalda, cefaleas,
escalofríos, fotofobia, pérdida del apetito, náuseas
y vómitos. Posteriormente, la mayoría de los
pacientes mejora y los síntomas desaparecen tras 3
o 4 días. Sin embargo, el 15% de los pacientes
entran a las 24 horas de la remisión inicial en una
segunda fase, más tóxica, con fiebre elevada y
afectación de diferentes sistemas orgánicos. El
enfermo se vuelve icrico rápidamente y
experimenta dolor abdominal con vómitos,
pudiendo producirse hemorragias orales, nasales,
oculares o gástricas, con sangre en los vómitos o en
las heces. La función renal se deteriora y la mitad
de los pacientes que entran en esta fase mueren en
un plazo de 10 a 14 días, mientras que el resto se
recuperan sin lesiones orgánicas importantes
(Abarca et al., 2001). No existe tratamiento
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antiviral específico disponible y tan solo se pueden
instaurar medidas paliativas para combatir la fiebre
y la deshidratación. Afortunadamente, el desarrollo
de dos vacunas vivas en la década de 1930
representó un hito en el control de la enfermedad.
Desde hace más de 60 años existe una vacuna viva
atenuada denominada 17D, segura y asequible, que
proporciona una inmunidad efectiva contra la
enfermedad al 80-100% de los vacunados al cabo
de 10 días, y una inmunidad del 99% al cabo de 30
días, bastando una sola dosis para conferir
inmunidad y protección de por vida, sin necesidad
de dosis de recuerdo. La variación genética no va
acompañada de diferencias antigénicas de las
cepas, por lo que la vacuna antiamarílica es eficaz
contra todos los genotipos del virus en ambos
continentes (OMS, 2016a).
Sobre la fiebre amarilla urbana, no hay claridad con
respecto a los últimos casos reportados en las
Américas. Según Soper (1963), éstos se registraron
en Brasil en 1942, al noroeste del país en el estado
de Acre, si bien en 1954 se presentó un caso aislado
en la capital de Trinidad, Puerto España,
considerándose como la última incursión de esta
forma epidemiológica en el continente americano.
El programa de erradicación del Ae. aegypti
llevado a cabo en el centro y sur de América a partir
de 1949 dio lugar a la eliminación del mosquito de
las áreas urbanas y, con éste, a la erradicación de la
fiebre amarilla epizoótica en las Américas
(Maurice, 1993). Sin embargo, existe
preocupación de que el retorno de Ae. aegypti a
muchos centros urbanos, pueda causar el
resurgimiento de la fiebre amarilla urbana (Rey &
Lounibos, 2015), tal como podría ser el caso
observado en Paraguay en 2008 (Johansson et al.,
2012). A pesar de esta situación, en el Caribe no
existe riesgo de transmisión, a excepción de
algunas zonas rurales de Trinidad y Tobago. Tanto
es así que la vacuna no se aplica en el esquema
nacional de vacunación dominicano y tan solo se
recomienda a los viajeros internacionales hacia
áreas endémicas (MSP, 2008).
Dengue. La etimología del término no está
demasiado claro, pero parece bastante aceptado el
origen africano del vocablo, que podría derivar de
la frase swahili ki-dinga pepo”, que significa
'ataque repentino (calambre o estremecimiento)
pr ovo cado por un esp íri tu mal ign o'.
Posteriormente fue identificada popularmente con
la palabra española “dengue”, que significa
'fastidioso', haciendo referencia a las molestias de
los aquejados por las artralgias (Rigau-Pérez,
1998). María Luisa de Parma, reina consorte de
España como esposa de Carlos IV, sufrió un
síndrome febril con sangrado y, aunque la
enfermedad no necesariamente tuvo que ser
dengue, los documentos de la época atestiguan que
ya entonces la reina utilizó dicho término en 1801
(Soler et al., 1949), si bien no sería hasta 1828
cuando la palabra comenzó a usarse formalmente
en la literatura médica en Cuba (Halstead, 2008).
Con anterioridad se había utilizado la acepción
“quebranta huesos” en San Juan, Puerto Rico, para
describir un cuadro febril de sintomatología similar
en 1771 (Rigau-Pérez, 1998). De hecho, en los
diferentes países en que ha aparecido esta
enfermedad se le ha aplicado distintos nombres.
Por ejemplo, los ingleses la llamaron dandyfever
y pantomimefever”; los norteamericanos break-
bone fever(fiebre rompe huesos) y broken-wing
(ala rota); los brasileros fiebre-polka y los
españoles “la piadosa”, “pantomima”, “calentura
roja”, “fiebre de aclimatación”, “fiebre datilera” o
“fiebre de Don Simón” (Gubler, 2014).
El origen y la evolución del virus del dengue
(DENV) ha sido objeto de discusión en las últimas
décadas. Algunos autores especularon con un
origen africano del virus, cuya distribución
mundial posterior podría haberse visto coadyuvada
por el tráfico de esclavos (Ehrenkranz et al., 1971).
Sin embargo, también se ha propuesto que podría
haberse originado a partir de un ciclo selvático
entre primates y mosquitos en la península de
Malasia (Smith 1956), hipótesis respaldada en la
actualidad por evidencias ecológicas y
filogenéticas (Vasilakis & Weaver, 2008).
Los primeros reportes clínicos en la literatura
médica atribuidos a esta enfermedad se produjeron
casi simultáneamente en Asia, África y América
del Norte, entre 1779 y 1780 (Amarasingue et al.,
2011). No obstante, existen descripciones clínicas
anteriores perfectamente compatibles con la
enfermedad, como el registro de casos de fiebre
ocurridos en China en la dinastía Jin (265-420), que
bien podrían asociarse a dengue, haciendo
referencia a la enfermedad como “veneno de agua”
y relacionándola ya entonces con insectos
voladores. Las primeras epidemias compatibles
con el dengue en Latinoamérica y el Caribe
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ocurrieron en las Antillas Francesas en 1635 y en
Panamá en 1699 (Isturúriz et al., 2000). Empero, la
primera epidemia americana de dengue
confirmada serológicamente (DEN-3) no tendría
lugar hasta 1963, afectando, entre otras zonas, a
Jamaica, Puerto Rico, las islas de las Antillas
Menores y Venezuela, aunque no llegó a Cuba, La
Española ni Trinidad. Anteriormente sólo se había
aislado el DEN-2 en Trinidad en 1951, en una
situación no epidémica (Gubler, 2014).
El dengue es esencialmente una enfermedad
humana que se transmite por medio de mosquitos
del género Aedes. Otro potencial vector es el Aedes
albopictus (Skuse, 1894) o mosquito tigre, de
origen asiático y considerado de menor
importancia en la transmisión del DENV en áreas
donde ambas especies son simpátricas (Chan et al.,
1971). Sin embargo, hay indicios de la existencia
de un ciclo selvático en el que participarían
primates y mosquitos. De hecho, se ha aislado el
virus de monos naturalmente infectados en Asia
(Rudnick, 1966), donde actúa como vector el
complejo de mosquitos arborícolas Aedes niveus
(Ludlow, 1903) y en África Occidental (Fagbami et
al., 1977), donde interviene el complejo Aedes
furcifer (Edwards, 1913) Aedes taylori Edwards,
1936, lo que sugiere la existencia del ciclo
enzoótico, independiente del urbano (Halstead,
2008).
La primoinfección por cualquiera de los cuatros
serotipos en un sujeto sano, tras un período de
incubación que oscila entre 4 a 7 días con un rango
de variación de 3 a 14 días, puede presentar
diversas manifestaciones clínicas (Rigau-Pérez,
1988). Por un lado, existen pacientes sanos y
asintomáticos, seguidos por aquellos que refieren
un cuadro benigno de fiebre o sensación de alza
térmica, inespecífico y limitado asociado a
malestar general, pasando por un cuadro más
intenso de tipo febril acompañado de otros
síntomas como cefalea, dolor retro-orbital,
mi alg ia, artr alg ia, ná useas, vómi tos ,
agrandamiento de ganglios linfáticos o sarpullido.
En el otro extremo del espectro clínico, con las
manifestaciones más severas, algunos pacientes
cursan dengue grave (anteriormente conocido
como dengue hemorrágico), que es una
complicación potencialmente mortal con
extravasación de plasma, acumulación de líquidos,
dificultad respiratoria, hemorragias graves y
afectación multiorgánica. Esta es la complicación
más temida y el riesgo de presentación es
significativamente más elevado durante una
infección secundaria (Halstead, 1988; Sierra et al.,
2012). Durante tres décadas, la OMS reconoció y
recomendó la clasificación del dengue en “fiebre
del dengue” (FD) y “fiebre hemorrágica por
dengue” (FHD) con o sin “síndrome de shock por
dengue” (SCD). Sin embargo, a partir del estudio
internacional DENCO (Dengue Control), cuyo
objetivo principal fue encontrar una forma mejor
de clasificar la enfermedad e identificar los signos
de alarma útiles para mejorar el manejo de casos de
dengue, se establec la propuesta de una
clasificación binaria de la enfermedad en “dengue”
y “dengue grave” (TDR/OMS, 2009). No hay
tratamiento específico del dengue ni del dengue
grave, pero la detección oportuna y el acceso a la
asistencia médica adecuada disminuyen las tasas
de mortalidad por debajo del 1% (OMS, 2016b). En
cuanto a la profilaxis, a finales de 2015 se otorgó la
aprobación regulatoria por ANVISA de la primera
vacuna contra el dengue en Brasil y posteriormente
aprobada en México y Filipinas para su
comercialización como vacuna «tetravalente
contra dengue» (contra los cuatro serotipos del
DENV), para prevenir la enfermedad en
preadolescentes, adolescentes y adultos que
habiten en áreas endémicas.
En las últimas décadas ha aumentado
enormemente la incidencia de dengue, hasta el
punto de ser la arbovirosis más importante en
términos de morbilidad y mortalidad en el mundo
(Gubler, 2011) (Figura 1; PAHO/WHO, 2016a). A
pesar de la ausencia de la transmisión a mediados
del siglo XX en las Américas, en la actualidad su
incidencia ha crecido exponencialmente y la región
está inmersa en una situación hiperendémica con
casi todos los países afectados (WHO, 2012). En
América Latina, solo Chile Continental sigue sin
reportar transmisión autóctona de la enfermedad,
tras el reciente brote acaecido en Uruguay en 2016
(WHO, 2016). La enfermedad representa además
una enorme carga económica para los gobiernos y
los sistemas de salud de los países afectados.
En el caso de la República Dominicana, el dengue
es endémico y se han aislado los 4 serotipos del
virus, siendo el país del Caribe con mayor
concentración en el número de muertes desde el
comienzo del nuevo siglo. En los últimos años se
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han producido ciclos epidémicos intensos (DGE,
2013), con 9484 casos y 71 defunciones en 2012,
16658 casos y 11 defunciones en 2013, 6274 casos
sospechosos y 62 muertes en 2014. En 2015 se han
registrado 103 personas fallecidas, la mayoría
menores de edad y con escasos recursos,
reportándose un total de 16.877 casos, con
circulación del DEN-2 y DEN-4, los mismos que
han sido reportados en el continente americano
desde 2004 (Guzmán et al., 2010). En 2016 se
registró un descenso de los fallecimientos, con 39
muertes por dengue (PAHO/WHO 2016a, Figura
2).
Chikungunya. El vocablo proviene del idioma
nativo kimakonde, hablado en el sudeste de
Tanzania y norte de Mozambique, específicamente
del verbo kungunyala, cuyo significado es 'aquel
que se encorva', por la postura inclinada que
adoptan las personas que la padecen, debido a la
severidad del dolor articular (Morens & Fauci,
2014). Se considera correcta la adaptación del
término original “chikungunya” a “chicunguña”,
así como la forma acortada “chik”, aunque la forma
más recomendada de utilizar es “chikunguña”.
También es conocida además como “artritis
epidémica chikunguña” o “fiebre de chikunguña”.
El virus del chikungunya (CHIKV) se aisló por
primera vez del suero de un paciente febril durante
un brote ocurrido en la meseta Makonde en la
provincia sureña de Tanganyika, en Tanzania, de
1952 a 1953 (Robinson, 1955). A partir de febrero
de 2005 la enfermedad comenzó a cobrar una gran
trascendencia mediática a consecuencia de un
importante brote en las islas del Océano Índico, con
el cual se relacionaron numerosos casos
importados en Europa, sobre todo en 2006 cuando
la epidemia estaba en su apogeo (Enserink, 2006).
La transmisión autóctona de la enfermedad, que era
endémica en África, Sudeste Asiático y el
subcontinente indio y que había sido reportada por
primera vez en Europa continental en 2007 en Italia
(Angelini et al., 2007), fue detectada en diciembre
de 2013 en la región de las Américas, en la parte
francesa de la Isla de San Martin, extendiéndose
rápidamente por las islas del Caribe (ECDC, 2014).
Se han descrito dos ciclos de transmisión bien
documentados. El ciclo selvático enzoótico
probablemente implica a varias especies arbóreas
del género Aedes como vectores y a primates no
humanos como hospedadores y amplificadores del
virus (Caglioti et al., 2013). Los ciclos de
transmisión epidémicos o urbanos fueron
establecidos desde 1950 cuando el virus se
introdujo en Asia (Caglioti et al., 2013). En este
caso los vectores son las especies Ae. aegypti y Ae.
albopictus, cuya sinantropia y antropofilia
comportan altos niveles de exposición humana al
virus, teniendo además en consideración que en
ambas se ha verificado la transmisión vertical del
CHIKV (Agarwal et al., 2014). Los seres humanos
constituyen el principal reservorio del virus
durante los períodos epidémicos. En África
algunos animales (monos, roedores y aves)
constituyen los reservorios en períodos no
epidémicos dando existencia a ciclos silvestres
secundarios y manteniendo la circulación en el
medio en ausencia de casos humanos. Los brotes
pueden afectar a los monos cuando la inmunidad
colectiva es baja y aunque los animales desarrollan
viremia, no se producen manifestaciones clínicas
aparentes (Wolfe et al., 2001).
Tras la inoculación del CHIKV por la picadura del
mosquito se inicia el período de incubación
intrínseco, que dura entre 3 y 4 días, con un rango
de 2 a 10 días, seguido de aparición súbita de fiebre
sin respuesta a terapia antipirética y poliartralgias
de compromiso simétrico, de pequeñas
articulaciones, principalmente codos, dedos,
muslos, pantorrillas y tobillos. Están presentes en
la práctica totalidad de los casos y se manifiestan
poco tiempo después del inicio de la fiebre. En los
casos graves, la inflamación articular produce
hinchazón, enrojecimiento, tenosinovitis y
limitación del movimiento, volviéndose en muchas
ocasiones este cuadro altamente incapacitante
(Ochoa-Díaz et al., 2014). Adicionalmente se
presenta cefalea intensa, escalofríos, temblores,
náuseas o vómitos, que pueden persistir de 4 a 10
días. También pueden aparecer erupciones
maculopapulares ubicadas especialmente en las
extremidades y característicamente pruriginosas
(Razmy, 2014). Puede experimentarse una fase
crónica cuando la persona afectada presenta
dolores articulares durante más de tres meses o hay
reaparición del dolor en las articulaciones
afectadas (Moya et al., 2014). También se han
descrito alteraciones del sueño y de la memoria
(Schilte et al., 2013). Las complicaciones graves
no son frecuentes, pero en personas mayores o
inmunocomprometidas la enfermedad puede
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The Biologist (Lima). Vol. 15, Nº1, jan - jun 2017
200
causar la muerte. A menudo los pacientes solo
tienen síntomas leves y la infección puede pasar
inadvertida o diagnosticarse erróneamente como
dengue en zonas endémicas. Tal como sucede con
el dengue, el tratamiento del chikungunya es
sintomático y se utilizan antipiréticos como
a c e t a m i n o f é n , a b u n d a n t e l í q u i d o ,
antiinflamatorios no esteroideos y analgésicos para
el dolor articular (Ochoa-Díaz et al., 2014).
Actualmente, el desarrollo de una vacuna eficaz
para este virus se encuentra en sus primeras fases
clínicas y por tanto no hay ninguna vacuna
disponible.
La primera epidemia de chikungunya en la
República Dominicana se inició en febrero de
2014. En los primeros seis meses se registraron
429.421 casos, los cuales representaron el 65% de
todos los notificados a la OPS por 33 países y
territorios de la Región de las Américas (Pimentel
et al., 2014). Transcurridos los 8 primeros meses
desde el inicio de la epidemia, se observó un
aumento progresivo en el número de casos
alcanzando el máximo en el mes de junio y a
continuación un descenso gradual durante los tres
meses posteriores (Figura 3, MSSSI, 2015). Al
finalizar el año y tras 45 semanas, se reportaron
524.297 casos sospechosos, 84 casos confirmados
y 6 muertes (OPS/OMS, 2015a), convirtiéndose en
el evento de Salud Pública de mayor trascendencia
en el país durante 2014. Ese mismo año, 1.450
casos (incluyendo 850 casos confirmados) fueron
importados a Europa y notificados por 13 países.
Tal fue la repercusión del caso dominicano que de
los 1178 para los cuales el país de origen era
conocido, el 81% eran procedentes de la región del
Caribe, principalmente de la República
Domi nican a, Guad al upe y Martin ic a.
Concretamente en España, se notificaron 266 casos
importados de los que el 96% procedían de
diferentes países americanos, principalmente de la
República Dominicana (MSSSI, 2015). También
se conocen casos de coinfección por CHIKV con el
Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH),
aunque se observaron pocas complicaciones y una
tendencia a la no progresión crónica de la
infección, fundamentalmente debido a la
inmunomodulación adquirida (Paulino et al.,
2015). Incuestionablemente la epidemia producida
por esta arbovirosis generó un notable estado de
alarma como consecuencia del sufrimiento de las
personas afectadas y la elevada incidencia en el
pueblo dominicano (Moya et al., 2014), debida
principalmente a que toda la población era
susceptible de adquirir la infección al tratarse de
una enfermedad nueva en el país. En la República
Dominicana se predijo que la actividad de esta
epidemia sería alta, por tratarse de un país tropical,
densamente poblado, con alta movilidad
poblacional y presencia del vector responsable de
la transmisión. Durante los años 2015 y 2016 se han
producido 67 casos sospechosos, pero ninguno
confirmado (PAHO/WHO, 2016b).
Virus del Nilo Occidental. Este virus fue aislado
por primera vez del suero de una mujer adulta febril
natural del distrito del West Nile en Uganda en
1937 (Smithburn et al., 1940), de ahí que tome el
nombre de dicha localización geográfica. En la
comunidad científica de habla hispana hay
discrepancias acerca de la correcta traducción del
término en castellano. Se ha traducido en ocasiones
como «virus del Oeste del Nilo» o «virus del Nilo
Occidental», siendo ambas inadecuadas pues el
término no se refiere al río, sino a un distrito, por lo
que sería más apropiado «virus de Nilo
Occidental». En cualquier caso, siguiendo los usos
actuales del idioma, no parece correcto traducir el
topónimo, sino simplemente designar al virus
como «virus West Nile» (WNV) (Jinez-
Clavero, 2009).
En la actualidad es WNV se halla ampliamente
distribuido por el globo, hasta el punto de ser uno
de los arbovirus más ubicuos al encontrarse en
todos los continentes (Zeller & Schuffenecker,
2004), muy probablemente debido al rol que
desempeñan las aves silvestres como hospedadores
enzoóticos, cuyas migraciones estacionales desde
áreas enzoóticas contribuyen a su diseminación. La
infección por WNV es enzoótica en África, Asia
Central y Occidental, Oriente Próximo y Australia.
Desde su llegada al continente americano, donde
fue aislado por primera vez en un cuervo en Nueva
York en 1999, el virus se extendió rápidamente,
primero hacia las zonas fronterizas con Canadá y
México (Komar, 2003), y poco después hacia el sur
en la cuenca del Caribe y América Latina.
Posteriormente, continúa la evidencia de
circulación del virus en las Antillas, con los
estudios realizados en Jamaica en el año 2002, en
los que se registraron 18 aves residentes
seropositivas (Dupuis et al., 2003). Hasta la fecha,
en América el arbovirus solo ha representado un
Alarcón-Elbal et al.
The Biologist (Lima). Vol. 15, Nº1, jan - jun 2017
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problema grave en EE.UU., donde durante 2015 y
por cuarto año consecutivo se han notificado más
de 2.060 casos humanos, incluyendo 119 muertes
(CDC, 2016).
El WNV presenta dos ciclos de transmisión. Existe
un ciclo enzoótico primario o ciclo de
amplificación que involucra a mosquitos
ornitofílicos, principalmente del género Culex
aunque también de los géneros Aedes, Anopheles o
Mansonia, y a aves que representan los
hospedadores vertebrados (Gould & Fikrig, 2004).
Las aves presentan viremia por un tiempo
prolongado tras la picadura del mosquito, que en
general es asintomática, aunque algunos brotes se
han caracterizado por una elevada mortalidad entre
ciertas especies, sobre todo Passeriformes. Tras la
infección desarrollan inmunidad de por vida
(Hernández et al., 2009). En cuanto al hospedador
invertebrado, la especie cosmopolita Culex pipiens
Linnaeus, 1758 podría actuar como importante
vector puente diseminando la infección a équidos y
personas, entre otros vertebrados, a partir de aves
infectadas y debido a sus hábitos alimenticios
oportunistas (Kulasekera et al., 2001). El ciclo
secundario involucra a diferentes vectores
culícidos y a mamíferos, principalmente el caballo
y el ser humano, en los que la viremia es
insuficiente para contribuir al ciclo biológico,
actuando como fondo de saco epidemiológico u
hospedadores accidentales. La infección en
caballos y otros équidos domésticos presenta un
rango que abarca desde los casos asintomáticos
hasta las encefalitis fatales.
La mayoría de las infecciones causadas por el
WNV en humanos son asintomáticas. Sin embargo,
alrededor del 20% de los infectados desarrollan la
enfermedad. La fiebre por WNV es relativamente
leve, similar a la gripe y clínicamente caracterizada
por cefalea, dolor de garganta, malestar general,
debilidad muscular, linfadenopatía, useas,
anorexia, dolor abdominal, diarrea y vómitos, las
cuales aparecen después de un periodo de
incubación de 3 a 6 días. En ocasiones se desarrolla
una lesión eritematosa, macular no prurítica, en el
cuello, tronco, brazos o piernas. En los casos más
graves, aproximadamente el 1% de los pacientes,
puede presentar la enfermedad neuroinvasiva con
complicaciones como encefalitis, meningitis
aséptica o meningoencefalitis que se manifiestan
por alteraciones de la conciencia, somnolencia,
temblores, alteración en los reflejos, convulsiones,
parálisis flácida o coma (Marfin & Gubler, 2001).
El índice de letalidad global de la enfermedad
neuroinvasiva es de aproximadamente el 10% y el
riesgo de muerte es mucho más frecuente en
pacientes de edad avanzada. Existen vacunas para
la protección equina, sin embargo, no hay vacunas
en humanos y no se dispone de ningún tratamiento
específico contra el WNV más que la terapia de
mantenimiento.
Curiosamente, se han registrado muy pocos casos
clínicos o muertes en Latinoamérica debida a esta
arbovirosis, lo cual podría guardar relación con la
inmunidad protectora por reacción cruzada a los
Flavivirus, la aparición de cepas con una virulencia
disminuida o una mayor laxitud en la vigilancia,
entre otras. Además, en zonas donde el dengue es
endémico, algunas infecciones pueden ser
erróneamente diagnosticadas (Komar & Clark,
2006). En la República Dominicana se detectó por
primera vez el virus en 2002, en 5 aves residentes
del Parque Nacional Los Haitises, ubicado al
noreste del país (Komar et al., 2003). Un estudio
complementario llevado a cabo en 2003, resultó en
otras 12 aves seropositivas al WNV en el Parque
Nacional Monte Cristi, al noroeste del país en la
frontera con Haití. Aunque también se capturaron
culícidos, no se detectó el virus en éstos (Komar et
al., 2005). Estos casos positivos podrían explicarse
por la migración de aves virémicas desde América
del Norte, donde el virus se encontraba en plena
expansión.
Fiebre Zika. El virus fue descubierto en 1947 por
unos científicos que investigaban la fiebre amarilla
a las orillas del lago Victoria, en la ciudad de
Entebbe, Uganda. Un macaco Rhesus centinela
enjaulado en la selva Zika desarrolló fiebre y
murió, pero sus tejidos fueron filtrados e
inoculados en cerebros de ratón, desde donde fue
aislado el agente al que se denominó “Zika virus”
(ZIKV), haciendo referencia a dicha localización
africana (Dick et al., 1952a).
El virus fue aislado por segunda vez del culícido
Aedes africanus Theobald, 1901 en el mismo lugar,
poco después (Dick et al., 1952a) y posteriormente
se constató su presencia en humanos a través de
estudios serológicos en 1952 (Dick et al., 1952b).
Sin embargo, no sería hasta 1968 cuando se logró
aislar el virus a partir de muestras humanas en
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The Biologist (Lima). Vol. 15, Nº1, jan - jun 2017
202
Nigeria (Fagbami, 1979). Desde entonces, se han
realizado aislamientos esporádicos del ZIKV en
seres humanos y en una gran variedad de especies
de mosquitos, con estudios de seroprevalencia
humana y animal que confirman una amplia
distribución en África tropical, el Sudeste Asiático
y las Islas del Pacífico (Haddow, 2012). Es en
febrero de 2014 cuando las autoridades de Salud
Pública de Chile confirmaron el primer caso de
transmisión autóctona de infección por el ZIKV en
las Américas, concretamente en la Isla de Pascua
(Roth et al., 2014). Un año después, en febrero de
2015, comenzaron a reportarse casos de
infecciones de ZIKV en Latinoamérica,
comenzando por Brasil (Zanluca et al., 2015).
El virus tiene un ciclo enzoótico donde el
hospedador principal son los primates no humanos
y su vector los mosquitos selváticos del género
Aedes, más concretamente de los subgéneros
Aedimorphus, Diceromyia y Stegomyia (Haddow
et al., 1964; Grard et al., 2014). Sin embargo, la
expansión de los brotes urbanos en áreas en
ausencia de monos avala el papel de los seres
humanos como hospedadores primarios y
amplificadores del virus (Duffy et al., 2009),
siendo en estos casos las especies de vectores
implicadas los domésticos Ae. aegypti y Ae.
albopictus (Grard et al., 2014; Marcondes &
Ximenes, 2015). Genética y filogenéticamente el
ZIKV se relaciona al virus Spondweni, y se han
podido aislar dos linajes uno africano y otro
asiático/americano (Kuno et al., 1998; Haddow et
al., 2012; Alera et al., 2015). Durante periodos de
brote los humanos son los hospedadores primarios,
tanto en los ciclos urbanos como selváticos (Grard
et al., 2014; Berthet et al., 2014). Mientras que se
han notificado casos de transmisión entre humanos
sin la mediación de vector alguno, concretamente
por vía sexual (Gornet et al., 2016), perinatal
(Besnard et al., 2013), y transfusiones sanguíneas
(Musso et al., 2014).
El periodo de incubación de la infección oscila de 3
a 12 días y la duración de la sintomatología entre 2 a
7 días (Ioos et al., 2014). Las infecciones
asintomáticas son frecuentes y se estima que tan
solo el 25% de los infectados desarrolla clínica,
aunque sin complicaciones graves y con una baja
proporción de hospitalización (Heang et al., 2012).
Entre los síntomas, aparecen algunos inespecíficos
como fiebre, mialgia, cansancio y dolor de cabeza.
Puede manifestarse exantema maculo-papular, que
se extiende frecuentemente desde la cara al resto
del cuerpo, artritis o artralgia pasajera con
inflamación de articulaciones, principalmente en
las articulaciones pequeñas e hiperemia
conjuntival o conjuntivitis bilateral (MSSSI,
2015). Durante el brote ocurrido en la Polinesia
Francesa y su extensión a Nueva Caledonia se
observó por primera vez un incremento de
complicaciones asociadas a dicha enfermedad, en
concreto complicaciones neurológicas que podrían
estar relacionadas con la infección (Oehler et al.,
2014). También se ha relacionado con la aparición
de malformaciones neurológicas en recién nacidos.
De hecho, el Ministerio de Salud de Brasil notificó
un aumento inusual de la incidencia de
microcefalia en recién nacidos en varios estados
del noreste del país en los que también detectó
circulación del virus. Durante los últimos meses, ya
han sido varios los trabajos científicos que
demuestran la relación causal entre el ZIKV y
varias anomalías, como es el caso de microcefalia
en bebes (Wang & Ling, 2016) y posiblemente
neuropatías como el síndrome de Guillain-Barré en
adultos (Barcellos et al., 2016). Para los casos que
no revisten peligrosidad, el tratamiento
sintomático actual consiste en paracetamol para la
fiebre y el dolor y antihistamínicos para las
erupciones. No existe vacuna disponible
actualmente para combatir la enfermedad.
Desde 2015 y hasta finales de 2016, 47
países/territorios de las Américas han confirmado
casos autóctonos por transmisión vectorial del
ZIKV (PAHO/WHO, 2016c) y cinco países
notificaron casos de Zika transmitidos
sexualmente. El primer caso autóctono de ZIKV en
la población dominicana fue informado por el
Ministerio de Salud de la República Dominicana en
enero de 2016 en los municipios de Santo Domingo
del Norte, Jimani-Independencia y Santa Cruz
Barahona (PAHO/WHO, 2016c, Figura 4). Hasta
la fecha, un total de 17 muertes se han registrado en
el país como consecuencia de las complicaciones
causadas por el síndrome Guillain-Barré. A
septiembre de 2016, de los 923 casos sospechosos
de infección por el ZIKV en mujeres gestantes, 259
han sido confirmados con técnicas moleculares
(PAHO/WHO, 2016c).
Alarcón-Elbal et al.
The Biologist (Lima). Vol. 15, Nº1, jan - jun 2017
203
CONOCIMIENTOS PREVIOS SOBRE LOS
CULÍCIDOS
Los primeros datos faunísticos obtenidos para el
territorio dominicano se remontan a unas colectas
realizadas puntualmente durante los meses de
agosto y septiembre de 1905, plasmadas con
posterioridad por Howard et al. (1915, 1917). Casi
medio siglo después, Belkin & Heinemann (1972)
compilan esta información, junto con otros escasos
reportes anotados en el país, en un listado bien
detallado sobre los mosquitos de la Isla de La
Española, donde por consiguiente se incorporan
también las especies presentes hasta la fecha en el
vecino Haití.
Algunos trabajos publicados durante las últimas
décadas han aportado nuevos datos sobre la
culicidofauna de la República Dominicana: Peña &
Zaglul (1986) realizan un estudio faunístico sobre
los mosquitos de Santo Domingo, reportando 26
especies; Mekuria et al. (1990) profundizan sobre
las características bionómicas de los Anopheles de
Dajabón, provincia situada al noroeste del país;
Perich et al. (1990) estudian la eficacia del
malatión contra las poblaciones de Ae. aegypti de la
capital; Tidwell et al. (1990) estudian el
comportamiento de Ae. aegypti en dicha ciudad;
Mekuria et al. (1991a, 1991b) ahondan sobre la
susceptibilidad de Ae. aegypti a insecticidas como
el DDT, malatión, propoxur, permetrina y
deltametrina y el potencial malariogénico de los
Anopheles de Dajabón, respectivamente; y Peña
(1993) publica el primer registro de la especie
invasora Ae. albopictus en el país, que a su vez
también constituye es el primer reporte de este
culícido en el Caribe.
Según el listado de Perez-Gelabert (2008), en La
Española se han reportado 48 especies de culícidos,
además de algunos individuos de clasificación
dudosa y un pequo número de especies
conservadas en ámbar. Sin embargo, estudios sobre
la distribución geográfica de los vectores, patrones
de abundancia, competencia vectorial y tasas de
infección siguen siendo escasos o muchos de ellos
son antiguos. Apenas se han estudiado las
dinámicas poblacionales de Ae. albopictus y otras
especies en la ciudad de Santo Domingo (Peña et
al., 2003) y poco se ha profundizado sobre la
biodiversidad de este grupo de artrópodos, más allá
de algunos reportes puntuales como el aportado por
Peña & Chadee (2004), quienes reportan dos
nuevos géneros y tres nuevas especies para el país
en un estudio realizado en Santo Domingo.
Tambn se han realizado algunos estudios
aplicados, como el de Albaine Pons et al. (2002),
que investigan el efecto ovicida de cloro comercial
sobre huevos Ae. aegypti. También Peña et al.
(2004), un par de años más tarde, presentan un
método novedoso para monitorear las poblaciones
de Ae. albopictus en el campo, basado en la
reutilización de neumáticos de bicicleta
desechados.
A pesar de todos estos trabajos, todos ellos
realizados a principios del nuevo siglo, el territorio
dominicano continúa estando a nivel de
conocimientos algo distanciado de otros países del
Caribe, como Cuba, Puerto Rico e incluso Haití. En
esta última, en cambio, se han llevado a cabo
diversos y valiosos estudios bionómicos centrados
en los culícidos durante el último lustro (Marquetti
et al. 2011a, 2011b, 2011c; Marquetti-Fernández et
al. 2012, 2013).
BIOLOGÍA DE LOS PRINCIPALES
VECTORES DE ARBOVIROSIS
En la República Dominicana están presentes dos de
las especies de mosquitos de mayor relevancia en
cuanto a la transmisión de arbovirus a nivel
mundial. De origen africano, Ae. aegypti es
considerado como el principal vector en la
transmisión de dengue, Zika y fiebre amarilla,
aunque también vehiculiza otras como la fiebre de
chikungunya y varios tipos de encefalitis (Rey &
Lounibos, 2015). Esta especie convivía en un
ambiente peridoméstico en las aguas almacenadas
de las aldeas africanas, pero se adaptó a los
humanos y el tráfico de esclavos que tuvo lugar
durante los siglos XVII, XVIII y XIX, lo que
contribuyó a su diseminación por todo el mundo
por vía marítima, cuando se llevaron a cabo las
primeras exploraciones y colonizaciones europeas,
muy posiblemente en los barriles de agua que
transportaban los primeros galeones españoles,
adaptándose muy bien al ambiente urbano
(Monath, 1994; Miralles, 2001).
En segundo lugar, la introducción de Ae. albopictus
es un fenómeno reciente en el tiempo, que tuvo
lugar hace poco más de dos décadas con los
primeros reportes en el sudoeste de Santo Domingo
Arboviral diseases spread by mosquitoes
The Biologist (Lima). Vol. 15, Nº1, jan - jun 2017
204
(Peña, 1993), probablemente a partir de
cargamentos de neumáticos usados procedentes de
EE.UU. (Peña et al., 2003). Esta especie puede
infectarse naturalmente o en el laboratorio con
numerosos arbovirus y ha sido señalado como
posible candidato en la transmisión del dengue en
países como Brasil (de Figueiredo et al., 2010) y
México (Ibáñez-Bernal et al., 1997). También se ha
demostrado como un vector competente del
CHIKV (Vazeille et al., 2007).
A nivel mundial, Ae. aegypti y Ae. albopictus son
consideradas especies invasoras, siendo ambas las
más importantes en lo que se refiere a la
transmisión de enfermedades. Los mecanismos
asociados a sus patrones de abundancia y
desplazamiento son diferentes en cada una de ellas.
Diversos factores han sido atribuidos para explicar
estas diferencias, como son la competencia de
recursos, interferencia reproductiva, la capacidad
para soportar la inanición, competencia a parásitos
y la inhibición causada por las larvas en el
desarrollo de los huevos, pueden tener
trascendencia sobre la transmisión de
enfermedades en América, ya que la importancia
de ambas especies como vectores varía
ampliamente, dependiendo de las circunstancias
ecológicas, geográficas, ambientales y
epidemiológicas. Por ejemplo, para evitar la
competencia, segregan los hábitats, así Ae. aegypti
predomina en áreas urbanas mientras que Ae.
albopictus es más común en áreas rurales, sin
embargo, las dos especies coexisten en áreas
periurbanas (Rey & Lounibos, 2015). Los climas
cálidos y secos favorecen a Ae. aegypti, debido a
que los huevos de Ae. albopictus son más
vulnerables a condiciones de sequía que los de Ae.
aegypti (Lounibus et al., 2010). Además, las dos
especies difieren en su capacidad para transmitir
diferentes enfermedades. Por ejemplo, varios
estudios de laboratorio demuestran que la tasa de
infección con el virus del dengue es mayor en Ae.
albopictus que en Ae. aegypti, pero la diseminación
del virus es mayor en la segunda que en la primera
especie (Alto et al., 2008). La estacionalidad y la
acumulación de precipitaciones en un área pueden
influenciar fuertemente en la disponibilidad de
sitios de cría para estas dos especies de mosquitos y
otras especies que tienen fases acuáticas inmaduras
(García et al., 2012). Estas especies, de origen
arborícola y elevada competencia vectorial, han
desarrollado la habilidad de colonizar una amplia
variedad de recipientes en su acomodación al
medio urbano, fundamentalmente colecciones de
agua de pequeño tamaño y de muy diversa
tipología, gracias a su plasticidad biológica.
Ambos aedinos además muestran una antropofilia
marcada, sobre todo Ae. aegypti, y una limitada
capacidad de vuelo que les han llevado a ser
insectos ligados eminentemente al entorno
dostico, en donde encuentran numerosos
recursos renovables en forma de reservorios
hídricos de índole heterogénea, además de un
amplio a b a n i c o de h o s p e d a d o r e s no
necesariamente humanos sobre los que poder
alimentarse puntualmente (Rey & Lounibos,
2015).
PRINCIPALES ACCIONES DE CONTROL
Infelizmente, en la República Dominicana, al igual
que en otros muchos países, no existe un plan
estratégico estandarizado de acción frente a
mosquitos. Los planes de contingencia incluyen la
capacitación de los equipos de salud, tener la
medicación adecuada para asistir a los pacientes y
listos los sistemas de traslado para internación,
incluyendo la preparación de zonas de aislamiento
para evitar el contacto con el afectado. Como
consecuencia de los diversos escenarios
epidemiológicos ocurridos principalmente durante
2014-2016 (elevados índices de dengue, el brote de
chikungunya y la reciente llegada del ZIKV), las
r e s p u e s t a s de a c ci ó n h a n me j o r a d o
s u b s t a n c i a l m e n t e . L a s i n s t i t u c i o n e s
gubernamentales decidieron implementar jornadas
nacionales de concienciación enfocadas a la
población para que la ciudadanía participe y se
integre en las labores de eliminación de criaderos
del mosquito Ae. aegypti. En este sentido, con
motivo de los brotes ocurridos en los últimos años
en el país, las instituciones públicas se han
movilizado en un plan de eliminación de criaderos,
con especial énfasis en barrios y zonas marginales
donde se tiene constancia de que existen lugares
favorables para la proliferación del vector. Estas
jornadas de sensibilización fueron apoyadas por
personal cualificado y en ellas se visitaron
viviendas, se eliminaron criaderos, se repartieron
panfletos informativos y otros materiales
educativos. La alarma causada por el virus Zika
incentivó la organización de foros comunitarios
para difundir información sobre las características
de la epidemia y las acciones de prevención en los
Alarcón-Elbal et al.
The Biologist (Lima). Vol. 15, Nº1, jan - jun 2017
205
cuales participaron, entre otros, líderes
comunitarios y representantes de las iglesias, de
escuelas y de los gobiernos locales. A este respecto,
destacar que la República Dominicana fue el
primer país de las Américas en lanzar una guía de
manejo clínico en pacientes con chikungunya.
Por cuestiones de efectividad y especificidad, las
campañas de control poblacional que se han
llevado a cabo durante los últimos años han sido
focalizadas contra los estados adultos de los
mosquitos, por tanto, el combate con fumigaciones
de adulticidas. Aunque una fumigación en
profundidad tiene un efecto instantáneo de derribo
de mosquitos adultos, su efecto residual depende
de diversos factores, y normalmente no es duradero
en el tiempo. La escasez de conocimientos básicos
sobre la bioecología del insecto en el ambiente
urbano ha derivado en el fracaso de múltiples
campañas destinadas a su control, dada la
variabilidad conductual de la especie incluso a
cortas distancias, por lo que las acciones de
sensibilización poblacional y las medidas de
información, educación y promoción de la salud
son elementos clave en la prevención. Sin
embargo, ya a principios del presente siglo se
sugiere para la República Dominicana el
establecimiento de un plan nacional de vigilancia,
prevención y manejo de la resistencia, mediante la
promoción de un uso más consciente y racional de
los insecticidas, como resultado de un estudio que
evidenció la tolerancia de varias cepas
dominicanas de Ae. aegypti a productos como
malatión, propoxur y DDT, entre otros (Solís,
2000). Las medidas químicas deben entenderse
como un componente complementario dentro del
denominado “manejo integrado o “control
integrado”; estrategia que incluye una variedad de
métodos (físicos, mecánicos, químicos, biológicos,
genéticos, legales y culturales) que aplicados
sinérgicamente son más efectivos, sostenibles y
respetuosos con el medio.
LA IMPORTANCIA DE UNA SOCIEDAD
INVOLUCRADA EN LA LUCHA ANTI-
VECTORIAL
La lucha contra la vector pasa inevitablemente por
la reducción de sus criaderos y el reordenamiento
ambiental, y para ello es imprescindible incorporar
la participación comunitaria o ciudadana como eje
principal. Ello requiere del establecimiento de un
sistema de vigilancia y control integrado anti-
Aedes/enfermedad, que permita explicar la forma
en que se produce el desequilibrio del entorno en el
que habita el ser humano y entender cómo el
mosquito logra su notable dispersión en dicho
contexto. Por tanto, en cualquier país la
participación comunitaria es decisiva, necesaria e
impostergable (Diéguez et al., 2013). Es
importante recalcar que la efectividad en las
acciones dirigidas a la prevención de estas
enfermedades a nivel comunitario depende del
desarrollo de acciones dentro y en los alrededores
de cada casa, dirigidas a evitar la disponibilidad de
sitios de cría para el vector, hecho que puede
lograrse con recursos al alcance de todas las
familias, y que deben formar parte de la confección
de programas encaminados a modificar la conducta
de las personas respecto al vector. Las estrategias
para movilizar a todos los niveles de la sociedad
son esenciales, por lo que eventos como las
jornadas nacionales de prevención contra Zika,
dengue y chikungunya realizadas recientemente en
el país, contribuyen a crear marcos sólidos a este
respecto. Es necesario incidir en la promoción del
trabajo colectivo y el desarrollo de redes de apoyo,
con tal de alcanzar una acción transformadora en
los miembros de la comunidad y lograr un mayor
compromiso social (Sánchez et al., 2008).
Para conseguir este objetivo, la población necesita
un entorno favorable que le permita interiorizar y
llevar a cabo el urgente cambio conductual, por lo
que promover dichas pautas pasa por proporcionar
una legislación más eficaz, mejores técnicas de
construcción, servicios más adecuados y mejores
políticas sociales, considerando éstas como
medidas fundamentales para mejorar la calidad de
vida de la población y no solo para controlar
endemias. En Europa, por ejemplo, cada vez está
cobrando más importancia la llegada de especies
invasoras de mosquitos a varias regiones, lo cual ha
desencadenado la búsqueda de nuevas estrategias
que permitan seguir y controlar a estos vectores y
por consiguiente evitar la colonización y
establecimiento en los nuevos territorios. Los
europeos, conscientes de que el número de
investigadores es limitado y que la inmensidad del
territorio es infinito, inaccesible y costoso
económicamente, han motivado incentivar a la
población para hacerla partícipe de forma pasiva en
la realización de estudios de investigación. No solo
involucrar a la población en la ayuda y
Arboviral diseases spread by mosquitoes
The Biologist (Lima). Vol. 15, Nº1, jan - jun 2017
206
participación voluntaria de la divulgación, sino en
la recogida de datos pasivos. Esto ha permitido
conocer nuevas especies, nuevas poblaciones,
nuevos aspectos de la biología, nuevas áreas de
distribución y patrones de actividad temporal de
especies de mosquitos tanto nativas como
invasoras. Este tipo de investigaciones, conocidas
como “ciencia ciudadana”, abren vías nuevas para
la investigación, demostrando que los enfoques
pasivos son potentes herramientas para estudiar la
fauna de mosquitos, representando estrategias de
vigilancia de gran interés para los entomólogos
(Kampen et al., 2015).
FACTORES VINCULANTES A LA
EXPANSIÓN VECTORIAL
Inversión monetaria. Según la Comisión
Económica para América Latina y el Caribe
(CEPAL), el 20% de la población dominicana vive
en situación de pobreza extrema, hecho que debe
ser tenido en cuenta ya que existen muchos
escenarios vinculados con la inequidad que
favorecen la difusión de las arbovirosis (Hotez et
al., 2008). El mantenimiento de las poblaciones de
Ae. aegypti están a menudo más fuertemente
ligadas a factores de origen antrópico que a factores
medioambientales, de ahí que las medidas
higiénicas a nivel de comunidad en cuanto a
reducción y eliminación de desechos, hermeticidad
de receptáculos y desecación sean esenciales para
su control (Diéguez et al., 2014). El presupuesto
que normalmente el Gobierno destina a los
servicios básicos de salud, suele ser insuficiente o
en otros casos es gastado en otros servicios,
incumpliendo con los presupuestos programados.
Esta reducción presupuestaria, normalmente afecta
verticalmente a varios sectores al mismo tiempo,
con el consiguiente fracaso en el control de las
afecciones. Por ejemplo, la falta de un número
apropiado de personal de vigilancia sanitaria,
resulta en una inadecuada eliminación de criaderos
de mosquitos, lo cual directamente resultará en un
mayor número de mosquitos, probablemente más
brotes y por tanto un incremento de pacientes
enfermos, y estos a su vez sobrecargarán el
personal y espacio existente en el servicio
hospitalario.
Infraestructuras. Las deficiencias en el
abastecimiento de agua potable, cuyo suministro
en la República Dominicana continúa siendo una
de las principales demandas insatisfechas de la
población, junto con la recolección de residuos o el
crecimiento urbanístico rápido y desordenado, son
algunos de los principales problemas. Además, al
enfermar las personas con pocos recursos
económicos pocas veces tienen la capacidad de
recibir tratamiento adecuado, ya que las pruebas
diagnósticas generalmente se realizan en las
grandes ciudades y en muchas ocasiones esto
puede representar un gasto incosteable (Reyes-
Novelo et al., 2011). Otros de los motivos, sujetos a
debate, es la escasa capacidad del sistema sanitario
para albergar pacientes críticos y la escasez de
recursos humanos. La mezcla de prevención y
atención de calidad son claves para prevenir o
reducir tanto los brotes epidémicos como la
mortalidad que estos generan.
Indicadores demográficos. El país cuenta además
con una tasa de desempleo próxima al 15% y un
índice de analfabetismo que ronda el 10%, factores
que asimismo influyen negativamente sobre la
prevención y el control de estas enfermedades,
como apuntó Kouri et al. (2007). De alguna
manera, educar a la población mediante un
lenguaje accesible y sencillo es una tarea
imprescindible. Durante el brote de chikungunya
en el año 2014, la población llegó a pensar que la
enfermedad era “algo que estaba en el aire”
(Pimentel et al., 2014), y en consecuencia ello
acarreó el pánico entre los ciudadanos. El intenso
eco que tuvo la epidemia en los medios de
comunicación fue notable y obligó al Ministerio de
Salud Pública, a todos los sectores del Estado, a la
sociedad civil y a los organizamos internacionales
a diseñar una respuesta coordinada. Los falsos
rumores generados por la población sobre el origen
y la transmisión de la enfermedad, que fueron
amplificados por los medios de comunicación,
entorpecieron la respuesta de la comunidad, que
promovía como principal acción preventiva la
eliminación de criaderos de mosquitos (Moya et
al., 2014).
Turismo. En cuanto al turismo, el sector
contribuye cada año directamente con cerca del
20% del Producto Interno Bruto (PIB) e
indirectamente con un 60%, según el Banco
Central Dominicano. Teniendo en cuenta la gran
importancia del turismo para la economía de la
República Dominicana, una epidemia con grave
incidencia podría suponer un golpe económico de
Alarcón-Elbal et al.
The Biologist (Lima). Vol. 15, Nº1, jan - jun 2017
207
enormes proporciones, ya que un brote epidémico
descontrolado puede disuadir a los viajeros de
elegir el país como destino vacacional. De hecho,
una situación similar ocurrió en 2004 cuando se
reportaron 2354 casos de paludismo, con una
incidencia de 27,5 por 100.000 habitantes, cuya
presentación de casos en turistas ocasionó en aquel
entonces pérdidas estimadas en US$ 90 mill en el
sector hotelero (OPS/OMS, 2015b). Este
precedente, así como otros muchos internacionales
de similares características invitan a no subestimar
el potencial dañino de estas epidemias sobre la
economía del turismo.
Arboviral diseases spread by mosquitoes
Figura 1. Casos reportados de dengue y ebre hemorrágica en las Américas (1980-2016) (PAHO/OMS 2016a).
Figura 2. Casos sospechosos de dengue por semana epidemiológica en República Dominicana (2015-2016) (PAHO/WHO
2016a).
The Biologist (Lima). Vol. 15, Nº1, jan - jun 2017
208
Alarcón-Elbal et al.
Figura 3. Número de casos del virus chikungunya a lo largo de 2014, del 18 de febrero al 22 de septiembre de 2014, en la
República Dominicana (Dirección General de Epidemiología, Ministerio de Salud Pública, República Dominicana).
Figura 4. Casos sospechosos (gris claro) y conrmados (gris oscuro) del virus Zika en la República Dominicana desde nales de
2015 a la semana 32 de 2016 (PAHO/WHO 2016c).
The Biologist (Lima). Vol. 15, Nº1, jan - jun 2017
209
Arboviral diseases spread by mosquitoes
Tabla 1. Información relativa de los principales arbovirosis en la República Dominicana.
ENFERMEDAD
CLASIFICACIÓN
TAXONÓMICA ORIGEN
HOSPEDADOR
VERTEBRADO
DISTRIBUCIÓN
GEOGRÁFICA
GLOBAL
VECTORES
Fiebre amarilla
Flavivirus
(35-45 nm
diámetro)
África central y
oriental
Humanos y
primates
África y América
(Caribe y
Sudamérica)
Ae. aegypti
principalmente; Otros:
Aedes
spp.,
Haemogogus
spp.
Dengue
Flavivirus
(35 nm)
África /Asia
(según autores)
Humanos y
primates
Mundial (trópicos),
com mayor
incidencia en
América central y
latina y sur de Asia
Ae. aegypti
principalmente y en
menor medida
A.
albopictus
Chikungunya Alphavirus
(50 nm)
África (Tanzania)
Humanos y
primates
África, Asia y
Australia
Ae. aegypti
principalmente y en
menor medida
A.
albopictus
Virus de Nilo O Flavivirus
(50 nm)
África (Uganda)
Aves
América, Europa,
África, Asia,
Indonesia y
Australia
Culex
spps.
principalmente y otros
(Anopheles,
Coquillettidia, Aedes,
Ochlerotatus)
Fiebre Zika
Flavivirus
(40 nm)
África (Uganda)
Humanos y
primates
Transmisión activa
en América central
y latina, islas del
pacíco y Cabo
Verde
Aedes aegypti
principalmente y
posiblemente
Ae.
albopictus.
El virus se ha
aislado en otras especies
de
Aedes.
The Biologist (Lima). Vol. 15, Nº1, jan - jun 2017
210
Alarcón-Elbal et al.
Tabla 2. Principales características clínicas de las arbovirosis más relevantes en la República Dominicana.
ENFERME
DAD
SEROTIPOS
EXISTENTES
VIÁS DE
TRANSMISIÓN
IMPORTANCIA
*
FA
1647, pero
probablemente
antes de la
colonización
europea
1954
Estimaciones de
130.000 casos
anuales (44.000
muertes)
Hasta ahora:
ninguno
1 serotipo
(imunidad de por
vida tras padecer la
enfermadad)
i) picadura
mayoritariamente
D 1779-1780
Caribe (nales
siglo XVII)
Estimaciones de
entre 50-100
millones anualmente
(25.000 muertes
anuales)
2012-2015:
49.293 casos
sospechosos (247
muertes)
4 serotipos (DEN-
1, DEN-2, DEN-3,
DEN-4). Inmunidad
serotipo-especíca
i) picadura
ii) transfusión
sanguínea, solo 5
casos conmados
C 1952 2014
195.809 casos
sospechosos en las
Américas y 108
muertes conrmadas
(acumulado en
2016, hasta el dia
30 de septiembre)
2014-2016:
541.468 posibles
casos y 6 muertes
conrmadas
1 serotipo (3
genotipos)
i) picadura ii)
transfusión sanguinea
y iii) tranmisión
materna
en algunos casos
NO 1937
2002
956 conrmados y
probables casos en
Estados Unidos y 31
muertes (acumulado
en 2016, hasta el
27 de septiembre)
Hasta ahora:
ninguno
1 serotipo (dos
linajes genéticos
caraterísticos)
i) picadura ii)
transfusión sanguinea
muy raramente
Z
1968
2015
Se estima que de 2 a
5 millones de casas en el
mundo desde su 1º
brote en 2015
3.700 casos
sospechosos y 17
muertes (periodo
hasta el 24 de
junio de 2016)
1 serotipo (3
linajes virales
diferenciados)
i) picadura, ii)
transfusión
sanguinea, iii) vía
sexual, iv)
tranmisión materna-
fetal
Baja
Alta
Media
Baja
Media
PRIMEROS REPORTES
(MUNDIAL RD)
Nª CASOS Y MORTALIDAD
(MUNDIAL RD)
Enfermedad: FA = Fiebre Amarilla; D = Dengue, C = Chiqungunya, NO = Virus Nilo Occidental and Z = Zika (*): Criterio establecido de la
siguiente manera (++++) muy alto o severo y (+) leve o inaparente. (**): Los autores han establecido el grado de gravedad clínica de acuerdo a su
criterio personal.
The Biologist (Lima). Vol. 15, Nº1, jan - jun 2017
211
Arboviral diseases spread by mosquitoes
ENFERME
DAD
FORMAS/
FASES DE LA
ENFERMEDAD
SINTOMAS *POSIBLES COMPLICACIONES TRATAMIENTO VACUNA GRAVEDAD
CLINICA **
FA
i) leve (aguda), ii)
grave (tóxica)
Síndrome gripal, ebre, dolor
muscular, congestión nasal,
dolor de cabeza, sensación de
nauseas y vómitos
La etapa nal o tóxica se presenta con
complicaciones que abarcan hemorragias,
convulsiones, fallo renal, delirio y coma
Sintomático; paliativos
y sostén: ebre,
hidratación y reposo
Sí, desde 1930
(vacuna 17D)
Moderado
D
i) dengue, ii)
dengue grave
Fiebre ++++, Artragia +++, rash
cutáneo ++, sin conjuntivitis ni
hepatomegalia, dolor retro-
orbital ++, posibles
hemorragias
El denominado dengue hemorrágico, es
una complicación potencialmente mortal
cursando con extravasación de plasma,
acumulación de líquidos, dicultad
respiratoria, hemorragias graves y/o fallo
orgánico
Sintomático; paliativos
y sostén: ebre,
hidratación y reposo
Sí, desde nales de
2015 (tetravalente).
Otras vacunas vivas
tetravalentes
atenuadas en fase I y
II de
experimentación
Moderado
C
i) aguda febril, ii)
convalencia, iii)
crónica
Fiebre +++, Artragia ++++, rash
cutáneo ++, conjuntivitis +,
hepatomegalia +++, dolor retro-
orbital +, sin hemorragias
La fase crónica comienza a partir de los 3
meses, y aparece afección articular e
inamación prolongada, fatiga y
depresión. Complicacione neurlógicas:
Meningoencefalitis, polidariculoneuritis e
insuciencia hepática, cardiada o renal son
manifestaciones atípicas pero reportadas
Sintomático; paliativos
y sostén: antipiréticos,
analgésicos, hidratación,
reposo y buena
alimentación
No disponible
Moderado
NO
i) ebre del Nilo,
ii) afección grave
(neuroinvasora)
Síndrome gripal, ebre, cefalea,
dolor de garganta, malestar,
debilidad muscular,
linfodenopatía, nauseas,
anorexia, dolor abdominal,
diarrea, vómitos
En los casos más graves se presenta
enfermedad neuroinvasiva con
complicaicones como encefalitis,
meningitis, aséptica o meningoenfefalitis
que pueden desencadenar convulsiones,
parálisis ácida o coma
Medidas de sostén,
administración de
líquidos por vía
intravenosa, apoyo
respiratorio y
prevención de
infecciones secundarias
No disponible en
seres humanos
Leve
Z i) leve, ii) grave
(cursa con
complicaciones)
Fiebre +++, Artragia ++, rash
cutáneo +++, conjuntivitis +++,
dolor retro-orbital ++, edema
en extremidades ++, sin
hemorragias ni hepatomegalia
Complicaciones neurológicas y
autoinmunitarias. Malformaciones fetales
y transtoros neurológicos. A señalar el
gran número de casos de microcefalia en
recién nacidos y sindrome Guillain-Barré
en adultos. Se investiga casos de
meningitis, meningoencefalitisy mieditis
Sintomático; paliativos
y sostén: antipiréticos,
analgésicos, hidratación,
reposo y buena
alimentación
No disponible (se
estima que serán
necesarios 10 años
para desarrollar una
vacuna efectiva)
Moderado
Tabla 3. Información epidemiológica de los principales arbovirosis en la República Dominicana.
Enfermedad: FA = Fiebre Amarilla; D = Dengue, C = Chikungunya, NO = Virus Nilo Occidental and Z = Zika (*): Criterio establecido de la
siguiente manera (++++) muy alto o severo y (+) leve o inaparente. (**): Los autores han establecido el grado de gravedad clínica de acuerdo a su
criterio personal.
generalmente en el uso de insecticidas químicos.
Estos insecticidas, si bien resultan la medida más
factible a gran escala por parte de las autoridades
competentes, a menudo han demostrado ser
métodos insuficientes y demasiado inespecíficos.
La comunidad científica se ve en la necesidad de
priorizar cada vez más el control integrado de
vectores, con énfasis en los métodos biológicos y
en las alternativas autóctonas para cada país o
región.
ii) Múltiples factores han sido citados como
responsables en influir en mayor o menor grado en
i) La problemática ocasionada por los
arbovirus debe ser abordada desde un enfoque
holístico e integrador, pues su transmisión es
producto de la interacción multifactorial y
compleja de determinantes y causas que favorecen
la existencia de diferentes escenarios
epidemiológicos. A falta de vacunas eficientes y
accesibles contra la gran mayoría de estas
enfermedades, la medida más efectiva de
prevención es la lucha antivectorial, basadas
CONCLUSIONES
The Biologist (Lima). Vol. 15, Nº1, jan - jun 2017
212
la emergencia y reemergencia de las arbovirosis a
nivel mundial. Ciertos cambios socio-económicos
y ecológicos, como el aumento de la densidad
poblacional, la urbanización desordenada o la
deforestación, han tenido como consecuencia una
mayor exposición humana a muchas de estas
infecciones, especialmente en las zonas tropicales.
Además, otros factores como la globalización y el
c a m b i o c l i m á t i c o e s t á n i n f l u y e n d o
indiscutiblemente en la eco-epidemiología de estas
enfermedades virales. De acuerdo a los pronósticos
de cambio climático, para la región dominicana se
verían modificadas diferentes variables climáticas
(temperatura, elevación del nivel del mar, períodos
de sequía, frecuencia e intensidad de tormentas y
huracanes tropicales) que afectarían la biología y
ecoloa de los vectores, los hospedadores
intermediarios y reservorios naturales,
desencadenando un aumento de casos autóctonos y
de brotes epidémicos.
iii) La carencia de estudios rigurosos y
trabajos indexados, principalmente sobre
distribución geográfica, detección de patógenos y
potencial de los vectores presentes en el país, debe
ser enmendada durante los próximos años con el fin
de acrecentar y actualizar el conocimiento en estas
áreas. Recabar información de calidad sobre los
vectores de arbovirus sigue siendo el principal reto
ya que queda patente que la literatura sobre la
culicidofauna en la República Dominicana es
escasa, por lo que existe la necesidad de
profundizar en este campo de investigación, en un
país que además cuenta con unas condiciones
climáticas óptimas para el desarrollo de estos
artrópodos. Aunque Ae. aegypti sea, en términos
epidemiológicos, mucho más relevante que Ae.
albopictus, ambas especies deben ser abordadas en
los correspondientes programas de Salud Pública.
También es necesario resaltar la importancia de
estudios sobre circulación de los arbovirus en el
país, no solo a partir de mosquitos provenientes de
áreas semi-urbanas y rurales sino también de los
hospedadores potenciales, para predecir posibles
eventos epidémicos en poblaciones humanas.
iv) La importancia de hacer partícipe a la
ciudadanía ha sido demostrada con éxito
recientemente en varios países de Europa con la
llegada de especies de mosquitos invasores.
Involucrar al ciudadano común, muchas veces
infravalorado, ha demostrado ser una útil
herramienta en el Viejo Mundo. Instar a tomar parte
en la lucha antivectorial, es una tendencia actual
que ayudaría a cubrir grandes extensiones, reducir
la carga de personal y hacer de esta una gestión
sostenible.
v) Estas enfermedades representan una
enorme carga monetaria para los gobiernos y los
sistemas de salud como consecuencia de los gastos
de hospitalización, el absentismo laboral, la
pérdida de productividad, la afectación turística y
los programas de control y vigilancia vectorial, sin
menoscabo al desgaste de las economías
familiares, especialmente aquellas con moderados
o bajos ingresos.
vi) Aunque no abordadas en el presente
trabajo, otras enfermedades vectoriales
transmitidas por mosquitos de etiología víricas
(como el virus Mayaro) y parasitaria (como la
malaria y filariasis linfática) cobran gran
protagonismo ya que circulan de forma ocasional o
permanente en el país.
Alarcón-Elbal et al.
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Received February 6, 2017.
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