Introducción
La infraestructura vial representa un componente esencial en el desarrollo socioeconómico del país, ya
que facilita la integración territorial, el acceso a servicios básicos y el intercambio comercial. Dentro de esta
infraestructura, los pavimentos flexibles representan una de las soluciones más empleadas en las redes viales debido
a su versatilidad constructiva y a su capacidad de adaptarse a diversas condiciones de tránsito y clima; sin embargo,
en distintos contextos, especialmente en zonas costeras, se ha observado que estas estructuras no logran alcanzar el
periodo de vida útil previsto en su diseño, presentando fallas prematuras que afectan la seguridad vial, elevan los
gastos asociados al mantenimiento y disminuyen la sostenibilidad de los recursos destinados a la inversión pública.
Desde una perspectiva técnica, el desempeño de los pavimentos flexibles depende de múltiples factores
interrelacionados, entre los que destacan las cargas vehiculares, las variaciones térmicas, las propiedades de
los materiales, las condiciones del suelo de fundación y el rendimiento de las estructuras de drenaje, los cuales
inciden directamente en la aparición de fallas como agrietamientos, deformaciones permanentes y pérdida de
capacidad estructural (Oblitas et al., 2021). En particular, la sobrecarga vehicular ha sido identificada como uno
de los principales agentes que aceleran el desgaste de la estructura del pavimento y reducen significativamente su
durabilidad (Hatoum et al., 2022). Asimismo, se ha evidenciado que el incremento no controlado de las cargas de
tránsito puede disminuir de forma considerable el tiempo de servicio esperado de los pavimentos flexibles (Jihanny
et al., 2021).
No obstante, aun cuando los factores técnicos resultan determinantes, la evidencia institucional en el Perú
muestra que la aparición de fallas prematuras también se relaciona con deficiencias en la gestión de los proyectos
viales. En este sentido, informes de la Contraloría General de la República del Perú [CGR] han evidenciado
problemas recurrentes desde la etapa de formulación de expedientes técnicos, tales como, la ausencia de estudios
geotécnicos, diseños incompletos y omisiones en la evaluación ambiental, los cuales comprometen la calidad de la
planificación de las obras (CGR, 2025). Del mismo modo, durante la ejecución se han detectado incumplimientos
de especificaciones técnicas, uso de materiales inadecuados y deficiencias en la supervisión, los cuales son factores
que elevan los costos y reducen la vida útil del pavimento (CGR, 2020). A ello se suman debilidades en la etapa
de conservación vial, donde la falta de inventarios de mantenimientos, diagnósticos de condición y planificación
técnica ha derivado en intervenciones poco eficientes y mayores riesgos de sobrecostos (CGR, 2023). En conjunto,
estos hallazgos evidencian que las fallas prematuras no solo responden a condiciones estructurales o ambientales,
sino también a limitaciones en la gestión integral de los proyectos viales a lo largo de su vida útil.
En este contexto, la gestión de proyectos cumple una función clave, pues integra de forma estructurada
las diferentes etapas del proyecto que permiten coordinar recursos, gestionar riesgos y asegurar el cumplimiento
de estándares técnicos. Terrazas (2009) señaló que los modelos de gestión estructurados contribuyen a organizar
procesos, optimizar recursos y mejorar el cumplimiento de objetivos, mientras que la aplicación de marcos
metodológicos formales favorece una administración más sistemática y orientada a resultados en proyectos de
infraestructura (Kerzner, 2018). Desde esta perspectiva, la gestión de proyectos se entiende como la utilización
articulada de técnicas y herramientas con el fin de satisfacer los requerimientos del proyecto de manera eficaz (PMI,
2021), lo que permite articular de forma coherente los procesos, promoviendo una mejor coordinación entre los
aspectos técnicos y administrativos (Ramírez, 2021). En consecuencia, la adopción de prácticas formales de gestión
contribuye a reducir desviaciones, fortalecer el control del desempeño y mejorar el nivel de calidad obtenido en los
proyectos de infraestructura (Castillo y Quispe, 2023).
Bajo este marco, el enfoque de dirección de proyectos propuesto por el Project Management Institute
(2021), a través de la guía Project Management Body of Knowledge (PMBOK), plantea un conjunto de procesos
organizados en grupos como iniciación, planificación, ejecución, seguimiento y control, y cierre, orientados a
mejorar la eficacia y previsibilidad de los proyectos.
A nivel internacional, diversos estudios han destacado que la planificación estructurada, el análisis de
la vida útil y la sistematización de diagnósticos permiten optimizar la durabilidad de los pavimentos y reducir
fallas prematuras (Alimohammadi, 2020). De igual manera, la identificación de vulnerabilidades ambientales y