1tedra Villarreal | Lima, perú | V. 8 | N. 2 | julio - diciembre| 2020 | e- issn 2311-2212
La pandemia del machismo: Masculinidades en tiempos
del COVID-19

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         
          
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Keywords:
RESUMEN
         
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Palabras clave:     

     
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
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tedra Villarreal | Lima, perú | V. 8 | N. 2 | julio - diciembre | 2020 | e- issn 2311-2212
Introducción
El planeta se encuentra en una emergencia sanitaria
que enfrenta a raíz del COVID-19. A este virus que
ha paralizado todas las actividades, se le suma una
preocupación más: el machismo, y es que, se debe
tener la conciencia de que este no cesa durante esta
pandemia, sino que se refuerza. El machismo es una
actitud que nace del sistema de opresión conocida como

en la sociedad, es decir, de él como centro superior y todo
lo que sea diferente estará siempre debajo. Tal como se



sobre la mujer, engrandeciendo ciertas cualidades
masculinas como la agresividad o la independencia
y denigra ciertas “características de las mujeres”
como sumisión y dependencia. Esta ideología está
más presente en la cultura latinoamericana (Moral
de la Rubia y Ramos, 2016).
Si bien el machismo es una actitud general en
el ser humano, los síntomas claros se evidencian,
principalmente, en los hombres porque creen que
tienen el poder de acosar a la mujer en la vía pública,
invadir su espacio, tratarla como objeto y decidir por

machismo como un “rasgo cultural que tiene el propósito
de satisfacer una necesidad psicológica resultante
del complejo de inferioridad de cada individuo del
sexo masculino” (p.307). Sin duda, esta construcción
cultural e histórica ha naturalizado las violencias y las
desigualdades en detrimento de los derechos de las
mujeres. Es en este contexto que ello se hace evidente
donde las mujeres sufren un grave impacto diferenciado
en la crisis del COVID-19 puesto que las coloca en un
estado de vulneración mucho más fuerte. Este malestar
es mucho más enérgico que el mismo virus debido a
que se ha normalizado en el tiempo. No hay vacunas y

la pandemia, puesto que existe un gobierno débil que
       
ofrece conciencia del problema. En estos momentos
de pandemia, aislamiento y vulnerabilidad es propicio
indagar como hombres sobre lo cotidiano, lo doméstico,
la intimidad y círculos de afecto.
Precisamente, la presente investigación analiza las
herramientas y desafíos de las masculinidades en las
diferentes esferas de la sociedad y cómo desde ellas
es posible caminar hacia el reconocimiento de una
sociedad más justa y equitativa. El cómo percibir las
consecuencias de esta pandemia no como negativas
sino como una estrategia para repensar el papel de
los hombres en la organización social del cuidado y la
reconexión con la ternura desde nuevas masculinidades.
La masculinidad
Se concibe a la masculinidad como un producto
histórico que, como toda categoría cultural, es dinámica.

sociales, que se encuentran atravesadas por múltiples
factores personales, económicos, culturales, sociales
y políticos, y se producen a través de variados arreglos
institucionales” (p.55). Como bien se expresa, estas
prácticas son culturales y responden a una necesidad
histórica. Entonces uno debería explorar en la historia
cuáles han sido los mandatos de los hombres en distintas
épocas. Por ejemplo, en las películas del contexto de
Semana Santa se aprecia una multitud de hombres
con pelo largo y con faldas, puesto que cada sociedad
establece el tipo de hombre y mujer que necesita para
un orden social, y por ende no es natural sino cultural.
En ese sentido, el comportamiento humano es una

Construcción de la identidad masculina
Esta identidad se forma en la niñez a causa de que el
niño despierta frente al primer espacio socioeducativo
que es el hogar, así como es la madre quien va a ser la
persona abnegada (sumisa en la mayoría de casos) y el
padre quien muestra ser el jefe o autoridad de la familia.
La familia participa, activamente, en los procesos
de construcción de la masculinidad, pues mediante
sus sistemas normativos, prácticas y discursos crea
    
(Guevara, 2006). Este va a ser el primer espacio socio-
educativo donde se le va a transmitir una serie de
convicciones y comportamientos de cómo ser en
sociedad. Pero lo más interesante de este aspecto no
es lo que se les transmite a los hijos, sino cómo se
demuestra su comportamiento con el otro sexo, ya
que ese es un aprendizaje que no se puede deshacer.
Entonces, el niño crece mirando al padre y lo imitará en
el actuar. Si el padre es violento, el hijo será violento y

en caso su madre sea soltera.
El comportamiento que va a desarrollar en sociedad
tedra Villarreal | Lima, perú | V. 8 | N. 2 | julio - diciembre| 2020 | e- issn 2311-2212
será cuando él observe la interacción de su hogar entre
hombres y mujeres, por ende, si todos realizan las labores
domésticas, él aprenderá las labores domésticas. Si
solamente el hombre espera que en el hogar sea asistido,
el niño también reformulará los mismos patrones más
adelante. Es así como se construye la identidad en el
hombre.
¿Por qué los hombres son violentos contra las
mujeres?
Como bien señalamos, al hombre se le enseña a ser
dominante, fuerte y hasta agresivo. En su niñez se le
ejercita para reprimir sus emociones y va acompañado
de la supresión de los afectos, visto que, para su padre,
lo afectivo denota vulnerabilidad. En torno a ello, Pineda
comenta que “esta vulnerabilidad se da cuando existen
condiciones de indefensión, fragilidad y desamparo que,
al combinarse con falta de respuesta o debilidad interna,
conducen a un deterioro en el bienestar por la exposición
a determinados tipos de riesgos” (2013, p.97). Es así que
la cultura del ser masculino consiste en aprender a ser
más “hombre“ y para serlo en esta sociedad el hombre no
debe expresar dolor, miedo, compasión ni ternura hacia
el semejante, porque justamente estos sentimientos
y emociones se contraponen con el ejercicio de
sometimiento. En otras palabras, si él va a someter al otro
      
altamente racional le permite someter a la mujer
más adelante a través de este aprendizaje y, por ende,
desvalorizar lo femenino. De ese modo, la masculinidad
         
(Carabí y Segarra, 2000). Los niños aprenden en nuestra
sociedad que el ser femenino es menos valorado y
de ahí que las mujeres sean menos remuneradas,
en algunos casos realizando la misma función. Así

masculinidades como huida de lo femenino” (p.4). Y es
que ser mujer, lamentablemente, se le ha relacionado
con los siguientes conceptos: Debilidad, fragilidad,
desvaloración y la protección sexual que le debe dar un
hombre. De manera que, la masculinidad se construye
en oposición de lo femenino y debe suprimir los valores
sensibles junto a la parte emocional, además de crear
un ser muy insensible y poco empático con los demás
(Kaufman, 1995). Entonces, si la generación anterior que
se ha educado bajo estos cánones normativos que no
sorprenda que exista violencia hacia las mujeres, ya que
esta se construye, paulatinamente, sobre la base de la
imposición y presión de las emociones. En consecuencia,

la violación sexual, el castigo y la imposición social por
salirse de los regímenes, pero vale la pena aclarar que no
todos los hombres son violentos, solo aquellos que han
crecido con esos roles de masculinidad hegemónica y de
modelos patriarcales.
Sistemas de dominación
En el contexto global de emergencia en el que nos
encontramos es necesario rescatar en qué momento
está llegando este virus y cómo se ha intentado ver
las realidades demasiado sesgadas y no más bien,
entrelazadas o integradas unos con otras. Para aludir
a los sistemas de dominación o sistemas de poder,

profundidad la masculinidad consiste en que los ámbitos
que se tiene para pensarla se originan de sistemas de
dominación que tiene como agentes privilegiados a
los hombres. En ese sentido, los sujetos masculinos
reproducen elementos de poder como el colonialismo y
el capitalismo para sostener estos privilegios donde las
masculinidades son lógicas desmontadas desde estos
sistemas de dominación. Entonces, es interesante ver la
llegada de este virus y lo que implicará posteriormente
en materia social, ya que inevitablemente va a llevar
a repensar qué está pasando con los entronques de
modelos de dominación como lo son el patriarcado,
      
(2010) señala a la alianza del patriarcado y al capital
como la culpable para que se sigan manifestando todas
las opresiones, violencias y formas de dominación que
existen, en el cual las mujeres siguen siendo funcionales
al cumplir con los roles tradicionales asignados por su
distinción de género:
Las formas de opresión hacia las mujeres se
alimentan de tres esferas, pues toda explotación
     
del sistema económico. Por tanto, una acción
política que tiende a superar los machismos
coloniales y occidentales implica, al mismo
tiempo, cuestionar el sistema del capital (citado
por Guzmán y Triana, p.32).
Y es que los tres sistemas de dominación
(patriarcado, capitalismo y colonialidad) están
fuertemente entrelazados para sostener los privilegios
de poder y se enfrentan hoy en día a una realidad que
lleva a cuestionar varias dimensiones.
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¿Cómo enlaza el COVID-19 con el sistema
patriarcal?
En el Perú, el ingreso de los hombres al espacio
doméstico fue obligatorio durante el periodo de
cuarentena entre el 10 de marzo y el 30 de junio del
2020. Es de mencionar que este inevitable ingreso de
los hombres al espacio privado estuvo contemplado de
violencia:
El nivel de violencia ha aumentado a medida que
las familias se ven obligadas a quedarse en casa
debido a la pandemia del COVID-19. Solamente
entre el 10 de marzo, cuando comenzó la
cuarentena, hasta el 10 de mayo, más de 30,000
llamadas saturaron la línea de ayuda para
denunciar violencia doméstica (Kaiser, 2020).
Sin duda esto permea a las mujeres no solo en lo
emocional sino en todos los ámbitos como el laboral,
mercantil o productivo. Al respecto, la antropóloga
Rita Segato (2013) usa el concepto de “pedagogía de la
crueldad” para referirse a la violencia que se ejerce sobre
el cuerpo de las mujeres y cómo esta será crucial para
forjar sujetos frágiles al mercado y al capital. Asimismo,
esta violencia es fomentada por los hombres para
sostener el privilegio y el poder a lo largo de la historia.
A pesar que esta pandemia afecta de manera general a
hombres y mujeres, los datos demuestran que impactó en
doble medida a las mujeres. Precisamente, el Ministerio
de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) informó
que, durante el periodo de aislamiento del 10 de marzo
al 30 de junio del 2020, las mujeres incrementaron 4.1
horas diarias al tiempo que ya dedicaban a las tareas del
hogar, mientras que los hombres solo incrementaron en
3.6 horas diarias. La pandemia trajo como consecuencia
que haya un aumento en el trabajo doméstico y de
cuidado en las mujeres, quienes terminan realizando
dobles jornadas de trabajo-laborales y domésticas-
aumentando también su desgaste físico y emocional.
Esto se debe a la vulnerabilidad de ellas en el asunto del
cuidado y de la violencia.
Si bien en las últimas décadas están emergiendo
reacciones fuertes y contundentes desde los colectivos
de mujeres en cuanto al cuestionamiento del sistema
patriarcal, también la circunstancia debería ser
      
diferentes aristas para encontrarse con estos sentires
diversos que se (re)construyen en los hogares. Asimismo,
es necesario aperturar un diálogo en el que puedan
participar hombres y mujeres para tomar conciencia de
estos sistemas de desigualdad
Masculinidad hegemónica y nuevas
masculinidades
La masculinidad hegemónica es una construcción
histórica, social y cultural que genera y sostiene a
la violencia patriarcal. Según Connell (1997) es una
masculinidad heterosexista que funciona como
estrategia para mantener el poder sobre las mujeres
y otros hombres y, así, dar legitimidad al patriarcado.
Desde esta hegemonía masculina patriarcal, se establece
una relación de sumisión y violenta desde la paternidad
no afectuosa distante y que reproduce ese modelo tanto
en hijos como en hijas. Así, produce que los hombres
ejerzan violencia contra otros hombres que no cumplan
el modelo hegemónico u hombría, e impide la expresión
de emociones, sentimientos y de la palabra, ya que
tiene como característica la fortaleza y la limitación de
la expresividad afectiva. También se caracteriza por las
prácticas de violencia contra las mujeres que, quizás,
sea el campo más amplio de desarrollo de violencia por
parte de este modelo machista de masculinidad (de ahí
que se llame modelo patriarcal), porque establece cómo,
desde los hombres como patriarcas, se establecen todas
las jerarquías de control, poder y desigualdad.
No obstante, al existir estos imaginarios hegemónicos
     
ajenas a esta. De ahí que aparezca el concepto de “Nuevas
masculinidades” o masculinidades alternativas, que
buscan replantear la idea de masculinidad ya establecida
y representar una nueva forma de vivir a través de la
igualdad sustantiva y el respeto. Esta masculinidad
puede fracturarse en un orden patriarcal reconstituido,
que no se admita como forma hegemónica pero que
ocupe una posición subalterna segura y bien reconocida
(Connell, 1993/2003). En ese sentido, se debe promover el
reconocimiento de nuevas masculinidades entendiendo
que los hombres son llamados a formar parte del cambio
y a la transformación de las prácticas patriarcales que
también los han afectado a través de la historia.
Al respecto, Mónica De Martino Bermúdez (2013)
señala que “no se trata de roles, sino de un modelo de
masculinidad ideal que no necesariamente corresponde
al de la mayoría de los hombres” (p.290). Por lo tanto,
existe un proceso por entender y cuestionar el ideal de
aquello que se acota por masculino tradicional puesto
que la masculinidad se aprende, se construye y se
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pueden encontrar formas diferentes de ser hombres.
Vale aclarar que cuando nos referimos a “Nuevas
masculinidades” no es que sean nuevas, sino que hay

en relación a los privilegios, costos personales o sociales
que tiene y sobre la necesidad de crear esa conciencia
en los propios hombres. Esto con el objetivo de poder
      
empáticas, solidarias, saludables y más felices para ellos
mismos (Lomas, 2003). Asimismo, la “consolidación
de las nuevas masculinidades convertirán nuestras
sociedades en sociedades más justas en donde todas y
todos estaremos más cómodos independientemente
de nuestro sexo” (Sanfélix, 2011, p.245). Por ende, las
nuevas masculinidades son el camino a la identidad
de los hombres y de las mujeres para crear relaciones
armoniosas. En este aspecto, si realmente se desea
transformar o facilitar espacios de no violencia para las
mujeres se deben implementar políticas de igualdad
que impliquen a los hombres su transformación y evitar
la construcción de identidades masculinas tóxicas y
violentas.
Consecuencias positivas del COVID 19 en la
cuarentena para los hombres en el ejercicio de
la paternidad y de las labores de cuidado
Quedarse en casa puede suponer un reto muy
grande para los hombres al no recibir una educación
acerca de cómo habitar espacios privados como el
hogar. En consecuencia, en esta emergencia sanitaria
es importante trabajar en las nuevas masculinidades
mencionadas ya que la cuarentena los obliga a
convivir más en los espacios domésticos y eso debe
llevar a cuestionar estas masculinidades hegemónicas
patriarcales y machistas. Es indispensable que, si
padres y madres cuidan de sus hijos al mismo tiempo,
la relación y el desarrollo de una ética del cuidado que
contribuya para la no violencia, sea posible tanto para
el masculino o el femenino, es decir, que el cuidado sea
aprendido por él y para el hijo. Cabalmente, el hecho
      
o de cuidado de forma igualitaria las veinticuatro
horas, debe ser una circunstancia única de desarrollar
cambios, de conocer a los suyos y a las suyas. Si se piensa
gestionar políticas y acciones concretas para trabajar el
modelo de masculinidad hegemónica, se debe saber que
lo hegemónico se elimina solamente redescubriendo el
        
para las personas que los rodean.
Corresponsabilidad y autocuidado
Esta contingencia sanitaria permite construir una
aproximación para aperturar el espectro de asuntos
que eran urgentes abordar. Para empezar, se necesita
enrolarse en las labores domésticas y asumirse en la
corresponsabilidad del trabajo desde el hogar para
así asumir que si, en caso sea obligatorio quedarse en
casa, sea voluntario que uno esté imbuido a desarrollar
actividades que no acostumbraba a realizar. Esto debido
a que los hombres ya no deban estar replegados en el
hogar como agentes inactivos ni reforzar el modelo
en que la mujer los atiende, sino que tienen que
reinventarse, salir de su “discapacidad” doméstica y
entrar en una dinámica familiar distinta. Así como, tener
la palabra “autocuidado” como centro, pues, dentro de
la masculinidad, y esto se profundizará más adelante,
un punto que no se ha considerado es el cuidado de sí
mismo. Los hombres no están acostumbrados a acudir
a los servicios de salud ni a cuidar su cuerpo, pero, dada
la coyuntura que vivimos ya se tiene una conciencia del
cuidado puesto que introspectar en el aislamiento ya es
parte de un autocuidado.
Morbilidad y mortalidad masculina
Por lo general, la mortalidad y morbilidad masculina
son más altas que la femenina en todas las edades, y
este patrón se repite cada año. Según las estadísticas
sanitarias mundiales 2020, recopilación anual de la
Organización Mundial de la Salud (OMS), son factores
biológicos y sociales los causantes que las mujeres
tengan una esperanza de vida de 4,4 años más que los

en el Perú donde el promedio de vida de las mujeres es
cinco años más que el de los hombres y se explica por
razones biológicas, puesto que las mujeres son mucho
más resistentes que los hombres desde el nacimiento
hasta la muerte en todos los contextos a nivel mundial.
Buchalla et al. (1998) indican que “la desventaja
masculina a lo largo del tiempo es el resultado de la
acción de diferentes factores de riesgo ligados a los
aspectos biológicos y a los de género, es decir, culturales,
sociales y de comportamiento” (p.366). Sin embargo, la
historia ha señalado a los hombres como invencibles,
          
presentan mayores índices de mortalidad y morbilidad
según los datos. En la emergencia sanitaria también
está afectando más a hombres que a mujeres en todo
el mundo. De acuerdo con reportes de la Organización
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
Impacto por género en fallecimientos del 16 de marzo al 25 de mayo del 2020
Nota. Minsa(2020)
Nota. Minsa(2020)


contraer la enfermedad del COVID-19 y mueren más que las mujeres al contagiarse en esta pandemia (Figura 1).
Figura 1
Impacto por género en contagios del 16 de marzo al 25 de mayo del 2020
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Como podemos ver en la Figura 2, la sobremortalidad
masculina es visible en cualquier contexto y en todos los
grupos de edades. Pareciera que las pandemias saben
de género, pero lo cierto es que la salud masculina ha
sido muy descuidada y como consecuencia de ello, los
hombres se han vuelto población vulnerable ante este
tipo de virus. Esto no ha sido por una cuestión biológica
sino por determinantes sociales de la salud, ya que se
mueren más temprano que las mujeres por situaciones
relacionadas a su estilo de vida, hábitos, entre otros.
Para ahondar en el tema, Castellanos-Torres,
Mateos, y Chilet-Rosell (2020) determinan que “se han
señalado como posibles causas diferentes factores: una
mayor prevalencia del hábito tabáquico en los hombres,
una diferente respuesta inmunitaria o la presencia de
otras enfermedades que pueden verse agravadas por la
infección (en particular cardiovasculares, respiratorias
y diabetes). También se ha señalado el impacto de
las normas de género en la salud de los hombres”.
Sumaría a estas razones de por qué hay más hombres
contagiados el hecho de que muchos asumen el rol
patriarcal de jefe de hogar, además de que son los que
salen a trabajar a costa de los riesgos. Resulta que, la
construcción de la masculinidad en los hombres incita
que adopten conductas de riesgo y rompan más las
reglas. Por ende, son los que más se infectan y mueren
con este virus, además de que sufren más enfermedades
que también los colocan en vulnerabilidad. Así también,
muchas enfermedades en los hombres han estado muy
descuidadas. Al haber una despreocupación de esas
      
tratadas o abordadas en su fase terminal, ha hecho
rápidamente que acorten su esperanza de vida.
Por el contrario, ellos “presentan una tendencia casi
invariable a mostrarse “fuertes”, activos, “temerarios”,

la muerte” (Bonino, 1992). El problema es que dichos
comportamientos, para ser ejercidos en plenitud,
suponen adoptar actitudes favorecedoras de accidentes:
exposición excesiva al riesgo, minimización del peligro,
susceptibilidad al desafío, subordinación de la salud
y la vida al valor prioritario del prestigio. Esto último
    
su imagen como hombres. En relación a esto, Rivas-
Sánchez (2005) indica:
Este fenómeno podría ser explicado como
producto de la exposición gratuita a riesgos,
la ausencia de autocuidado y los patrones de
conducta autodestructivos a los que, según nos
han mostrado los estudios de las masculinidades,
predispone el modelo dominante de identidad
masculina en nuestra cultura (p.42).
Otro aspecto de esa sobremortalidad masculina se
      
al hombre, en consecuencia, a la exposición al peligro
innecesario para probar esa hombría que les está
provocando un papel nefasto. Como señala Bonino
(1992):
Ser hombre es ser fuerte, arriesgado, competitivo,
exitoso, temerario, activo y prestigioso. Llegar
a serlo supone saber enfrentar los peligros, ser

las normas, y todo con el beneplácito necesario
del grupo de pares (p.6).
Estas características son construidas para que
       
un “verdadero hombre”. Al mismo tiempo, se han
      
vulnerabilidad mientras que a las mujeres no se les
reprime ese sentimiento del miedo y el temor ya
que su función es de cuidar y preservar la vida de sus
seres queridos y por lo tanto ellas si tienen presente
esos sentimientos, pero no para paralizarlas sino
para tomar decisiones de cuidado. Es por ello que los
hombres exponen deliberadamente su vida y la de las
demás personas. Ese es un mal comportamiento que
es consecuencia de cómo han sido construidos como
hombres en la sociedad. El hecho de que no se tome
consciencia de esta situación está relacionado con la
formación de la masculinidad llegando a ser considerada
como factor de riesgo:
Estos valores asignados socialmente al hombre,
a la par de las conductas temerarias a las que
predisponen estos valores una vez incorporados
de los llevan a constituirse en un factor de riesgo
en tres sentidos: riesgo hacia sí mismo, riesgo
hacia mujeres y niños(as) y riesgo hacia otros
hombres (De Keijzer, 1997, p.203).
Este problema no solo es contra los hombres, sino
también para sus familias y la sociedad en su conjunto.
Los hombres muchas veces han sido construidos sobre la
base de creencias de que son invulnerables. Puesto que,
el siquiera pensar que van a enfermarse es un asunto
que denota vulnerabilidad, debilidad y por lo tanto no
es de hombres. Sin embargo, no es que los hombres
no tengan miedo, sino que se les ha prohibido sentirlo,
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
valores masculinos tiene su tenebrosa contrapartida en los miedos y las angustias que suscita la feminidad: débiles y

con la cólera y la rabia en su vida. Entonces, ese es un elemento importante que ha hecho que los hombres, durante toda

emociones que se les ha reprimido en la infancia.
Nota. Sako-Asko (2017)
Por consiguiente, la represión de emociones está
vinculada a ese modelo hegemónico de masculinidad,
el cual Beno De Keijzer lo señala como el modelo que
tiende a incorporar en los hombres una serie de valores
como la “competencia, la agresividad y la independencia
que, al ser interiorizados a través de este sistema
pedagógico, estimulan el desarrollo de conductas
violentas y temerarias” (p.202). Precisamente, estos
valores condicionan la manera en que habitan el mundo
y organizan sus relaciones humanas.
De igual manera, se tiene conocimiento que la
mayoría de personas arrestadas por desacatar las
medidas del Estado en el aislamiento social obligatorio
han sido hombres. Mientras que, a las mujeres, en
la mayoría de casos, se les ha detenido comprando
alimentos para cumplir con su rol tradicional de los
cuidados del hogar; los hombres detenidos, también
en su mayoría, han sido encontrados con bebidas del
alcohol, y en segundo lugar para jugar y reunirse entre
ellos.
En resumen, ser hombre en esta sociedad implica
tener una posición de poder y tener privilegios y eso se
debe tomar conciencia para poder cambiarlo. Así como
tratar de construir relaciones con equidad con sus hijas
o parejas para comprender esta coyuntura como una
estrategia.
Anulación del “pico y placa” por género
En el inicio del estado de emergencia, se dispuso
un decreto que establecía el tránsito diferenciado
para hombres y mujeres o más conocido como “pico y
placa”, con el propósito de reducir las aglomeraciones
y el riesgo de contagios en el Perú. Es decir, solo un
miembro por familia (hombre o mujer) podía salir a la
calle para actividades esenciales como abastecimiento
de alimentos, medicamentos o realizar transacciones
bancarias. Esta medida solo duró ocho días porque no
alcanzó los resultados esperados y, en cambio, recibió
muchas críticas. Ahora, este error -bienintencionado-
que cometió el gobierno al restringir las salidas
por género evidenció otros problemas culturales y
normativos. El asunto es que se trató de desarrollar una
política de igualdad cuando en realidad partimos de
situaciones totalmente diversas y distintas. Se debe tener
en cuenta que, histórica y socialmente, a las mujeres se
les fue asignado el espacio doméstico el cual comprende
no solo las actividades de quehacer doméstico, sino todo
lo relacionado a este para cumplir ese rol.

Explicación gráca de lo que hay detrás de muchas emociones en los hombres
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Con relación a ello, Diana Miloslavich Túpac,
coordinadora de participación política de Flora Tristán
señaló al periódico France 24 lo siguiente:
Hay una desigualdad en el trabajo doméstico
no remunerado, que es algo que ya conocíamos,
y creo que la restricción ha servido para
constatarlo. Ya sabíamos que las mujeres
trabajan o se ocupan del hogar un promedio de
12 a 15 horas más que los hombres, pero creo que
lo interesante de esta medida fue haber puesto
este hecho en reconocimiento nacional. Fue casi
como mirarnos frente a un espejo (Bazo, 2020).
Quizá esta medida pudo haber partido de una
buena intención pero, lamentablemente, contuvo un
desconocimiento de la realidad de las relaciones de
género en nuestro país, y es por eso que los días que
le tocaba a las mujeres (martes , jueves y sábado) hubo
una mayor aglomeración en las compras del mercado
puesto que ellas han sido las que se han encargado esa
actividad por siglos, además, este decreto promovió
una mirada binaria de la sociedad que discrimina a

un punto a resaltar es el reforzamiento de los patrones
socioculturales que le ha dado las redes sociales y la
prensa cuando se burlaba de los hombres que salían a
comprar, señalando que ellos eran unos ineptos que no
sabían a lo que iban al mercado y que el día siguiente
que le tocaba a las mujeres, ellas iban a devolver lo
que habían comprado ellos. Es decir, los medios de
comunicación se burlaban y reproducían esos roles
que a la vez demuestran que todavía existen patrones
socioculturales todavía tan arraigados en la sociedad
que requiere un serio proceso de transformación.
En relación de las compras al mercado, pareciera que
las mujeres se han vuelto expertas porque la sociedad
las ha especializado en ese campo, aun cuando ellas,
en su gran mayoría, ya trabajan en otros ámbitos. Ellas
tienen un doble rol: desarrollan sus actividades extra-
domésticas para traer ingresos a su hogar, pero también
asumen los roles de quehaceres domésticos y los

sino a cualquier persona que esté en la situación de
desventaja o vulnerabilidad en la casa, ya sea enfermos
o personas de la tercera edad, obligatoriamente tienen
que asumirlo las mujeres, con el escaso o nulo apoyo de
los hombres.
Lo acontecido debe haber servido como experiencia
para que las políticas públicas tengan en cuenta esta
situación tan desigual y discriminatoria de esos patrones
socioculturales tan arraigados, puesto que es necesario
gestionar una inmensa inversión de la sociedad en su
conjunto y especialmente, desde el Estado para cambiar
esa realidad desde la niñez con la ayuda de los medios de
comunicación.
Esta coyuntura, a pesar de haber acentuado las
discriminaciones de género, habilita las proporciones
para cuestionar este sistema ya que se expone en
evidencia y, por lo tanto, se puede aprovechar este
acontecimiento para cuestionar la realidad como se la
concibe. Ahora, puede que se piense que lo primordial
acá es la salud y el cuestionamiento del modelo
patriarcal verlo después, pero esta debería ser la
verdadera oportunidad para cambiar los roles de género
de la sociedad y la familia, lo cual se debe trabajar
constantemente a pesar de la situación. Se tendría
que haber aprovechado herramientas para poder ir
sensibilizando sobre todo a la población masculina
en desnaturalizar que las actividades domésticas son
propias de las mujeres.
Este “pico y placa” para las personas tendría
que ir acompañado con mensajes muy creativos de
sensibilización a los hombres y reestructurar los
patrones sociales y culturales que, en este periodo de

de comunicación y de las políticas públicas.
Desafíos poscuarentena para los hombres
Hombres y mujeres forman parte del mismo sistema
patriarcal pero dado que a los hombres se les ha otorgado
el “poder”, su lugar de responsabilidad no es el mismo.
Al igual que las mujeres también agreden, su lugar desde
donde reaccionan agresivamente o ejercen esa violencia
no es el mismo que el de los hombres que, por principio,
ellos lo imponen desde una lógica de poder o de jerarquía
absoluta. Desde ese lugar es que los hombres poseen
mayor responsabilidad, además realizan de una manera
tan sistemática la violencia contra las mujeres que eso
causa que se piense que es por una razón de género por
la cual los hombres ejercen agresión contra las mujeres.
Las luchas en género no son las mismas de las
mujeres que para los hombres, ya que en el caso de
ellos deben gestionar una lucha de deconstrucción,
de desempoderamiento, debido a que se encuentran
en este poder, en un ejercicio distinto al que hacen
las mujeres en el orden social. Por lo pronto, deberían

 tedra Villarreal | Lima, perú | V. 8 | N. 2 | julio - diciembre | 2020 | e- issn 2311-2212
futuro, reorganizar, replantear y ver cómo aprovechar
de lo que se ha aprendido. Asimismo, esperar que lo
que se ha vivido en este tiempo se instale y se traduzca
en una práctica cotidiana. No solo cómo se perciben
sino cómo se autoperciben y encontrar una manera de
relacionarse. Que sea una ventaja para conocerse más,
ampliar sus horizontes y generar nuevas interrelaciones
por los canales que se van presentando y si pueden
realizarlo, esta crisis va a ser muy aprovechada y sumará
a esta oportunidad que como sujetos deben seguir
creciendo hacia adelante.
Es importante pensarse como sujetos, pero también
como colectividades en transformación constante
puesto que, en la medida que se piensen también como
sujetos colectivos y personas que están en proceso de
transformación constante, les ayudará a pensar y no
estar en clave colonial o uniformizada. Nadie está seguro
que pasará después de la pandemia o cómo afectará esto
a la humanidad, pero lo que sí está claro es que no será
igual y eso es una oportunidad que no se puede perder

y construyendo respuestas después de este aislamiento
que se vive.
Conclusiones
Es necesario analizar el concepto de masculinidad
hegemónica y replantear la pluralidad de nuevas
masculinidades que surgen en la actualidad para
contrarrestar la subordinación de un modelo de
masculinidad supremacista que se ha predominado
con artimañas y persuasiones— a lo largo de la historia
y la cultura.
Sin duda esta pandemia ha puesto en evidencia cómo
se deben deconstruir las masculinidades para ejercer
cambios desde el hogar a través de la corresponsabilidad
y el autocuidado. El cambio de actitudes, uno de los
objetivos importantes en prevención, debería incluir
     
y cambio en algunos de los comportamientos que
   
sobre el trabajo doméstico y de cuidado no solo como
una responsabilidad familiar, sino también como una
responsabilidad social gestionada desde los hombres
como referentes de construcción en lo cotidiano y en las
políticas públicas.
Las mujeres no solo están resistiendo al COVID-19
sino también al machismo generado, principalmente,
por los hombres, por lo tanto, este momento debe
ser una oportunidad para que las autoridades tanto
del ministerio de la mujer, de salud, de educación o
los medios de comunicación puedan crear espacios
       
socioculturales y las relaciones desiguales entre
hombres y mujeres. El Estado debe tomar en serio
esta otra enfermedad social que es el machismo y
aprovechar esta circunstancia para diseñar políticas
públicas de género, dado que esta pandemia ha dejado
en claro que el machismo sigue ganando. Finalmente,
en esta coyuntura deben cambiarse estos patrones y
pensamientos machistas en la sociedad peruana y ver
que, si no se toma positivamente este espacio que se está
brindando, se va a salir perdiendo de esta pandemia.
Fuente de Financiamiento: Este trabajo fu
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