Japoneses, chinos e indios en Lima
cosmopolita de inicios del siglo XVII
Japanese, Chinese and Indians in
cosmopolitan Lima early seventeenth century
Recibido: setiembre 14 de 2015 | Revisado: octubre 12 de 2015 | Aceptado: noviembre 13 de 2015
José Vega Loyola1 Ab s t r act
1 Facultad de Humanidades, Univer-
sidad Nacional Federico Villarreal.
Correo electrónico: jvegal@unfv.edu.pe
The presence of Asian population in the city of Lima in the early seventeenth
century is identified, based on the Census of Indians in Lima in 1613, the
Books of Council, marriage and baptismal records from the archives of the
Archbishop of Lima and the notary protocols from the General Archive of
the Nation. A database containing names, marital status, age, place of origin,
time and place of residence in Lima and economic activity was created. We
noticed that Lima, during the early seventeenth century, was a cosmopolitan
city with people from the “four corners of the world”: Europe, Africa,
America and Asia. People of American and Asian origin were called Indians,
registering 114 Indians from “China and Xapon and Yndia and Portugal” as
a generic name comprising, besides India in Malabar a set of Portuguese
colonies in Southeast Asia. Most Asian people identified came from Japan,
India, China, Philippines, Malaysia, Indonesia, Java, Burma and Cambodia.
They took part in the economic activities of the city, working as servants,
official tailors, soleteros and neck openers; although a significant number,
despite having the status of slaves or servants, were employed as retailers,
the final link in the chain of distribution of smuggled goods.
These results question the traditional belief that the first people of
Asian descent arrived in Peru in the nineteenth century; and on the
other hand, force us to review the history of slavery, migration and
trade relations with South East Asia.
Key words: Lima history, Asian, Japanese and Chinese Indians
in Lima, history of migration.
Re su m e n
Se identifica la presencia de población asiática en la ciudad de Lima de
inicios del siglo XVII, en base al Padrón de indios en Lima de 1613 , los
Libros de Cabildo de Lima, partidas matrimoniales y bautismales del
Archivo Arzobispal de Lima, y protocolos notariales del Archivo General de
la Nación. Se confeccionó una base de datos conteniendo nombres y
apellidos, estado civil, edad, lugar de origen, tiempo y lugar de residencia en
Lima y actividad económica. Se encontró que Lima de inicios del siglo
XVII era una ciudad cosmopolita con gente proveniente de las “cuatro
partes del mundo: Europa, África, América y Asia. Los originarios
americanos y asiáticos eran denominados indios, registrándose, 114 indios
de la “China y el Xapón e Yndia de Portugal, denominación genérica que
comprendía además de la India en el Malabar un conjunto de posesiones
portuguesas en el Sudeste Asiático. La mayoría de asiáticos identificados
provenían de Japón, India, China, Filipinas, Malasia, Indonesia, Java,
Birmania y Camboya. Participaron en las actividades económicas de la
ciudad, como criados, oficiales sastres, soleteros y abridores de cuellos;
aunque un importante número, pese a tener la condición de esclavos o
criados, en la práctica se desempeñaban como comerciantes minoristas, el
último eslabón de distribución de mercaderías asiáticas traídas de
contrabando. Estos resultados cuestionan la tradicional creencia de que los
primeros asiáticos llegaron al Perú en el siglo XIX; por otro lado, obligan a
revisar la historia de la esclavitud, las migraciones y relaciones comerciales
con el sud este asiático.
Palabras claves: historia de Lima, indios asiáticos, japoneses y
chinos en Lima, historia de las migraciones.
| Cátedra Villarreal | Lima, perú | V. 3 | N. 2 | PP. 155-172 | julio-diciembre | 2015 | issn 2310-4767 155
José Vega Loyola
Introducción
De pie en el centro mismo de la historia,
con el rostro iluminado de solemnidad, y
como queriendo escribir con el hierro de su
espada, el marqués gobernador Francisco Pi-
zarro pronunció las proféticas palabras que
quedaron escritas en el Acta de la Fundación
de Lima, “Será tan grande y tan prospera
cuanto conviene”. Era el 18 de enero de 1535.
Menos de un siglo después, el marqués de
Montesclaros, undécimo virrey del Perú, des-
de la comodidad de su palacio, mirando el
ma-jestuoso Puente de Piedra recién construi-
do sobre el río Rímac, pensaba en la grandeza
y prosperidad de la ciudad de Lima, donde
has-ta los indios eran ricos; y como queriendo
te-ner una idea cabal de tal riqueza, ordenó un
censo de todos los indios que vivían dentro de
la ciudad. Era el 5 de septiembre de 1613.
En efecto, como si se tratara de una inexo-
rable profecía, para inicios del siglo XVII, la
ciudad de Lima mostraba ya tanta grande-za y
prosperidad, que uno de sus cronistas Fray
Reginaldo de Lizárraga, quien vivió en Lima
entre 1599 y 1602, admirado por el lujo,
pompa y boato de sus habitantes, manifesta-ba
No creo yo hay en lo descubierto del mun-do
ciudad en su tanto, ni cuatro veces mayor
(De Lizárraga, 1968, p. 136); y Fray Martín
De Murúa, (1962-1964) se maravillaba de esta
ciudad.
Primera en grandeza, majestad, y multi-
tud de gente (…) Así es tanto el concur-
so que hay de gente y negociantes en es-
tas calles, que no caben a andar por ellas,
y se hallarán allí de todas las naciones de
Europa y de las indias, de México y de la
gran China, que, como dicho es, traen lo
más rico y de valor que hay en sus tie-
rras, para sacar las barras de plata y te-
juelos de fino oro de este Reino (p. 495).
Además de la grandeza y prosperidad ma-
nifestada en los anteriores testimonios, llama
la atención el carácter cosmopolita de la ciu-
dad de Lima de inicios del siglo XVII, habita-
da por gentes venidas de las cuatro partes
del mundo”. Precisamente, el censo ordenado
por el virrey Montesclaros, evidencia que
además de los indios venidos de los más
diversos gru-pos étnicos del virreinato del
Perú, habitaban en Lima, gentes de Panamá,
Guatemala, Nica-ragua y México. Pero lo que
más sorprende en este censo es la presencia
de 114 indios “de La China y el Xapón e
India de Portugal” (Cook, 1968, p. XIII).
Este carácter cosmopolita de Lima de ini-
cios del siglo XVII, es corroborado por uno
de los tantos espías portugueses, holandeses e
ingleses que como era de esperarse, hubo
den-tro de la ciudad, el después conocido
como el judío portugués, don Pedro de León
Portoca-rrero (2009), quien vivió en la ciudad
de Lima entre 1607 y 1615, escribió:
En Lima y en todo el Perú viven y andan
gentes de todos los mejores lugares, ciu-
dades y billas de España y gentes de la
nación portuguesa, gallegos, asturianos,
biscaynos, nabarreses, valencianos, de
Murcia, franceses, italianos, alemanes y
flamencos, griegos y raguseses, corsos, ge-
noveses, mallorquines, canarios, ingleses,
moriscos, gente de la Yndia y de la China y
otras muchas mesclas y mixturas (p. 63)
(De León Portocarrero: 2009). Sorprende
en este testimonio, como en el censo de Mon-
tesclaros, la presencia en la ciudad de Lima
de gente de la India y de la China.
Pero no solo son los testimonios escritos,
sino además las evidencias materiales; baste
ver el mobiliario de las casonas virreinales,
adornadas con lo mejor de la manufactura
no solo europea, sino también asiática, los
muebles y estantería enconchados en nácar
de la China alfombras de la India, jarrones
del Japón, y en los templos virreinales las
imágenes talladas en marfil y otras joyas de
la artesanía son innegablemente manu-
factura asiática. Y ni que decir de las sedas,
los tan mentados mantones de Manila, y las
especias como la canela, el clavo de olor y
la pimienta.
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Japoneses, chinos e indios en Lima cosmopolita de inicios del siglo XVII
Sin embargo, la imagen que tradicional-
mente nos ha dado la historia de la ciudad de
Lima virreinal, no se condice con lo que reve-
lan estos testimonios de la época. Los estudios
sobre esta realidad, son apenas breves notas en
los que se llama la atención sobre la presencia
de japoneses en el virreinato peruano (Asa-
dourian, 1965; Del Busto, 1984 y 1989; Palma,
2008). De modo más genérico hay breves re-
ferencias a los asiáticos en la ciudad de Lima
(Sánchez-Albornoz, 1977; Iwasaki, 1992; Vega,
2003 y 2015).
Incluso el comercio transpacífico duran-te el
periodo virreinal, que fue el contexto en que se
dieron las migraciones de asiáticos al Perú, está
poco estudiado. Al respecto, se ha analizado las
actividades del denominado “Galeón de
Manila”, flota oficial que cada año cubría la ruta
comercial entre Manila y Aca-pulco (Folch,
2013), las expediciones de con-trabandistas que
burlaron la prohibición real del comercio
transpacífico (Iwasaki, 1992), el tráfico
mercantil legal y la actividad de los co-
merciantes entre Manila, Acapulco y el Callao
(Latasa y Fariñas, 1991; Flores, 2005; Suárez,
2015) y, el tráfico comercial entre Perú y Mé-
xico (Borah, 1975; Chalán, 2014).
Pero el tráfico de personas, sobretodo de
aquellas que pasaron del Asia al Perú está to-
davía por estudiarse. Así continúa generali-
zada la idea de que las primeras migraciones
chinas y japonesas al Perú corresponden a me-
diados y fines del siglo XIX respectivamente.
Y de filipinos, malayos, indonesios, birmanos
camboyanos e indostanos se ignora casi com-
pletamente (Lausent-Herrera, 1991; Fukumo-
to, 1997; Morimoto, 1999; Rodríguez Pastor,
2001; Chuhue, Jin Na y Coello, 2011).
Más siendo que el reconocimiento de
nuestra realidad mestiza constituye uno de los
aspectos esenciales del Perú actual, es conve-
niente hurgar entre los documentos, a fin de
precisar los antecedentes de la presencia de
asiáticos en el Perú virreinal. Y más aún si
tenemos en cuenta que el Perú cuenta con la
segunda comunidad de origen chino en Amé-
rica y una presencia importante de
ascenden-cia japonesa, segunda comunidad
de origen nipón en América del Sur,
quienes pueden seguir construyendo su
memoria comunitaria como parte de la
nación peruana desde el siglo XVII.
Resultaba pues necesaria, una investiga-
ción que aporte mayores datos sobre la pre-
sencia de inmigrantes asiáticos en Lima del
siglo XVII, precisando los motivos por los
que vinieron o fueron traídos, sus lugares de
ori-gen, las actividades que realizaban, sus
rela-ciones con los demás habitantes de la
ciudad, y tantos otros aspectos que su sola
presencia en Lima implican.
En suma, buscamos respuesta a una
cues-tión principal, ¿Qué explicación tiene
la po-blación de procedencia asiática en la
ciudad de Lima de inicios del siglo XVII?
Para responder a esta pregunta general
averiguaremos información que nos res-
puesta a las siguientes preguntas específicas:
- ¿Cómo, cuándo y en qué condición
llegaron, los registrados en el
Padrón de indios en Lima de 1613,
como indios de la China, Japón e
India de Portugal?
- ¿Fueron realmente de la China, el
Ja-pón y de la India, o es esta una
designa-ción genérica para referirse
a todos los provenientes del Asia?
- ¿Vinieron directamente de sus pueblos
de origen a Lima, o tuvieron un periplo
previo por otras ciudades del imperio
español como Manila y México?
- ¿Por qué fueron contabilizados
como indios?
- ¿Cuáles eran las actividades
económi-cas a que se dedicaban en
la ciudad de Lima?
- ¿Cuál era su ubicación dentro del
espa-cio físico de la ciudad de Lima?
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José Vega Loyola
- ¿Cómo era su relación con el resto de
la población de la ciudad de Lima?
- ¿Estaban bautizados como cristianos
con nombre y apellido español o con-
servaron los de su lugar de origen?
- ¿Mantuvieron exclusividad étnica
para contraer matrimonio o
practicaron el mestizaje?
Consideramos justificada una investiga-ción
de estas cuestiones, en tanto pretende situar en
su real dimensión, a un grupo de pobladores de
origen asiático en la ciudad de Lima de inicios
del siglo XVII, intenta corre-gir con ello la
generalizada idea presente en la historia de las
migraciones al Perú, de que los primeros chinos
y japoneses llegaron a media-dos y fines del
siglo XIX respectivamente.
Es relevante por cuanto, siendo el Perú un
país mestizo y Lima actual una ciudad cuya
población es mayoritariamente de inmigran-
tes de otras provincias, resulta injustificado
que la investigación histórica haya hecho
poco por precisar los antecedentes de la
población de procedencia asiática en la ciudad
de Lima virreinal, estableciendo los
mecanismos y es-trategias de que se valieron
para desarrollarse dentro de la ciudad.
A nivel teórico, esta investigación se justifi-
ca, en tanto plantea una revisión de la historia de
las migraciones hacia Lima en particular y hacia
el Perú en general; buscando esclarecer porque
los asiáticos fueron incluidos dentro de la
categoría de indios.
A nivel metodológico, esta investigación
se justifica, por cuanto implica una relectura
de las fuentes, que tenga en cuenta las impli-
cancias que la presencia de población asiática
plantea. Ello implica, ampliar el horizonte de
la historia de Lima virreinal al relacionarlo ya
no solo con los Andes, América, Europa y el
África, sino, ahora también, con el Asia.
Es importante finalmente, por cuanto per-
mite tomar conciencia de que la presencia de
asiáticos en Lima tiene una larga historia que
se remonta por lo menos a 400 años atrás, de-
jando su impronta cultural y biológica en las
representaciones e imagen que se tuvo enton-
ces del Extremo Oriente; aportando elementos
de juicio para la comprensión de lo que signi-
fica el Perú como país mestizo,
principalmente en cuanto al aporte de las
diversas tradiciones culturales en la definición
de lo peruano y la peruanidad.
Por lo tanto, consideramos no solo justifica-
da, sino además, necesaria la presente investi-
gación, cuyo objetivo de estudio es explicar la
presencia de población de procedencia asiática
en la ciudad de Lima de inicios del siglo XVII.
Para lograr este objetivo general,
previa-mente intentaremos lograr los
siguientes ob-jetivos específicos:
- Establecer cómo, cuándo y en que
con-dición llegaron, los registrados
en el Pa-drón de indios en Lima de
1613, como indios de la China del
Japón e India de Portugal.
- Precisar si procedían realmente de la
China, el Japón y de la India, o es esta
una designación genérica para referirse
a todos los provenientes del Asia.
- Establecer si vinieron directamente de sus
pueblos de origen a Lima, o tuvieron un
periplo previo por otras ciudades del
imperio español como Manila y México.
- Precisar por qué fueron
contabilizados como indios.
- Identificar las actividades económicas a
que se dedicaban en la ciudad de Lima.
- Identificar su ubicación dentro del
espa-cio físico de la ciudad de Lima.
- Precisar su relación con el resto de la
po-blación de la ciudad de Lima.
- Establecer si estaban bautizados como
cristianos con nombre y apellido es-
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Japoneses, chinos e indios en Lima cosmopolita de inicios del siglo XVII
pañol o conservaron los de su lugar
de origen.
- Precisar si mantuvieron exclusividad
ét-nica para contraer matrimonio o
practi-caron el mestizaje.
Método
Materiales. Se realizó un estudio crítico de la
información contenida en el Padrón de Indios
de Lima en 1613, referente al Padrón y lista de
los indios e indias de La China y el Xapón e
India de Portugal…”. comparándola con in-
formación de otras fuentes coetáneas como los
Libros de Cabildos de Lima, las partidas de
bautismo y de matrimonio del Archivo Arzo-
bispal del Lima, los protocolos notariales del
Archivo General de la Nación, y otros docu-
mentos de la administración virreinal, así como
información de la crónicas y memorias,
referente a Lima de inicios del siglo XVII.
A fin de datar mejor nuestro marco
teóri-co se consultó la información
historiográfica existente sobre el comercio
transpacífico prin-cipalmente referido al
triángulo Manila, Aca-pulco, Callao.
Procedimientos. Los procedimientos de
análisis que se realizaron, están referidos al
análisis crítico de las fuentes escritas
propios de la metodología de investigación
histórica, principalmente análisis
documental y análisis historiográfico.
En primer lugar, se identificó a través de
las partidas del Padrón de Indios de Lima en
1613, a cada uno de los indios e indias de La
China y el Xapón e India de Portugal…”,
clasi-ficándolos por lugar de procedencia.
En segundo lugar, a partir de la identifi-
cación anterior, se buscó en el Archivo Arzo-
bispal de Lima y en el Archivo General de la
Nación, información que permitió una mejor
comprensión sobre la presencia y actuación de
estos indios e indias de La China y el Xapón e
India de Portugal…” a la vez que se fue incre-
mentando la base de datos con nuevos casos
que se encuentran en dichos archivos pero
que no aparecen en el Padrón.
En tercer lugar, se procedió a clasificar
las actividades económicas principales a
que se dedicaban, su ubicación dentro de
la ciudad y su relación con el resto de la
población de la ciudad de Lima.
Finalmente, se intentó una caracterización
de la condición socioeconómica de estos po-
bladores de procedencia asiática, encuadrán-
dolos dentro del entramado de relaciones de la
ciudad de Lima de inicios del siglo XVII.
Resultados
Del carácter cosmopolita de Lima y su gente
La ciudad de Lima nació cosmopolita, pues
desde el momento de su fundación, tuvo entre
sus habitantes a gentes naturales de muy diver-
sos lugares, pues además de los prime- ros veci-
nos, naturales de distintas regiones de España,
estuvieron otros que aunque no tenía la cate-
goría de vecino, recibieron solares para habitar.
Portugueses, italianos, griegos, judíos y de otras
latitudes de Europa. Pero también veinte indios
nobles, naturales de distintas regiones, que ya
habitaban en Jauja que fue la primera capital del
Perú y que se trasladaron a Lima (Porras, 1928;
Lockhart, 1982). Por supuesto, también
naturales de distintas regiones de África, la ma-
yoría en condición de esclavos (Bowser, 1977).
Pero lo que poco se conoce es que no todos los
negros esclavos eran africanos. Algunos eran
indios americanos, de distintas regiones de
Centroamérica, todos englobados dentro de la
nomenclatura de indios nicaraguas”, catego-ría
que incluía también a naturales de México (Del
Busto, 1962; Lockhart, 1982). Otros eran negros
de diversas regiones de Asia, estos apa-recen en
los documentos como indios chinos”, que en su
mayoría provenían de las posesiones
portuguesas en el sudeste asiático (Iwasaki,
1992; Gil, 2011).
Y conforme las noticias de los fabulosos te-
soros de Cajamarca y del Cusco, cual leyendas
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José Vega Loyola
doradas se esparcían por Europa, fueron lle-
gando gentes diversas con sueños de riqueza.
Pero cuando se descubrieron las minas de pla-ta
de Potosí y el argentífero mineral empezó a
llegar a raudales a Cádiz, entonces los ojos del
mundo se volvieron sobre esta ignota ciudad de
Los Reyes, como se llamaba oficialmente, pero
comúnmente denominada como Lima, nombre
que acrecentaba la fantasía de cuanto
comerciante y aventurero ansioso de riqueza.
De modo que para inicios del siglo XVII la
ciudad de Lima aunque pequeña en extensión,
era ya una pujante metrópoli, cabeza de este
reyno del Perú”, donde ricos encomenderos y
prósperos comerciantes movían la economía
boyante, alimentada por la plata que fluía de
las minas de Potosí, y que transportada en los
galeones iba directamente a España y de ahí a
los mercados de Europa, pero también, otra
parte iba a Asia, principalmente a China; lu-
gares desde donde se importaba todo tipo de
productos, desde los más necesarios y coti-
dianos, hasta los más suntuarios y exquisitos
que exigía el refinado gusto de la población
limeña, que a decir de Reginaldo Lizárraga:
Lo que en esta ciudad admira mucho, y aún se
habla de refrenar, es los vestidos y trajes de las
mujeres; son en esto tan costosas que no se sabe
cómo lo pueden sufrir sus maridos; no creo yo
hay, en lo descubierto del mun-do, ciudad en su
tanto ni cuatro veces mayor que a tanta soberbia
en este particular, como esta nuestra ciudad
llegue (1968, p. 135).
Esta visión de derroche, lujo y
opulencia es corroborada por Fray Martín
de Murúa, quien además resalta el carácter
cosmopolita de la ciudad:
Primera en grandeza, majestad, multitud de
gente y concurso, de todo el reino, lo uno
por su asiento y población, y lo otro por la
residencia continua de los visorreyes desde
que se fundó. Así acuden de todas las
ciudades y provincias de más de trescien-
tas leguas arriba y abajo a ella, y se puede
llamar madre y patria común (…) y de la
esquina principal de la plaza que llaman de
los mercaderes, salen dos calles, las más ri-
cas que hay en las Indias, porque en ellas
están las tiendas de los mercaderes, donde
se vende todas las cosas preciosas y de es-
tima, que Inglaterra, Flandes, Francia, Ale-
mania, Italia y España producen, labran y
tejen, porque todas las envían y van a pa-
rar a esta ciudad, de donde se distribuyen
por todo el Reino, de suerte que, cuanto el
hombre pudiere desear de telas, brocados,
terciopelos, paño finos, rajas, damascos,
rasos, sedas, pasamanos, franjones, todo lo
hallarán allí a medida de su voluntad, como
si estuviera en las muy ricas y fre-
cuentadísimas ferias de Amberes, Londres,
León, (en Francia), Medina del Campo, Se-
villa y Lisboa. Así es tanto el concurso que
hay de gente y negociantes en estas calles,
que no caben a andar por ellas, y se halla-
rán allí de todas las naciones de Europa y
de las indias, de México y de la gran Chi-
na, que, como dicho es, traen lo más rico y
de valor que hay en sus tierras, para sa-car
las barras de plata y tejuelos de fino oro de
este Reino” (1962-1964, pp. 493-498).
Pedro de León Portocarrero, el
conocido judío portugués, confirma esta
visión cosmo-polita, de grandeza y poder
de la ciudad de Lima:
Vístense gallarda y costosamente, todas ge-
neralmente visten seda y muy ricas te-las y
terciopelo de oro y plata finas. Tienen
cadenas de oro grueso, mazos de perlas,
sortijas, gargantillas y cintillos de diaman-tes,
rubíes, esmeraldas y amatistas y otras piedras
de valor y de estima, tienen sillas de mano en
las llevan los negros cuando van a misa y a
sus visitas; y tienen carrosas ricas y muy
buenas y mulas y caballos que las tiran y
negros cocheros que las guían () la calle de
los mercaderes, donde siempre hay por lo
menos cuarenta tiendas llenas de merca-derías
surtidas de cuantas riquezas tiene el mundo.
Aquí está todo el principal negocio del Perú,
porque hay mercaderes en Lima que tienen un
millón de hacienda y muchos de quinientos
mil pesos y de doscientos, y
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Japoneses, chinos e indios en Lima cosmopolita de inicios del siglo XVII
de ciento son muchísimos. Y estos ricos,
pocos tienen tiendas. Envían sus dineros a
emplear a España y a xico, y otras partes.
Y hay algunos que tienen trato en la gran
China (…) En Lima y en todo el Perú viven y
andan gentes de todos los mejores luga-res,
ciudades y billas de España y gentes de la
nación portuguesa, gallegos, asturianos,
biscaynos, nabarreses, valencianos, de Mur-
cia, franceses, italianos, alemanes y flamen-
cos, griegos y raguseses, corsos, genoveses,
mallorquines, canarios, ingleses, moriscos,
gente de la Yndia y de la China y otras mu-
chas mesclas y mixturas (2009, pp. 25; 63).
Pero el testimonio de Bernabé Cobo es
más ilustrativo al respecto, por lo cual lo
citamos en extenso:
El traino y lustre de los ciudadanos en el
tratamiento y aderezo de sus personas es tan
grande y general, que no se puede en un día
de fiesta conocer por el pelo quien es cada
uno; porque todos, nobles y los que no lo
son, visten corta y ricamente, ropa de seda
y de toda suerte de galas, sin que en esta
parte haya medida ni tasa, porque no llegan
acá las pragmáticas y desterrados de allá
suelen enviarlos a vender en esta tierra. Y a
esta causa es increíble la cantidad que se
gasta de todo género de sedas, telas, bro-
cados, lienzos delicados y paños finos (…)
El crecimiento que he visto de treinta años
acá ha sido esta vanidad de trajes, y pompa
de criados y librea, que pone admiración.
De solo las carrozas quiero hacer argumen-
to, de donde se podrá colegir lo que pasa en
los demás; cuando entré en esta ciudad el
año de mil quinientos noventa y nueve, no
había en ella más de cuatro o cinco y esas
bien llanas y de poco valor, y al pre-sente
pasan de doscientas y todas ellas son
costosísimas, guarnecidas en seda y oro y
con gran primor. (…) Porque hombre tie-ne
Lima de a trecientos a cuatrocientos mil
ducados de hacienda, y de ahí para arriba, y
no se llama rico a boca llena el que no pasa
de cien mil; a los que tienen de cincuenta
mil ducados para abajo contamos entre
los de moderado caudal, y son muchísi-mos
los que entran en esta clase, (…) No es menor
la riqueza de esta ciudad que está en bienes
muebles de mercaderías y alha-jas de sus
moradores, respecto del mucho adorno y
aparato de sus casas, el cual es tan
extraordinario, que pienso que no se halla
ninguna, aun de la gente más humilde y po-
bre en que no se vea alguna joya o vaso de
plata o de oro; y es tan excesiva la cantidad
de estos ricos metales y de piedras precio-sas,
como son perlas, diamantes y de otros
géneros que está recogida en vajillas, joyas,
prendas y dineros, que según opinión de
gente práctica se avalúan en veinte millo-nes
esta riqueza, fuera de las mercaderías,
vestidos, tapicerías y de toda suerte de ajuar
de casa y de culto divino, baste decir que la
hacienda que tienen los vecinos en esclavos
pasa de doce millones (1964, pp. 76-80).
Por su parte Buenaventura de Salinas y
Córdova enfatiza la gran actividad comercial:
Y con razon por cierto, porque pocas tiene
el mundo donde más corra la contratación,
y mercancía, ni mercaderes más ricos, ni de
mexor trato, como esta, adonde vienen a
recambiarle la plata todas las mercadu-rias
de las más remotas partes de la tierra,
entrandose a porfia, por su famoso puerto
del Callao buscando sus tiendas, y almace-
nes: y asi emos visto, y yo conozco muchos
que aviendo comencado con diez, y doze
pesos de trato en una petaquilla debaxo de
los hombros por las calles rotos, pobres, y
afanados, en ocho, y doze años an adquiri-
do, ochenta mil, y cien mil pesos; y otros
en poco tiempo los trecientos, y cuatrocien-
tos mil ducados: y esta es la causa, porque
los más de aquellos que la necesidad saca
de Europa, y llegan al Pirú, se aplican a la
mercancía, trayendo a su poder los merca-
deres tanta plata, que ellos solos llenan de
barras las armadas, registrando muchos
cada uno a trecientas, y cuatrocientas mil
ducados: y mercader uvo, que ahora dos
años registró por cuenta suya, para Es-
paña, novecientas barras (1957, pp. 122).
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José Vega Loyola
Esta situación de bonanza, se apreciaba
también en el sector constructivo, de modo
que por doquier en la ciudad se levantaban
edificaciones, monasterios, conventos, tem-
plos y hospitales; hasta “las casas del
cabildo fueron adornadas con elegantes
arcos para es-tar a la altura de sus vecinos.
En medio de este frenesí constructivo di-
rigido por los mejores maestros alarifes del
reino, el cabildo limeño quiso hacer gala de su
lustre y poder. Por eso en 1607, ante la caída del
puente de ladrillo sobre el río Rímac, que
conectaba la ciudad con el barrio de San za-
ro, ordenó construir otro puente pero esta vez de
piedra canteada, a la altura de la dignidad de los
beneméritos de la ciudad y sus osten-tosos
carruajes. Así lo sustentó ante la Real
Audiencia, nada menos que el vecino de más
buen nombre, lustre y prosapia”, Jusepe de Ri-
vera y Dávalos, hijo del conquistador y primer
alcalde de Lima, Nicolás de Rivera. Y para lle-
var a cabo tan monumental obra, de Rivera en
persona viajó a San Francisco de Quito a con-
tratar los servicios de Juan del Corral, oficial
arquitecto, el único que ostentaba el tulo de
Maestro Mayor de Reales Fabricas”. Así, entre
1608 y 1610, se construyó el impresio- nante
puente de seis arcos, y además la alameda de
Los Descalzos, convirtiéndose en el primer co-
rredor vial de la ciudad, motivo de admiración y
orgullo y de tantos comentarios en todos los
pueblos del virreinato. Y como no podía ser de
otro modo en una ciudad cosmopolita, en la
construcción del puente partici- paron ala-rifes
provenientes de muy diversos lugares; así lo
evidencia el testamento de Juan del Corral en el
que españoles, negros e indios aparecen como
deudores o como acreedores por las obras del
puente y, por supuesto, entre ellos indios
chinos como Felipe Mata, Diego Choa, Andrés
Jagotan, Bartolomé Guidal y Alonso Leal; o
como el indio xapón Miguel de Silva (Hart-
Terré, 1942).
En esta coyuntura de crecimiento econó-
mico, no resulta raro que el carácter cosmopo-
lita de Lima se incrementara, convirtiéndose
en un polo de atracción de gentes de diversos
lugares de origen y condición social. Por eso en
el Padrón de los indios que se hallaron en la
ciudad de Los Reyes del Pirú de 1613 encon-
tramos que los indios que vivían dentro de la
ciudad eran en su gran mayoría provenientes de
otras provincias y reinos de los imperios
español y portugués. Solo el 5% eran origina-
rios de Lima, el resto eran migrantes de muy
distintos lugares. Sorprende encontrar indios de
las Indias Occidentales, de las Indias
Orientales, del Reino de Chile”, del “Nuevo
Reino de Granada”, de México, Panamá, y de
cincuenta pueblos más del extenso virreinato
del Perú.
Padrón y lista de los yndios e yndias de
la China el Xapon e Yndia de Portugal
Era septiembre de 1613, en cumplimien-to
de lo dispuesto por el virrey Juan de Men-
doza y Luna, marqués de Montesclaros, el
escribano real, Miguel de Contreras, estaba
empadronando a los indios que vivían dentro
de la ciudad de Lima. Había empezado por la
calle del Cercado y se encontraba ya en la de
Las Descalzas (actual cuadra ocho del jirón
Junín). Ahí, en una tienda de Simón Díaz,
encontró a Andrés Tacotan y a Pablo Perera,
quienes manifestaron ser naturales de Mani-
la en la China”. Ya había empadronado a más
de un centenar de indios, entre ellos a una in-
dia de Chile, varios de Quito y a una india de
Panamá, todos naturales de estos reynos del
Perú”. Pero ahora estaba ante dos indios de
Manila en la China”, éstos a diferencia de los
anteriores, provenían de las Indias Orienta-
les”, por lo cual fueron anotados aparte, y así
se fue conformando un padrón paralelo al que
denominó Padrón y lista de los yndios e
yndias de la China y el Xapon e Yndia de
Por-tugal…”, que aparece en la parte final del
do-cumento principal denominado Padrón de
los indios que se hallaron en la ciudad de Los
Reyes del Pirú, de 1613.
Pero no se piense que Miguel de Contre-ras
se sorprendió ante la presencia de asiáticos en la
ciudad de Lima en 1613, como segura-mente
nos sorprendemos ahora, que estamos
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Japoneses, chinos e indios en Lima cosmopolita de inicios del siglo XVII
acostumbrados a pensar que estos llegaron al
Perú en el siglo XIX. Solamente los separó con
fines puramente prácticos, para facilitar luego la
contabilidad. No se sorprendió, por cuan-to
conocía que a pesar de estar expresamente
prohibido por la Corona española las relacio-nes
comerciales con Manila y otras posesiones
españolas y portuguesas desde el siglo XVI,
estas eran frecuentes y permitieron el flujo de
asiáticos por voluntad propia y otros traídos
como esclavos.
El texto original del Padrón se conserva
actualmente en la Biblioteca Nacional de Es-
paña, con la signatura MSS/3032. Consta de
256 hojas, en formato 32 x 23 cm, empastado
en cuero de carnero. La portada está escrita a
plumilla con tinta negra y con fondo de co-
lores celeste y dorado y en ella se puede apre-
ciar el escudo de la casa de Montesclaros.
Una copia digital en alta resolución, se puede
con-sultar libremente en el portal electrónico
de la Biblioteca Nacional de España.
Pero volvamos con Miguel de Contreras y su
empadronamiento de los indios en Lima de
1613. Lo encontramos recorriendo la ciudad
todavía pequeña, de poco más de dos kilóme-
tros de longitud; sin embargo, este espacio era
suficiente para contener a gentes de las cua-tro
partes del mundo”. En medio de esta babel de
gentes, Miguel de Contreras se encontraba
realizando el empadronamiento de los indios.
Ya había recorrido doce calles cuando llegó a la
del Colegio Real, a la tienda de Antonio Melon,
sastre español, donde encontró a Juan
Rodríguez, natural de la India de Portugal de
Malaco y ser de más de trenticuatro años, y sol-
tero, y es su amo Francisco Donosso mercader”.
Lo particular de este indio es que era natural
de la India de Portugal”, nombre genérico con
el cual se designaba a una serie de posesio-nes
portuguesas en el sudeste asiático, en este caso
era de Malaco”, la actual Malaca, ciudad
puerto en la península de Malasia, por lo tanto
estamos ante un indio malayo. Pero además, se
precisa que este indio era sastre y que te-nía
como amo al mercader Francisco Donos-so, lo
cual evidencia una práctica muy común
de los mercaderes de Lima de inicios del siglo
XVII: la utilización de esclavos asiáticos para
la distribución al por menor de mercaderías de
contrabando. Al respecto, con- viene pre-cisar
que las sastrerías eran el típico negocio que al
mismo tiempo que funcionaba como taller,
eran tiendas de telas, ropas y todo tipo de
géneros textiles. Nótese que este indio ma-
layo llamado Juan Rodríguez era sastre, pero
no estaba en un taller sino en la tienda de
An-tonio Melon español sastre”.
Conforme iba avanzando el empadrona-
miento de los indios, Miguel de Contreras iba
encontrando más provenientes de las Indias
Orientales”. En la calle del Correo Mayor en
una tienda de las casas del doctor Cipriano de
Medina la tenía de soletero y abridor de cuellos
Mateo Sánchez natural que dijo ser de Mani-la
en la China, y que vino a esta ciudad cuan-do
vino el señor virrey conde de Monterrey. Y será
de cuarenta años, y casado con Crispina
Bazquez natural de la India de Portugal, la cual
será de veinticuatro años y no tienen hi-jos”.
Hemos transcrito completa la partida de Mateo
Sánchez para seguir ilustrando algunos datos
con respecto a los asiáticos del Padrón. La
referencia a dos oficios, la de soletero y la de
abridor de cuellos, es muy ilustrativa porque
encontramos que son los oficios a los que se
dedican la mayoría de los indios asiáticos del
Padrón, aunque es necesario precisar como ya
se dijo para los sastres, que la referencia a estos
oficios puede en realidad estar escondiendo el
comercio al por menor de mercaderías de
contrabando. Nótese que Mateo Sánchez estu-vo
en una tienda y no en un taller. El oficio de
soletero consistía en echar soletas”, es decir,
remendar las partes de las medias o calcetines
que cubren la planta del pie, o ponerles nueva
planta; el oficio de abridor de cuellos, consis-tía
en planchar los cuellos alechugados, tan de
moda en la época, para lo cual se utilizaba un
instrumento agudo de hierro caliente, con el cual
se planchaban las canaletas abriéndolas una por
una.
Pero lo más importante en la partida de
Mateo Sánchez es la referencia a que vino a
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José Vega Loyola
esta ciudad cuando vino el señor virrey conde
de Monterrey”, dato que se vuelve a repetir en
otras partidas del Padrón, no solo refiriendo a
cuando llegó este virrey, sino también, en los
casos de los virreyes Velazco y marqués de
Montesclaros. Y es importante este dato por-que
nos permite conocer que algunos de los asiáticos
del Padrón ingresaron al Perú junto con el
séquito de criados y sirvientes que traía el virrey
desde México, pues era costumbre de la corona
española promover a quien se había
desempeñado como virrey de Nueva España,
como virrey del Perú. Al respecto, el ya men-
cionado cronista judío portugués Pedro de León
Portocarrero, describiendo a los merca-deres de
Lima, manifiesta, con esto se puede entender lo
que son mercaderes de Lima, y ven-de el
visorrey hasta el arzobispo. Todos tratan y son
mercaderes, aunque por mano ajena y di-
simuladamente” (De León Portocarrero, 2009, p.
50). Es decir, varios de estos asiáticos eran
socios comerciales de personajes importantes de
la sociedad virreinal, y traídos ex profesa-mente
para distribuir sus mercaderías, mu-chas de las
cuales ingresaban de contrabando.
Avanzando con el empadronamiento en-
contramos que en una tienda frontero de la
Santa Iglesia de esta ciudad la tenía de soletero
y abridor de cuellos un indio que dijo serlo de la
China de Manila y llamarse Alonso de Guzman
y haber dieciocho años que está en esta ciudad y
que será de treinticinco años. Y ser casado con
Francisca Gra la cual dijo ser india natural del
nuevo Reyno de Granada y criolla de la ciudad
de Santa Fe, y que está en ésta desde que vino el
señor arzobispo, será de veinticuatro años. Y
tiene una hija llamada María Madalena de dos
meses. Este caso corrobora la afirmación de
que el mismo arzobispo estaba involucrado en la
distribución de mercaderías a través de terceras
personas. La afirmación de que es en esta
desde que vino el señor arzobispo”, se refiere al
arzobispo Bartolomé Lobo Guerrero quien llegó
en 1609 a ocupar el arzobispado de Lima, luego
de haber sido arzobispo de Bogotá hasta 1607, y
al parecer trajo a Francisca Gra entre su
servidumbre, a quien casó con Alonso de
Guzmán, filipino que a la par de su oficio de
soletero y abridor de cuellos atendía la tienda
donde distribuía mercaderías ¿del arzobispo?
Observemos que la referida tienda está fron-
tera de la Santa Iglesia de esta ciudad”, y en
la parte del Padrón donde se registra a los
indios de esta calle dice que la tienda era de un
indio chino. El caso además evidencia el
mestizaje de un filipino con una india de Santa
Fe de Bo-gotá, cuyo primer fruto, María
Madalena, ya tenía dos meses.
En la calle de la Compañía de Jesús, el em-
padronador encontró en casa de Diego Nuñez de
Campoberde a cuatro indias y un indio asiáticos:
Una india llamada Isabel campo-berde que dijo
serlo y natural de la China del pueblo de Xagua”.
“Otra india llamada clara de Campoberde,
natural de la China del pueblo de Xagua”. “Otra
india llamada María de Cam-poberde que dijo ser
criolla de Macan en la Chi-na”. Otra india
llamada Beatriz de Campo-verde natural de
Malaca, India de Portugal (..) Y es casada con un
indio de la China abridor de cuellos”. Estamos
aquí ante dos javanesas, una macaense, una
malaya y uno que no se precisa sino en términos
genéricos que es de la China”. Conviene anotar
que en el caso de una de las javanesas, Clara de
Campoberde, se precisa que estaba casada con
Francisco Xua-rez, un indio criollo de Lima,
oficial zapatero que tiene tienda”, ¿de él o de
Diego Núñez de Campoverde, amo de su mujer?
Diego Núñez de Campoverde era veterano de las
expedicio-nes a Asia y reconocido entre los
principales y más poderosos mercaderes limeños.
En la calle que de la Compañía va a la de
Plateros, en casa del capitán Juan Bazquez de
Acuña se halló un indio que dijo ser de la India
de Portugal de Geba y llamarse Melchior
Chino”. Este asiático a diferencia de los ante-
riores declaró explícitamente que era esclavo del
capitán Sebastián de Zetina. Al igual que él,
otros veintiún asiáticos declararon explíci-
tamente ser esclavos, sin embargo, fueron más
los que implícitamente refirieron ser esclavos, la
mayoría procedentes de “la India de Portu-gal”;
algunos, además, llevaban la marca de la
esclavitud en el rostro, estaban herrados, es
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Japoneses, chinos e indios en Lima cosmopolita de inicios del siglo XVII
decir marcados con fierro caliente en la
cara o en la barbilla.
Para continuar con el empadronamiento en
el que llevaba ya varios días, Miguel de Con-
treras volvió en dirección de la Plaza Mayor, a
la actual cuadra cuatro del jirón Carabaya,
Cuadra en la que vive el señor doctor Montal-
vo Oidor de esta Real Audiencia y el Secretario
de Gobierno”, ahí en una tienda encontró a un
indio que dijo ser natural de Xapón y llamar-se
Diego del Prado, y ha tres años que está en esta
ciudad y usa oficio de soletero y abridor de
cuellos y ser de veinticuatro años y soltero, y no
tiene hijos ni hacienda”. Aquí mismo estaba
trabajando otro indio que dijo ser natural del
Xapón. Y ha un año que está en esta ciudad y
usa el oficio de Soletero y soltero y de dieciocho
años”. Ahora Miguel de Contreras estaba ante
dos naturales de Japón o Xapón como se decía
entonces. Y teniendo clara conciencia de que
este era un reino aparte de la China, los dife-
renció como Yndios del Xapón”.
Así fue discurriendo la labor de empadro-
namiento de los indios en Lima de 1613 por
el escribano real Miguel de Contreras; visitó
casa por casa y calle por calle, cuantas tien-
das y talleres pudo encontrar, terminando En
veintinueve de septiembre de mill y
seiscientos y trece años”. Pero como algunos
indios no se encontraron al momento que el
empadrona-dor visitó las casas donde vivían,
Miguel de Contreras volvió a visitar las casas
de la ciu-dad, terminando en dieciocho de
enero de mil y seiscientos catorce años”.
En total contabilizó 2113 personas catalo-
gadas como indios. De ellos, 1917 fueron ca-
talogados como yndios e yndias de estos Rey-
nos”, es decir del virreinato del Perú; 82 como
yndios e yndias de Chiley 114 como yndios
e yndias de la China y el Xapon e Yndia de Por-
tugal”. Pero solamente estos últimos fueron re-
gistrados aparte, al final del Padrón.
El Padrón y lista de los yndios e yndias de la
China y el Xapón e Yndia de Portugalapare-
ce en la parte final del Padrón, ocupando las
páginas 237 al 246. Y cabe anotar que a dife-
rencia de las partidas de los indios del Perú,
que son más prolijas en datos, las de los asiá-
ticos son escuetas, llegando en algunos casos
sólo a mencionar el nombre de la persona a la
que sirven, el nombre del indio o india y el
lugar de procedencia de manera genérica.
Yndios e yndias de la Yndia de Portugal
Constituyen el grupo más numeroso de los
asiáticos del Padrón, que en total suman cin-
cuenta y seis. Lamentablemente, es el grupo
cuyas partidas ofrecen menos datos. Doce de
ellos ni siquiera precisan nombre, treintaisie-te
no refieren el pueblo de donde provenían,
genéricamente están registrados como de la
India de Portugal”, designación que como ya
se señaló hace referencia a una serie de po-
sesiones portuguesas en el sudeste asiático;
pero por los otros diecinueve se puede tener
alguna precisión de los pueblos de donde eran
originarios. Siete eran de Malaca en la ac-tual
Malasia, es decir malayos; dos de la isla de
Java, es decir, javaneses de la actual
Indonesia; uno de Busarate, uno de Chauli,
uno de Ko-chi, estos tres últimos de la actual
India; uno de Bengala, uno de Macán, uno de
Camboya, uno de Geba, uno de Pigo, uno de
Salao y uno de Mancasar.
En cuanto al tiempo de residencia en la
ciudad de Lima, el más antiguo parece ser un
esclavo de Camboya de quien no se precisa el
nombre, pero manifestó estar desde el tiempo
del virrey Luis de Velasco, es decir, posible-
mente desde 1596, lo que equivale a una re-
sidencia de 17 años; si tenemos en cuenta que en
1613 tenía 25 años, entonces debió de venir a
los ocho años de edad. Sin embargo, otros dos,
uno de Xaguay y el otro de Busarate, ma-
nifestaron que tenían 24 años de edad y que
vinieron a Lima muy pequeños. Antonio, de 19
años de edad, precisó estar en Lima des-de
hacía 13 años; y otro indio que no dijo su
nombre ni edad, más que era natural de Salao,
manifestó tener 12 años de vivir en esta ciu-dad.
Beatriz de Campoverde natural de Mala-ca, y
Andrea Ana, natural de Mancasr, decla-raron
tener 10 años de residencia. Otros tres
| Cátedra Villarreal | V. 3 | No. 2 | julio-diciembre | 2015 | 165
José Vega Loyola
tenían ocho años; y los demás menos de ocho,
incluso, algunos solo meses de llegados.
Cuatro declararon explícitamente venir de
Nueva España, el actual México; sin embargo,
creemos que la mayoría, sino todos, vinieron
por ahí, pero dado lo escueto de las partidas en
el Padrón, no se especifica este dato.
En cuanto a actividad económica a la que
se dedicaban la mayoría, era la de sirvientes
en condición de esclavos, dos sastres
esclavos, un zapatero esclavo, un tirador de
oro esclavo y un albañil también esclavo; en
total hemos identificado en este grupo de la
Yndia de Por-tugal a treinta y seis esclavos.
De este grupo, además de la del ya men-
cionado sastre Juan Rodríguez, conocemos algo
más sobre María Bázquez. Esta mujer declaró
ser natural del pueblo de Cuchi, el ac-tual puerto
de Kochi en el sur de la India; tener 28 años y
ser casada con un indio de China llamado
Francisco Pérez de 40 años de edad. Pero
además declaró que vivía en la calle de
Malambo en la parroquia de San Lázaro, en casa
de un indio llamado Gregorio Hernán-dez. Este
último dato ha permitido conocer que esta pareja
de esposos asiáticos eran es-clavos del referido
indio Gregorio Hernández, quien fue un
personaje conocido, por cuanto en 1613 ejercía
el cargo de alcalde de los indios de la ciudad de
Lima, y como tal acompañó al escribano real
Miguel de Contreras, en las diligencias de
empadronamiento de los in-dios. En el mismo
Padrón refiere ser natural de San Idelfonso
pueblo nuevo de Cherrepe pro-vincia de Saña
(…) Y habrá diecisiete años que reside en esta
ciudad, y es labrador y de cuaren-ta años (…) Y
casado con una india llamada Elena de
Barrionuevo natural de esta ciudad,
(…) Y tienen por hacienda estas casas en
que viven y una negra llamada María y
dos negros: uno Juan y otro Francisco”.
Yndios e yndias de la China
El segundo grupo por la cantidad lo consti-
tuyen los denominados yndios e yndias de la
China”, que en total sumaron treintaiocho. De
estos quince están registrados genéricamente
como de la China”; de los veintitrés restan-tes,
catorce eran originarios de Manila, uno de
Vombon, uno de Pampanga, uno de Penaqui,
pero todos de las Filipinas; tres de la isla de
Java, es decir, eran javaneses; dos de Malaca en
la actual Malasia, o sea, malayos; y uno de
Macán, el único de China.
En lo referente al tiempo de residencia en
Lima, la más antigua parece ser María, natu-
ral de la China del pueblo de Xagua. Y ha
veinte años que vino de su tierra y es libre y
será de cuarenta años”. Alonso Guzmán de 35
años de edad, declaró que tenía 18 años
viviendo en esta ciudad; Isabel de Campoverde,
de 25 años, 16; Andrés Pérez de 32 años, 14;
Clara de Campoverde de 30 años, 13; Francisco
Manila de 40 años, 10. Otros tres manifestaron
tener ocho años y el resto menos.
De este grupo, solo uno, Diego Mantigón,
manifestó explícitamente, “Y ha nueve meses
que vino a esta ciudad de la de México”. Pa-
blo Perera, “haber pasado a este reyno en el
navío de Simancas”. Los demás no lo dijeron;
sin embargo, creemos que la mayoría entraron
por la Nueva España, pero dado lo escueto de
los datos de sus partidas en el Padrón no se
es-pecifica.
En cuanto a la actividad económica a la
que se dedicaban, ocho eran soleteros, ocho
abri-dores de cuellos, siete sirvientes y uno
cantero; los demás no precisan actividad
económica. Sin embargo, como ya se
manifestó anterior-mente, los oficios como
los de soletero y abri-dor de cuellos
encubrían a distribuidores de mercaderías
en tiendas al por menor, lo cual nos lleva a
pensar que varios de estos in- dios chinos,
en realidad estaban dedicados al co-mercio.
En este grupo sobresalen Andrés Tacotan y
Andrés Pérez. La partida del primero en el
Padrón dice, En la calle de las Descalzas, en
una tienda de Simon Diaz se halló un indio que
dijo llamarse Andres Tacotan y ser natural de
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Japoneses, chinos e indios en Lima cosmopolita de inicios del siglo XVII
Manila, en la China, y oficial soletero y abridor
de cuellos, y de edad de veinte años y soltero. Y
que la dicha tienda la tenía por alquiler, y ha
que está en esta ciudad tres años”. Pero, en el
mismo Padrón, Lorenzo Casavilca, indio na-
tural de Huarochirí y otro indio que no pre-cisó
su nombre dijo serlo de la China y na-tural del
pueblo de Penaqui cerca de la ciudad de
Manila”; ambos manifestaron que Andrés
Tacotan era propietario de las tiendas y les al-
quilaba tiendas y viviendas. ¿Qué hizo que en
sólo tres años se convirtiera en propietario? Si
nos atenemos a lo afirmado por Pedro León
Portocarrero, el judío portugués, estos indios
serían testaferros de prósperos comerciantes
españoles de mercaderías de contrabando.
En la partida de Andrés Pérez, en el Padrón,
se consigna: En la calle de los Mercaderes se
halló un indio soletero que dijo llamarse Andres
Perez y ser natural de Manila en la China. Y
haber catorce años que está en esta ciudad y
hera su encomendero el Mariscal Pedro de
Bera y que es de treintidos años. Y es casado
con Isa-bel Mexía india natural de Manila que
será de veinte años, y tienen dos hijas: Una
Maria de cinco años y otra Andrea de año y
medio y un hijo llamado Francisco de tres años.
Y tienen su tienda en la Puerta de Pedro de
Urdanivia y posa frente de la puerta falsa de La
Encar-nación”. Pero en el mismo Padrón,
aparecen otras dos partidas donde se precisa que
Pérez era propietario de la casa en que vivía y
de una tienda en la calle de Mercaderes. Al
respecto cabe indicar que la referida calle de
Merca-deres era, en 1613, el lugar donde
estaban es-tablecidos los grandes negocios de la
ciudad; Pedro de León Portocarrero, el conocido
judío portugués, la describe así:
La calle de los mercaderes, donde siempre
hay por lo menos cuarenta tiendas llenas de
mercaderías surtidas de cuantas riquezas
tiene el mundo. Aquí está todo el principal
negocio del Perú, porque hay mercaderes
en Lima que tienen un millón de hacien-da
y muchos de quinientos mil pesos y de
doscientos, y de ciento son muchísimos
(…) Envían sus dineros a emplear a Espa-
ña y a México, y otras partes. Y hay algunos
que tienen trato en la gran China”; y luego a
renglón seguido escribe “…Todos los mer-
caderes son diestros en comprar, que hay tal
mercader que coge todas las memorias que
salen a la plaza para vender, y la reta-za todas
en poco tiempo, y de allí escoge y compra las
que mejor le parece. Con esto se puede
entender lo que son mercaderes de Lima, y
vende el bisorrey hasta el arzo-bispo. Todos
tratan y son mercaderes, aun-que por mano
ajena y disimuladamente (De León
Portocarrero: 2009, pp. 48; 50).
¿Era Andrés Pérez uno de esos prósperos
comerciantes o solo era testaferro de otros?
Nuestro conocimiento del Padrón sugiere que
los declarantes trataron de minimizar su nivel
económico, pero Pérez manifestó
explícitamente tener tienda en esta calle. Al
respecto conviene tener en cuenta el caso de
Luis de Encío y Juan de Páez en la Gua-
dalajara del siglo XVII, estudiado por Mel-ba
Falck y Héctor Palacios, que demuestran
cómo estos migrantes asiáticos lograron
abrirse paso hasta ingresar a la alta socie-dad
tapatía (Falck & Palacios, 2009 y 2014).
Yndios e yndias del Xapon
El tercer grupo, el de los yndios e yndias del
Xapón”, suman en total veinte. La mayoría
registrados genéricamente como del Xapon”;
solo de uno se precisa que era de Mangaçate,
actual Nagasaki, en Japón; de dos que fueron
esposos se sabe que nacieron en Goa, en la In-
dia, pero de padres japoneses; del hijo de estos
es incierto el lugar de nacimiento, aunque es
muy posible que haya nacido en el Perú.
En lo referente al tiempo de residencia en
Lima, solo dos fueron explícitos: Diego del
Prado manifestó tener tres años en Lima, otro
que no precisó su nombre manifes una re-
sidencia de un año. En la información que
corresponde a uno que dijo llamarse Xapon, de
26 años de edad, se indica: Y está en esta
ciudad desde que vino el señor virrey marqués
de Montesclaros”, es decir, desde fines de 1607,
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José Vega Loyola
por lo tanto, llevaba seis años en Lima. Pero
al parecer los que mayor tiempo tenían en la
ciudad fueron Tomás y Marta, una pareja de
esclavos japoneses nacidos en Goa, en la
India; aunque no precisaron el tiempo de
residencia en Lima, él manifestó tener 28 años
de edad y el hijo de ambos, Francisco, siete
años, quien debió nacer en Lima, por lo tanto,
esta pareja de esclavos llevaba más de siete
años en este lugar. De los demás no se precisa
ni edad ni tiempo de residencia en la ciudad.
Es particu-lar el caso de un mestizo, ya que el
Padrón lo es de indios, quien manifestó ser
hijo de una india xapona llamada Francisca
Montera y de un español llamado Pablo
Fernandez y que es libre y soltero de hasta
dieciocho años y es recién venido de México”.
De este grupo, solo este mestizo manifes-
explícitamente venir de Nueva España; él
ya mencionado Xapon, que vino con el virrey
Montesclaros, implícitamente vino de este
mismo virreinato. Los demás no lo consig-
naron, sin embargo, debieron hacerlo por esa
vía. Aunque la pareja de esclavos japoneses
de Goa pudieron haber venido directamente
en alguna de las naves que fueron a Asia y en
las que tuvo participación el dueño de dichos
es-clavos, Jusepe de Rivera.
En cuanto a actividad económica a la que
se dedicaban, dos manifestaron ser soleteros,
dos abridores de cuellos y cinco sirvientes.
Aunque al igual que en los grupos anteriores,
los oficios de soletero y abridor de cuellos en-
cubrían a comerciantes.
En este grupo de los japoneses de Lima,
sobresale la figura de Xapón, en cuya partida del
Padrón se puede leer En la calle de San Agustín
frontero de su iglesia en una tienda la tenía de
abridor de cuellos, un indio que dijo llamarse, y
serlo y natural del Xapón de un pueblo llamado
Mangaçate, y allá no hay ca-cique ni
encomendero que todos los indios son libres. Y
está en esta ciudad desde que vino el señor virrey
marqués de Montesclaros y dijo ser abridor de
cuellos y de 26 años. Y es casado con una mujer
llamada Andrea Ana, la cual dijo ser
natural de la India de Portugal de casta Man-
casa que así se llama su pueblo, y ha diez años
que está en esta ciudad, y ha sido esclava de Pe-
dro Tenorio y ahora es libre, que la rescató su
marido en trescientos pesos de a ocho reales. Y
no tiene hijos, y ella será de veinticuatro años”.
El texto nos plantea las siguientes preguntas
¿Que hizo Xapon que con su modesto oficio de
abridor de cuellos, en solo seis años, llegara a
tener tienda propia y reunir 300 pesos para
comprar la libertad de su mujer? ¿Qué cua-
lidades tenía como para que el virrey Mon-
tesclaros lo trajera de México en su séquito de
sirvientes? El mismo texto nos da algunas
pistas. Nótese que este indio japonés evitaba
identificarse con nombre cristiano y apelli-do
hispano, así al ser japonés por sus cuatro
costados, no estaba obligado a pagar diezmos ni
primicias; al ser indio forastero, es decir, al estar
más de diez años fuera de su lugar de origen,
quedaba exceptuado de cualquier tri-buto, pero
para mejor precisar, manifiesta que del pueblo
de donde él viene todos los indios eran libres,
con lo cual está evidenciando que conocía el
derecho japonés, pues Toyotomi Hideyoshi en
1587 suprim la esclavitud de los japoneses.
Estamos pues ante un hábil co-merciante que
conocía la legislación japonesa, cristiana,
hispana e indiana. ¿Sería por eso que
Montesclaros lo trajo entre su séquito de cria-
dos? ¿Sería Xapon una de las manos ajenas
que regentaban los negocios del virrey?
Sobresalen también dentro de este grupo
Diego del Prado y otro del cual no aparece su
nombre. Aunque ellos en sus partidas del
Padrón son escuetos en sus datos, el primero
manifestó ser soletero y abridor de cuellos, y
el segundo solamente soletero; otros indios
manifestaron que los dos eran criados de Juan
Jiménez de Montalvo, oidor de la Real Au-
diencia, y que vivían en su casa y regenteaban
sus tiendas. Conviene precisar que el mencio-
nado oidor fue el comisionado para combatir
el comercio de mercaderías de contrabando
venidas de China.
Ya se ha dicho algo sobre la familia de es-
clavos japoneses formada por Tomás, Marta
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Japoneses, chinos e indios en Lima cosmopolita de inicios del siglo XVII
y Francisco. Los tres eran esclavos de Jusepe de
Rivera y Dávalos, uno de los vecinos más
importantes de Lima, hijo del conquistador y
primer alcalde de Lima, Nicolás de Rivera;
Jusepe había llegado a ser alcalde de Lima du-
rante cuatro periodos antes de 1613, y lo fue
después en tres periodos más. Estuvo entre el
grupo de grandes comerciantes que en 1583
enviaron mercaderías en el Nuestra Señora de
la Cinta de regreso a Manila, y como socio en
otras operaciones comerciales con Asia duran-te
la década de 1590, por lo cual resulta posible
que en una de estas operaciones hayan venido
sus dos esclavos japoneses de Goa, en la India.
Y aunque no se ha encontrado la partida de
matrimonio, estos debieron casarse en Lima;
tampoco conocemos la partida de nacimiento de
su hijo Francisco que debió de haber naci-do en
esta ciudad, y por lo tanto es el primer
descendiente de japoneses nacido en el Perú del
cual se tiene conocimiento.
El mestizaje de todas las sangres
Quizá uno de los temas más trascenden-
tales que documenta el Padrón es el mesti-
zaje biológico asiafrohispamericano. De los
24 indios e indias del Asia que manifestaron
explícitamente estar casados, solo 11 lo hi-
cieron con otro asiático o asiática, los otros 13
lo hicieron con afrodescendientes, indios e
indias y mestizos del Perú. Y producto de ello
se registra 15 niños por cuya sangre co-rría en
fusión vital componentes del Asia, África,
Europa y América.
Si nos atenemos a las estadísticas, los 13 que
establecieron relaciones matrimoniales interét-
nicas, constituyen el 54.16% del total de casa-
dos; y si proyectamos esta cifra al total de 114
asiáticos, tenemos que un 61.74% es decir 70
asiáticos potencialmente, contraerían matri-
monio con no asiáticos, y la proyección de los
nacimientos sería de 81 niños por cuya sangre
correrían componentes asiáticos; lo cual nos da
una idea de la magnitud de este mestizaje.
Lo cierto es, que para 1613, Ana ya tenía
12 años de edad, era limeña de nacimiento,
hija de María natural de la China del
pueblo de Xagua y de Lorenzo indio
natural de Caja-marca del Perú.
Francisco Manila se casó con una mestiza de
Huánuco y sus hijos, Francisca de cinco años y
Juan de dos, tenían componente san-guíneo
asiahispamericano; el mismo que ten-drían los
hijos de Juana de Sigura natural de la China
casada con Marco de Aragón mestizo.
Juan López natural de Manila se casó con
una negra criolla de Lima a la que liberó com-
prando su libertad, llamándola desde entonces
Juana López. Un natural de Pampanga en la
Chinase casó con una negra llamada Ana
Biafara libre y tenían dos hijos, María de
cin-co años y Salvador de cuatro. Pedro de
cas-ta Xaguay se casó con una esclava
morena llamada Juana Angola y tenían
cuatro hijos, María de siete años, Juliana de
cuatro, Antonio de tres y Marcelo de seis
meses. Francisca de Quesada natural de Pigo
en la India de Por-tugal, se casó con Luis de
Quesada mulato y tenían tres hijos, Juana de
seis años, Melchora de cuatro y Francisco de
dos. Esto evidencia no solo el mestizaje
asiafricano, sino asiafro-hispano.
Discusión
Ya es tiempo de que revisemos la
historia de las migraciones en el Perú y
situemos en el periodo que le corresponde, a
una serie de mi-norías que por ser tales, han
sido ignoradas en la historia que se enseña.
La presencia de asiáticos en el Perú de ini-cios
del siglo XVII, está explícitamente docu-mentada
en el Padrón. Sin embargo, como casi nadie puso
atención a la parte final referida al Padrón y lista
de los yndios e yndias de la China y el Xapon e
Yndia de Portugal, la presencia de estos asiáticos
permaneció casi desconocida.
Es también preciso, revisar la historia del
mestizaje, pues se asume este solo cuando se
da entre españoles con indios o negros; sin
embargo, hubo un mestizaje al interior del
grupo indígena, pues no eran todos iguales
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José Vega Loyola
étnicamente, y lo mismo sucede con la pobla-
ción asiática y afro descendiente. El Padrón
precisamente documenta este tipo de mestiza-
je. Matrimonios de indios e indias de grupos
étnicos distintos, un indio de Panamá con una
india de Potosí, uno de Cartagena con una de
Arica, uno de Guayaquil con una del Collao,
uno de Bogotá con una de Chile, y así; pero
también, con españoles, con afro descendien-
tes, con asiáticos, y también con mestizos y
mulatos.
Otro rubro que el Padrón nos obliga a
revisar es la cuestión de la esclavitud, tradi-
cionalmente vista como de negros africanos,
pero ahora a partir de sus informaciones,
tener en cuenta también, esclavos asiáticos
y un importante número de esclavos chile-
nos. Además de replantear la esclavitud en
el sentido de una condición legal, pero que
en algunos casos no anula las posibilidades
de mejoras económica y de las condiciones
de vida en general.
Es preciso también, revisar el contenido
de la palabra indio, a partir de su compo-
nente étnico, que incluye tanto a los de las
Indias Orientales como a los de las Indias
Occidentales. Además de verlos no como un
grupo homogéneo, de individuos oprimidos,
subyugados, dependientes e inermes ante su
situación, sino como un grupo sumamente
heterogéneo, entre los cuales los indios de
Lima, y entre ellos los indios asiáticos, des-
tacan como un grupo que se desempeñan en
actividades urbanas con relativo éxito, lo-
grando una cierta posición económica que
los diferencia del resto de indios del
virreina-to y les permite insertarse dentro de
la ciudad en mejores condiciones. Nos
presenta pues a indios no serviles, sino más
bien emprende-dores, que se sobreponen a
sus circunstan-cias sin enfrentarse al
sistema sino insertán-dose en él.
Finalmente, el Padrón y lista de los yn-dios
e yndias de la China y el Xapon e Yndia de
Portugal, constituye la prueba documental del
carácter cosmopolita de la ciudad de Lima
de inicios del siglo XVII, ciudad habitada
por gentes de las cuatro partes del mundo
como se decía entonces; recordándonos que
el Perú en general y Lima en particular ha
sido siem-pre un espacio de convergencia y
de síntesis producto de lo cual ha emergido
nuestra rea-lidad mestiza.
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En este artículo se hace uso de citas
extraídas del Padrón y lista de los yndios e
yndias de la China y el Xapon e Yndia de
Portugal, sin em-bargo, este documento no
se encuentra en las referencias.
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