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Educación, juventud y seguridad alimentaria.
Caso: México -Perú 2025
Education, youth and food security.
Case: MéxicoPerú, 2025
Recibido: 07 de enero de 2026 | Revisado: 15 de febrero de 2026 | Aceptado: 25 de marzo de 2026
Rosalía Nalleli Pérez Estrada
1
Eulalia Jurado Falconí
2
1 Universidad Politécnica de Tlaxcala, México
2 Universidad Nacional Federico Villarreal. Lima, Perú
Correo: rosalianalleli.perez@uptlax.edu.mx
ejurado@unfv.edu.pe
https://orcid.org/0000-0002-0526-0413
https://orcid.org/0000-0002-6418-0405
https://doi.org/10.62428/rcvp2025422130
Abstract
The objective was to analyze three fundamental issues affecting young people, employment, food security, and educational programs, and
then relate them to a proposal for educational intervention. A high proportion of the youth population lacks access to quality education and
training in skills that would enable them to access employment opportunities. This situation prevents society from taking advantage of the
benefits of having a larger proportion of people of productive age; consequently, there is a growing risk that this population will face situations
of food insecurity. To ensure young people’s access to food, especially those living in poverty and vulnerability, programs are required that
recognize and value traditional knowledge. It is essential for institutions to look to the past, not to fully replicate ancient practices, but to
recover those that allowed our ancestors to maintain a closer connection with nature, feed themselves from what they cultivated, and lead
more harmonious and sustainable lives. It is necessary to educate about the importance of public policies that guarantee access to healthy
foods and to promote collaborative initiatives between schools and communities, such as community gardens, which enable students and their
families to learn, actively participate, and strengthen social ties.
Keywords: Education, youth, food security, NEETs, employment.
Resumen
El objetivo fue analizar tres problemas fundamentales en los jóvenes; el empleo, la seguridad alimentaria y los programas de estudio, para
luego relacionarlas con una propuesta de intervención educativa. Se observa un alto porcentaje de población joven que no tiene acceso a una
educación de calidad ni a formación en habilidades que le permitan acceder a oportunidades de empleo. Esta situación impide que la sociedad
aproveche los beneficios de contar con una mayor proporción de personas en edad productiva, como consecuencia, existe un riesgo creciente
de que esta población enfrente situaciones de inseguridad alimentaria. Para garantizar el acceso a los alimentos de los jóvenes, especialmente
aquellos en situación de pobreza y vulnerabilidad, se requieren programas que reconozcan y valoren los saberes tradicionales, es fundamental
que las instituciones vuelvan la mirada hacia el pasado, no para replicar por completo de las prácticas antiguas, sino para rescatar aquellas
que permitieron a nuestros antepasados mantener una conexión más estrecha con la naturaleza, alimentarse de lo que cultivaban y llevar una
vida más armoniosa y sostenible. Es necesario educar sobre la importancia de las políticas públicas que garanticen el acceso a alimentos
saludables, promover iniciativas de colaboración entre escuelas y comunidades, como los huertos comunitarios, que permitan a los estudiantes
y sus familias aprender, participar activamente y fortalecer los lazos sociales.
Palabras clave: Educación, juventud, seguridad alimentaria, NINIS, empleo.
Este artículo es de acceso abierto distribuido bajo los terminos y condicionesde la
licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0 International
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Introducción
La población mundial aumenta a una tasa con tendencia decreciente, pero en términos absolutos somos cada
día más personas y con ello las necesidades de alimentación, vivienda, educación y empleo en términos de cantidad
y calidad también aumentan. Sin embargo, la disponibilidad de recursos, alimentos y medios para satisfacerlos
no aumenta al mismo ritmo, por el contrario, está aumentando el riesgo de no ser suficiente para satisfacer la
demanda creciente, así mismo, la oferta de los medios para satisfacer estas necesidades está influenciada por factores
económicos, políticos, tecnológicos, entre otros.
Así mismo la presión de la población sobre los recursos es más marcada y con mayor impacto en áreas
con mayor población como, por ejemplo, los países asiáticos como Bangladesh, India y Pakistán. China tiene una
población más grande, pero con políticas públicas vinculadas al control de la natalidad y a la seguridad alimentaria.
Por otro lado, se observa cambios muy importantes en la distribución geográfica de la población con
impactos en la producción de los alimentos, como la migración de las áreas rurales a las ciudades. Los residentes en
las ciudades en general son consumidores, no productores de alimentos; a medida que se hacen más numerosos en
relación con los habitantes rurales, la carga de producción de alimentos sobre la población del área rural se vuelve
mayor. En 1900 había solamente 4 ciudades en el mundo con más de 2 millones de habitantes; ahora hay más de
100 ciudades de estas características, al igual que un número de megalópolis con más de 10 millones de habitantes
(Latham, 2002).
Sumando a esta situación esta los estilos de vida que se resume en la frase ‘usar y tirar’ que caracteriza a la
nueva sociedad de fines del siglo XX y del siglo XXI , la sociedad del consumo que esta sostenida por una producción
incesante de bienes y servicios, que están agotando los recursos y poniendo en riesgos la seguridad alimentaria por
ejemplo, se produce ropa, se usa y se tira, se produce comida instantánea en abundancia, con cantidad de sobras
que acaban en el contenedor de basura, muebles de usar y tirar… hasta las parejas sentimentales son afectadas
por el usar y tirar; Bauman (2003) manifiesta que la vieja costumbre de parejas bastante estables está dando paso a
numerosas y sucesivas parejas de duración efímera y escaso compromiso. Esta sociedad de consumo estratificada
ejerce presión por cumplir con ciertos estándares o modas dentro de su grupo de amigos, o entorno social, puede
llevarlos a consumir productos específicos para sentirse aceptados. Los consumidores ideales del mercado siguen
la lógica de nacimientos y muertes de estilos de vida esencialmente comerciales. Lo anterior permite comprender
por qué ciertas modas urbanas que aparecen en el espacio social son tan efímeras, pero que al final es consumo de
recursos limitados (Sequeiros, 2025).
No más trabajos para toda la vida, esta filosofía basada en la búsqueda de nuevas experiencias y ser
ciudadano de mundo también se ve reflejada en el ámbito laboral dentro de la sociedad líquida. Nuestros abuelos y
padres entraron a trabajar en una empresa cuando acabaron la universidad, y se jubilaron en el mismo lugar 40 años
después. Las personas no quieren ataduras ni en el amor ni en el trabajo, según Bauman (2003). En la actualidad, no
existe el llamado trabajo de nuestra vida, el empleo es cambiante y el mercado de trabajo actual necesita atender la
demanda generada por la renovación dentro de las empresas en periodo cada vez más cortos.
En este contexto, la inclusión de la población juvenil en los procesos de desarrollo es fundamental para
avanzar hacia una sociedad más igualitaria y cohesionada. La juventud en América Latina y el Caribe enfrenta
desafíos persistentes arraigados en la desigualdad que afectan su capacidad de alcanzar su pleno potencial. La
política económica implementada en los últimos años considera que el problema de la desigualdad se resuelve
mediante el crecimiento económico por ejemplo, el Perú ha mantenido una tasa creciente del Producto Bruto Interno
(PBI) por encima del 3% en los últimos años (2013-2024) Banco Central de Reserva del Perú (BCRP, 2025), sin
ampliación del mercado laboral, por su parte, México no ha mantenido una tasa de crecimiento del PBI superior al
3% de forma continua entre 2013 y 2024; de esta forma, si una economía no crece, se reducen las posibilidades de
incluir a los jóvenes en el mercado laboral a pesar de que las políticas de promoción del desarrollo, reducción de la
pobreza tienen en sus objetivos aumentar inclusión social , promover la igualdad de oportunidades y derechos entre
hombres y mujeres, el problema persiste.
De igual manera, otro de los grandes problemas que afecta de manera particular a la población joven en
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situación de mayor vulnerabilidad, como las mujeres jóvenes es el acceso a la educación, a pesar de los esfuerzos por
mejorar el incluir a la educación a todos los jóvenes, persisten brechas estructurales, especialmente en el desarrollo
de capacidades y en su transición hacia el mundo laboral. Las oportunidades económicas siguen siendo limitadas,
con altas tasas de desempleo y trabajo informal, así como condiciones laborales deficientes y un acceso restringido
a los sistemas de protección social, estas inequidades perpetúan ciclos de desigualdad que obstaculizan el desarrollo
pleno de la juventud en América Latina, lo que subraya la necesidad urgente de respuestas que promuevan el
desarrollo social inclusivo y sostenible.
Por otro lado, existe una tendencia creciente de reconocer la participación de la población joven, en los
asuntos públicos, sin embargo, persisten obstáculos para su involucramiento pleno en la toma de decisiones, en
particular, a la hora de garantizar que su participación sea significativa e inclusiva en todos los sectores. Las mujeres
jóvenes, los jóvenes con discapacidad, los afrodescendientes y los jóvenes migrantes se enfrentan a menudo a
obstáculos adicionales que dificultan su acceso a los espacios nacionales de formulación de políticas.
Tomando en cuenta que el futuro de los países de América Latina está vinculado a la inclusión y participacn
efectiva de las personas jóvenes al mercado laboral y la vida política de cada país, cobra relevancia la priorización
de acciones para este grupo de población, con miras a erradicar las brechas existentes en cuanto a inclusión social,
a su capacidad de acceder y formar parte activa en procesos de tomas de decisiones y, también, en asegurar su
desarrollo pleno, bienestar y goce de derechos, de allí que el objetivo de esta investigación fue analizar tres
problemas fundamentales que afectan a la población joven: la ocupación juvenil laboral, la seguridad alimentaria y
los programas de estudio a nivel nacional, para luego relacionarlas con una propuesta de intervención educativa.
1. La ocupación de los jóvenes y su preocupación actual
América Latina y el Caribe es una región joven, con una población con promedio de edad de 29 años y
medio, muy similar al promedio mundial. La distribución poblacional es predominantemente urbana y se estima que
actualmente el 80% de la población de la región reside en ciudades (Fondo de Población de las Naciones Unidas -
UNFPA, 2025).
La población joven de 15 a 34 años al 2025 está compuesta por 160 millones de personas aproximadamente
en América Latina, representa el 31% de la población y al 2030 se espera sea 30% (Comisión Económica para
América Latina y el Caribe - CEPAL, 2025) en una proporción que seguirá siendo muy significativa en muchos
países en las próximas décadas. En la Figura 1 se aprecia que al año 2030 México contará con un 32% de población
joven y el Perú con 31%, lo cual es una oportunidad para implementar políticas que optimicen este potencial
humano.
Figura 1
América Latina, México y Perú: Tendencia de la población de 15 -34 años de
edad desde 1970-2030 (porcentaje)
Nota. Construido con datos de la CEPAL (2025) Bases de Datos y Publicaciones Estadísticas.
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Tener un alto porcentaje de población joven es considerado una oportunidad para el crecimiento económico
siempre que tengan acceso a la educación de calidad con las capacidades adecuadas y la creación de oportunidades
de empleo que permitan que la sociedad optimice los beneficios que representa tener una mayor proporción de
población con capacidad para trabajar, producir, ahorrar e invertir (UNFPA, 2025).
Sin embargo, la población joven de América Latina no todos tiene las mismas oportunidades de ser incluidos,
existen jóvenes, que no estudian, que no trabajan y tampoco se encuentran en procesos de formación (NINIS), una
situación marcada por la exclusión tanto del sistema educativo como del mercado laboral y demanda una atención
urgente debido a sus implicaciones para el desarrollo individual, social y económico.
Se estima que para el año 2025 la tasa mundial de ninis se mantendrá en 20,4% (261,9 millones de personas),
cifra comparable a la del año 2023, cuando se alcanzó el mismo porcentaje (20,4%) con 256,3 millones de NINIS,
En otras palabras, en el año 2023, uno de cada cinco jóvenes entre 15 y 24 años eran ninis, en contraste con el 22,0%
reportado en 2010 (Centro Nacional de Planeamiento Estratégico - CEPLAN, 2025).
Según la Figura 2, se muestra la tendencia de la población y NINIS para el periodo de 2010-2023, según
sexo, la tasa de NINIS presentó una disminución en apenas 1,6 puntos porcentuales, pasando de 22,0% en 2010 a
20,4% en 2023. Lo que significa que, durante los últimos trece años, la tasa de NINIS a nivel mundial ha persistido
en general, constante.
Figura 2
Población joven que ni trabajan, ni estudian ni reciben formación, según sexo, a nivel global
2010-2023 (porcentaje)
Nota. Elaborado con datos de CEPLAN (2025) a partir de “Global Employment Trends for Youth 2024: Decent work,
brighter futures”, de ILO.
La situación de los NINIS durante y después de la pandemia, muestra que, la tasa de NINIS en 2023 es 2,8
puntos porcentuales por debajo de lo registrado en 2020, año en que registró la tasa más alta, con 23,2%.
En 2023, la proporción de NINIS mujeres (28,1%) representó poco más del doble que la proporción de
NINIS varones (13,1%). Sin embargo, en el periodo 2010-2023, la tasa de NINIS varones se mantuvo invariable,
mientras que la tasa de NINIS mujeres se redujo en 3,3 puntos porcentuales.
En el Perú, la tasa de NINIS experimentó un aumento general de 7,8 puntos porcentuales entre 2010 y 2023,
pasando de 15,2% al 23,0%; y se prevé que para 2025, la tasa de NINIS se reduzca al 22,7% (Figura 3).
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Figura 3
Población joven que ni trabajan, ni estudian ni reciben formación, según sexo, en el Perú 2010-2023 (porcentaje)
Nota. La figura muestra a jóvenes NINIS según sexo, muestra que, en el Perú, proporcionalmente hay más mujeres que varones en condición de
NINIS. Extraído de CEPAL.
En México, se dice que, en el 2018, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED,
2018) reportaba que había 5.4 millones de jóvenes que no trabajaban ni estudiaban y que, de ellos, el 91.2% de ellos
eran mujeres.
También, en el 2020 se reportaba que, en México, la tercera parte de la población era de jóvenes pero
que según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL, 2020) el 40% de
ellos se encontraban en condiciones de pobreza, lo que se equipara a aproximadamente 15 millones de jóvenes, de
los 45 millones corresponde más bien al total de personas en pobreza. Mas adelante, en la Encuesta Nacional de
Ocupación y Empleo (ENOE, 2024), se hablaba de que, en México, de una población de casi 17 millones de jóvenes
económicamente activos (Instituto Nacional de Estadística y Geografía - INEGI, 2024), había casi 845,000 que
habían perdido su empleo durante el primer semestre y que a nivel internacional, de acuerdo al reporte que hace la
Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2024), el 20.4% de casi 8000 millones de habitantes no estudiaban ni
trabajaban.
Además, al investigar qué hacen los estudiantes cuando no estudian ni trabajan, existen reportes que indican
que la mayoría suele hacer actividades de ocio como salir con amigos, chatear por las diferentes redes sociales que
existen, ver la televisión, jugar videojuegos, escuchar música o hacer algún deporte. De los que juegan videojuegos
se dice que regularmente toman de 1 a 10 horas al día jugando mientras se distraen.
Pero que también, tan solo en México, un poco más de 2.5 millones de jóvenes que no rebasan los 25 años
padecen de depresión. Estos números pueden ser muy generales, pero también un poco preocupantes, ya que son
los jóvenes que en poco tiempo tendrán la responsabilidad de dirigir nuestros países y quienes tendrán que tomar
decisiones de acuerdo con lo que estudien, trabajen o hayan vivido. Y entonces surge la pregunta de cómo podemos
ayudarles a mejorar sus condiciones de vida y sobre todo a asegurar su subsistencia en diferentes etapas asegurando
su estabilidad social, emocional, ocupacional y alimentaria.
Para lograr esto, hace falta establecer una política pública generalizada en todos los programas educativos
que los incluya directamente en diversas actividades para eliminar el ocio, que muchas veces provoca ansiedad,
y separarlos un poco de los videojuegos o de actividades que poco les aportan y que usen el teléfono, Instagram,
Facebook, o Tiktok de manera mesurada; ya que en la actualidad, se cree que los jóvenes se preocupan más por
el tipo de teléfono que van a comprar, algunos por aprobar sus materias, algunos mencionan que les preocupan
temas como la paz y la seguridad, la migración, la participación política, el embarazo no planeado, la salud sexual
y reproductiva, la profesión, el matrimonio, con quién se van a casar en el futuro o si se van a casar. Algunos
comentaron que han tenido ideas suicidas en su vida, pero al preguntar a 100 jóvenes, nadie de ellos comentó que
se preocupara por lo que comerá mañana porque este es un tema que pareciera no les inquieta del todo.
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Por otro lado, al hacer un sondeo de observación general cualitativo, en una universidad que cuenta
actualmente con más de 6,000 estudiantes, mismos que entran en dos turnos, de 7 de la mañana a 2 de la tarde y de 2
de la tarde a 8 de la noche, de lunes a sábado se identificó que es muy común ver a todos estos jóvenes entrar y salir
con sus teléfonos, siempre dispuestos para la fiesta y en fechas recientes un director reportaba que, de un grupo de
30 estudiantes, 12 consumen medicina para controlar su estrés y su ansiedad y que en clase son apáticos, no quieren
hablar con sus maestros y que en medio de las clases, algunos de ellos se levantan para tomar medicinas que les
ayudan a estar más tranquilos, pues el estrés los vence en clase al punto de caer en episodios de angustia o ansiedad.
La universidad Santander, Campus Tlaxcala, forma parte del Subsistema Tecnológico Mexicano, que
cuenta con más de 191 universidades Politécnicas y Tecnológicas, se tiene el servicio de psicología y se les da
acompañamiento psicológico, orientación y apoyo a través de contención emocional, planificación de vida, se les
ayuda a poner metas en su futuro, y se les apoya con temas más fuertes como son el duelo, las crisis accidentales,
la ansiedad, los conflictos personales, familiares laborales y educacionales y cuando es necesario se les canaliza
con atención especializada ya que se tiene la conciencia de que esto ayuda a una mejor higiene mental beneficiando
a los estudiantes mientras se encuentran en la institución y en datos impresos se tienen aproximadamente a 600
estudiantes al año con esta actividad. Y en el subsistema tecnológico se trabaja el desarrollo humano como una de
las asignaturas muy importantes en su diseño curricular y también de forma transversal para desarrollar habilidades
blandas. Sin embargo, después de la pandemia, los docentes han reportado que cada vez más identifican alumnos
indiferentes, que no desean poner atención, que quieren pasar más tiempo en sus teléfonos. Y los investigadores
reportan que la pandemia impactó mentalmente a los jóvenes en cuanto a su salud mental desarrollando en ellos
depresión, ansiedad o algún otro problema de adaptación.
Entonces, esta reflexión escrita, de cómo se puede rescatar a todos los jóvenes de las instituciones de
educación superior, que están siendo presas de la tecnología y sin separarlos de ella, hace falta concientizarlos sobre
la importancia de cuidarse a mismos, de cuidar lo que comen y de concientizarlos de cómo pueden contribuir con
los países y con la suficiencia alimentaria, por pensar en un tema de gran relevancia y ocupación mundial.
2. Seguridad alimentaria y población joven
Otra de las grandes preocupaciones es garantizar la seguridad alimentaria para la población joven, asegurar
que los jóvenes tengan un acceso adecuado a alimentos ricos en nutrientes y agua potable, estar protegido del
hambre y la malnutrición es un derecho que está respaldado por convenciones internacionales, situación que es
considerada una oportunidad para garantizar el acceso a una alimentación adecuada y sostenible, promoviendo el
bienestar y el desarrollo integral de la juventud.
El sector alimentario de América Latina se ha vuelto sumamente dependiente de las importaciones de
productos agrícolas, insumos y maquinaria para el procesamiento de los alimentos Para garantizar la seguridad
alimentaria de los jóvenes son importantes la calidad, la inocuidad y la diversidad de los alimentos consumidos, así
como su contenido en calorías.
Para garantizar el acceso a los alimentos a los jóvenes especialmente pobres y vulnerables en todo momento
requiere programas de protección social específicos y bien formulados, así como redes de seguridad social; debe
reconocerse y promoverse la importancia de una inversión del sector privado de mayor cuantía y responsable en
agricultura como una actividad económica y en particular el papel de los pequeños agricultores como inversores.
Es necesario impulsar el desarrollo de la agricultura para reforzar la seguridad alimentaria y la nutrición en
el contexto de la migración desde el campo a las ciudades; la demanda de agua para la producción agrícola y para
otros usos es muy importante.
En este contexto resulta importante garantizar la participación de las jóvenes como actores clave en la
agricultura teniendo en cuenta su posible contribución a la producción de los alimentos, a fin de evitar la transmisión
del hambre y la malnutricn entre generaciones, en particular a través de la educación y el fomento de la alfabetizacn
de las mujeres y las niñas.
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Es momento de que las instituciones vuelvan la mirada, aunque sea parcialmente, hacia el pasado. Sin
necesidad de regresar por completo a las prácticas antiguas, resulta necesario recuperar ciertas actividades que
permitieron a nuestros antepasados mantener un vínculo más estrecho con la naturaleza, alimentarse de lo que
cultivaban y disfrutar de una vida más tranquila, menos estresante e influenciada por la presión de los medios. Una
época en la que no existían tantos distractores tecnológicos ni una carrera constante por poseer los aparatos más
modernos para mantenerse conectados con el mundo.
Por otro lado, en el ámbito educativo, se ha delegado el trabajo del campo y la producción de alimentos
exclusivamente al campesino, cuya presencia es cada vez más escasa. En varios países de América latina, como en
México y Perú es común ver terrenos completamente abandonados, porque ya casi nadie cultiva la tierra. Durante
años, la enseñanza escolar se ha limitado a mostrar que un frijol puede germinar si se coloca en alcohol o en agua,
y que eventualmente puede convertirse en una planta que dará frutos. Sin embargo, ahí termina el experimento. No
se fomenta la formación de hábitos, ni se promueven procesos de largo plazo, ni se establecen objetivos concretos
de cosecha relacionados con estos temas.
Solo en las instituciones dedicadas a la agronomía se enseñan de manera integral los conocimientos
necesarios para trabajar la tierra, convirtiendo a los estudiantes en verdaderos expertos del campo. Sin embargo,
incluso con la existencia de estas instituciones especializadas y con los esfuerzos de la educación general por
resaltar la importancia del trabajo agrícola, aún persiste una deuda pendiente: la necesidad de construir un modelo
de justicia social más inmediato, que permita a cada país avanzar hacia la seguridad alimentaria con soberanía y
equidad.
Además, si se piensa en muchos factores que afectan esa soberanía alimentaria como el cambio climático
y la falta de saber trabajar el campo, de no saber cómo cosechar plantas de traspatio o de sembrados en techos,
también esto ha hecho que quien menos tiene sufra por la escasez del alimento en algunos lugares además de
generar ocio que lleva a otros problemas sociales de los que no hablaremos aquí. En un escrito de las Naciones
Unidas publicado recientemente se manifiesta que el cambio climático aumentará el hambre y la malnutrición que
empeorará las condiciones de vida de agricultores, pescadores y de quienes viven de los bosques y las poblaciones,
ya de por vulnerables y en condiciones de inseguridad alimentaria, se enfrentan a amenazas crecientes. En diversos
estudios como World Food Programme (WFP, 2025) Global Network Against Food Crises (GNAFC, 2025) y la
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO et al., 2025) pronostican que el
hambre y la malnutrición aumentarán, generando impactos recurrentes sobre los seres vivos, incluyendo plantas,
humanos, ganado y especies de pesca. Asimismo, los ecosistemas acuáticos, como mares, ríos y océanos, y la tierra
misma se ven afectados por fenómenos como la deforestación, la propagación de plagas, el calentamiento del agua,
las emisiones de gases de efecto invernadero y la pérdida de cosechas. Estos factores provocan la muerte de ganado,
eventos climáticos extremos, sequías e inundaciones. En los seres humanos, las consecuencias se traducen en
enfermedades, hambre, desnutrición y mortalidad. Si la situación actual persiste, se estima que el cambio climático
podría afectar aproximadamente a 200 millones de personas en las próximas décadas en todo el mundo, cuyos
medios de vida dependen de la pesca y la acuicultura y relacionando esto con la seguridad alimentaria, se considera
que todas las personas deberían tener acceso a alimentos que nutran y no solo llenen el estómago. Sin embargo,
pocas veces se reflexiona sobre quienes no tienen nada que comer en un día. Los informes indican que, en 2023,
más de 700 millones de personas experimentaron hambre y muchas de ellas se fueron a dormir sin haber probado
bocado o consumieron alimentos insuficientes o carentes de valor nutricional.
La alimentación es una necesidad humana fundamental que va más allá de simplemente llenar el estómago:
todas las personas deberían tener acceso a alimentos nutritivos que satisfagan sus requerimientos de salud y
desarrollo. Sin embargo, la inseguridad alimentaria es una realidad persistente en muchas regiones del mundo.
Según la FAO et al. (2025), entre 713 y 757 millones de personas enfrentaron hambre en 2023, lo que representa
más de una de cada once personas a nivel global. Además, alrededor de 2.33 mil millones de personas padecieron
inseguridad alimentaria moderada o grave, lo que significa que no tuvieron acceso regular a alimentos adecuados y
nutritivos durante ese año.
Este panorama no solo afecta la disponibilidad de alimentos, sino también el acceso económico, la utilización
biológica y la estabilidad de los sistemas alimentarios, que son las cuatro dimensiones de la seguridad alimentaria
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conforme definido por la FAO (2024), disponibilidad suficiente de alimentos, acceso físico y económico, utilización
nutricional adecuada y estabilidad frente a choques climáticos y económicos. Por tanto, garantizar el derecho a
una alimentación sana y digna requiere políticas públicas integrales que aborden estas dimensiones y promuevan
sistemas alimentarios equitativos, resilientes y sostenibles para todas las poblaciones.
3. Educacion
Es importante reconocer lo propuesto por Norgaard y Sikor (1999), quienes señalan que la modernización
agrícola en América Latina, a través de tecnologías convencionales, impulincrementos en la productividad y
generó mayores utilidades en divisas. Esto se evidenció en el cultivo de caña de azúcar, algodón y espárragos en
Perú, así como en otros cultivos de exportación en México, como el aguacate, jitomate y café, que se orientaron
principalmente al mercado internacional. Aquellos productores cuyas tierras y posición socioeconómica eran
compatibles con las tecnologías agrícolas convencionales se han integrado totalmente a la economía de mercado.
Pero la modernización también ha sido cultural, ecológica y socialmente un proceso disociador. Los campesinos
tanto en México como en el Perú, sin un acceso suficiente a la educación, la tierra y a otros recursos productivos, no
encajaron dentro de las condiciones ecológicas y socioeconómicas de la agricultura convencional y permanecieron
fuera de la dinámica del desarrollo rural, de donde resulta importante incorporar en los planes curriculares
asignaturas vinculada a enseñar seguridad alimentaria, utilizando métodos interactivos para que los alumnos no
solo comprendan los conceptos, sino que también los integren en sus hábitos diarios, es clave hacerlo de manera
práctica y visual, con ejemplos claros y fáciles de seguir.
La población joven mantendrá una tendencia creciente en los próximos años en México como en el Perú y
los graves desafíos que enfrentan tenderán agudizarse, como la falta de oportunidades laborales, la desconexión con
el sistema educativo y una creciente inseguridad alimentaria creando en círculo vicioso donde la falta de educación
contribuye a la falta de empleo, lo que a su vez impacta en la seguridad alimentaria de estas personas y sus familias.
Una estrategia para reducir este riesgo es a través de una educacn que sea una garantía para la seguridad alimentaria
en primer orden seguido de la inserción la seguridad.
¿Cómo se puede, desde la educación, colaborar para tener disponibilidad de alimentos en todos los estratos
sociales? Si es posible, desde la educación, porque la educación no solo se refiere al conocimiento formal, sino
también a la adquisición de habilidades prácticas. Implementar programas de educación técnica y formación laboral
pueden ser clave para que los NINIS encuentren empleo en sectores como la agricultura, la manufactura, el comercio
y los servicios.
En relación a la seguridad alimentaria, resulta importante desarrollar una conciencia social en los jóvenes,
porque no solo se trata de protegerse a uno mismo, sino también de cuidar a los demás. Enseñar a los estudiantes
cómo manejar los alimentos de manera segura también les da una conciencia social. Si saben cómo evitar la
contaminación cruzada o cómo almacenar correctamente los alimentos, no solo protegen su propia salud, sino que
también cuidan la salud de las personas con las que comparten la comida, ya sean compañeros, familiares o amigos.
De esta forma, se moldean jóvenes que pueden tomar decisiones informadas sobre su dieta, cultivando incluso sus
propios alimentos o trabajando en el sector agroalimentario.
Haciendo la revisión de más de 100 programas de estudio en educación básica, media superior y superior,
se identifican modelos educativos como el de competencias, el socioformativo, conductistas, cognitivistas, y en
sus programas incluyen temas de vanguardia como son el manejo de emociones, del autoconocimiento y de la
competencia del ser. Las evaluaciones, el trabajo por proyectos, el aprendizaje por tareas o por retos; se incluyen
temas como la inteligencia financiera con proyectos de inversión o de producción, y los temas de las especialidades
de cada área, pero aun así, se ha dejado de lado la enseñanza o el aprendizaje de la generación del primer orden,
pensando en que siempre se tendrá algo que comer, también, se ha privilegiado la generación de ciencia, de
tecnología, lo cual es digno de ser aplaudido, pues esto ha ayudado a que trabajos que le llevaban a los hombres días
o meses, ahora se hacen en cuestión de horas o de minutos, haciéndole la vida más fácil al ser humano. También, se
aplaude que ahora se cuenta con empleo inmediato en muchas áreas. Sin embargo, algo que es real es que no importa
quién sea el ser humano o qué haga, todos tienen que comer, pero en el mundo, no todos logran esto.
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Programas de estudio, alineados para atender estos problemas antes mencionados: Programas educativos
que enseñen sobre la importancia de una dieta balanceada, el consumo responsable y la reducción del desperdicio
de alimentos. Para asegurar la salud mental y la soberanía alimentaria, incluir en los currículos talleres sobre cultivo
de huertos, conservación de alimentos y cocina saludable. Esto empodera a las personas para producir y preparar
sus propios alimentos.
Los estudiantes que aprenden sobre seguridad alimentaria también adquieren conocimientos sobre cómo
el manejo adecuado de los alimentos impacta al medio ambiente. La correcta gestión de los recursos alimentarios
contribuye a la sostenibilidad, evitando el desperdicio de comida y reduciendo la huella ecológica asociada con la
producción y desecho de alimentos.
Algunos estudiantes pueden formar parte de grupos vulnerables que son s propensos a sufrir intoxicaciones
alimentarias, como personas con sistemas inmunitarios comprometidos o con alergias alimentarias. Enseñarles
sobre cómo prevenir la contaminación y la exposición a alérgenos puede salvar vidas y mejorar su calidad de vida.
Discusión
Apoyándose en la perspectiva teórica evolucionista de la agroecología, la cual otorga legitimidad al
conocimiento cultural y experimental de los agricultores, se recomienda reconocer como válidas sus formas de
razonamiento. Estas no necesariamente se ajustan a los parámetros del pensamiento científico convencional, pero
el cómo y el qué que ellos comprenden ha demostrado ser efectivo dentro de sus propios sistemas productivos. Este
enfoque permite entender esos sistemas desde una lógica distinta y valorar su funcionalidad.
A través de esta comprensión, es posible superar la visión limitada que muchos estudiantes han recibido
durante su formación, donde se ha privilegiado la supuesta superioridad de la ciencia occidental. De este modo,
pueden llegar a sentir un respeto genuino por la sabiduría campesina, reconociendo que esta puede integrarse con
otras formas de conocimiento. Esto abre la posibilidad de construir saberes de manera colaborativa, fortaleciendo
tanto la producción sostenible como los vínculos entre ciencia, cultura y territorio, en función de ello sepropone
repensar en los tres problemas anteriormente expuestos y diseñar a nivel de país una política pública para todos los
niveles educativos que incluyan el cuidado de los recursos y de la producción de alimentos del campo desde niveles
pequeños hasta la producción masiva en conjunto y con las instituciones. Como parte de esta propuesta, incluir en
cada grado educativo, un año escolar completo para desarrollar habilidades de trabajo en el campo, con la siembra
y con la gente para esta aprenda cómo cultivar sus propias verduras, leguminosas, cereales o generar proyectos
de traspatio, macetas, o en pequeñas propiedades para que, no importando a que se dedique el futuro profesionista
sepa cómo apoyar a su gobierno para lograr la soberanía alimentaria y evaluar con evidencias y estándares, de la
misma manera que se están evaluando actualmente las actividades de género, de promoción de la cultura de la paz,
la inclusión, el respeto a la diversidad. No se puede seguir dejando que sea el gobierno quien provea a las familias
lo que tienen que comer, sino ayudarles con su educación y con su acción, desde la educación y la promoción de
iniciativas de colaboración entre escuelas y comunidades, como huertos comunitarios, donde los estudiantes y sus
familias puedan aprender y contribuir, introducir conceptos de agricultura urbana y tecnología alimentaria para que
los estudiantes comprendan cómo innovar en la producción y distribución de alimentos, rescatar las experiencias
como el de Sierra Gorda en México una experiencia de conservación destacada por la ONU (23/agos/2023). La
idea central de esta iniciativa radica en que las comunidades locales deben desempeñar un papel de liderazgo
en las actividades de conservación y en el hecho de preservar los espacios naturales como de la Sierra Gorda en
lugar de destruirlos puede generar más beneficios económicos. Este movimiento ambiental de base social, ha
transformado las prácticas de gestión de recursos naturales de la población local y reorientado la inversión pública,
vinculado a las autoridades gubernamentales a través de la educación ambiental a múltiples actores, capacitación
para la diversificación productiva, la gestión de residuos sólidos, las prácticas regenerativas en suelos y bosques,
producción de alimentos, aprovechamiento de recursos forestales, el turismo comunitario dentro del Destino Sierra
Gorda, 73 microempresas operando exitosamente y la reducción de la huella de carbono valorizando los servicios
de los bosques en favor de los dueños de los bosques y ha impulsado la acción climática sub-nacional transfiriendo
el modelo de Querétaro en otros estados del país (Grupo Ecológico Sierra Gorda GESG, 2025).
Con una educación así, el ser humano tendría casi 20 años continuos (si se piensa en el preescolar hasta
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la educación superior) de concientizar la problemática de la alimentación y de apoyar a los países para mejorar
su competitividad teniendo gente más sana en varios aspectos, entre ellos, el mental y el alimentario. Los foros
aislados, las conferencias tomadas una vez al año, los pocos artículos de investigación del tema leídos, el curso
de cómo germina un maíz o un frijol en alcohol o en agua, no serán nunca suficientes para que la sociedad genere
conciencia de la importancia de su hacer, también ayudaría más a mejorar la apreciación del medio ambiente y del
cuidado de la tierra. Esto ayudaría a tener terapias ocupacionales reales y significativas en los jóvenes, poniéndolos
en contacto con la naturaleza, reduciendo su problema de ansiedad, del contacto continuo con el internet, con los
tiktoks, y estarían produciendo mientras estudian. También, quizás, se disminuirían los índices de violencia, porque
los jóvenes estarían más ocupados en su producción.
Conclusión
Es indispensable educar sobre la importancia de políticas públicas que garanticen el acceso a alimentos
saludables para todos, abogando por cambios que beneficien a las comunidades vulnerables. Promover
iniciativas de colaboración entre escuelas y comunidades, como huertos comunitarios, donde los estudiantes
y sus familias puedan aprender y contribuir.
Impulsar la capacitación de los estudiantes en habilidades empresariales relacionadas con la producción y
distribución de alimentos, promoviendo negocios locales que mejoren el acceso a alimentos.
Repensar en la educación como motor clave para mejorar la disponibilidad de alimentos y fomentar una
sociedad más equitativa.
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