
Cátedra Villarreal | Lima, perú | V. 14 | N. 1 |enero - junio| 2026 | e- issn 2311-2212
Introducción
El aprendizaje de la geometría en la primera
infancia constituye uno de los pilares del desarrollo del
pensamiento y el razonamiento espacial; sin embargo,
en las aulas de educación infantil recibe una de las
menores atenciones en las propuestas curriculares de
matemáticas, pese a que los niños llegan a la escuela
con conocimientos geométricos que pocas veces se
apoyan formalmente (Clements y Sarama, 2020). A
esta postergación se suma una forma de enseñanza
que tiende a presentar la geometría como un producto
procesos memorísticos, en detrimento de la intuición,
la visualización y de la dimensión discursiva que
acompaña la construcción del conocimiento geométrico
(Duval, 2017).
embargo, una actividad necesariamente discursiva,
objeto (León, 2005). Es esta dimensión comunicativa e
inferencial del razonamiento geométrico, poco atendida
en la educación inicial, la que abre el interés por los
procesos discursivos y afectivos que los niños movilizan
al razonar sobre el espacio y la forma.
En las últimas décadas, dos cambios teóricos
renovaron la investigación sobre el aprendizaje
orientado a la cognición y la argumentación (Polo, 2020).
El primero, el giro social, comprendió que la producción
cognitiva no es un asunto individual sino que está
imbricada con aspectos colectivos y socioculturales, lo
que dio lugar al campo de la cognición social (Van Dijk,
2018) y a la transición hacia el modelo pragma-dialéctico
en la argumentación (Van Eemeren y Grootendorst,
2016). El segundo, el giro afectivo, estableció la necesidad
de incluir la dimensión afectiva en el aprendizaje desde
una perspectiva que no separa las emociones de la
razón (Plantin, 2018). Algunos autores que adoptaron
emociones en la interacción discursiva como objeto de
razonamiento y el aprendizaje (Calderón, 2018; León y
Romero, 2020; Plantin, 2018; Polo, 2020).
En la educación matemática, el giro social favoreció
estudios que reconocían que el conocimiento matemático
escolar está condicionado por factores socioculturales,
políticos, históricos y económicos (Valero et al., 2015).
El giro afectivo, en cambio, ha encontrado mayor
resistencia, pues los modelos cognitivos y comunicativos
han tendido a tratar las emociones como pasiones
separadas de las facultades cognitivas, una herencia
de la dicotomía que ha caracterizado al pensamiento
occidental (Plantin, 2018).
Esta investigación se sitúa en el giro afectivo y,
particularmente, en una línea que orienta su interés
al estudio del humor desde su desarrollo lingüístico y
educativo (Attardo y Raskin, 2017; Caro, 2023; Linares-
Bernabéu, 2022; McGhee, 2018; Timofeeva, 2016). El
estudio del humor verbal infantil constituye uno de los
escenarios más recientes en el ámbito pedagógico, y su
potencial ha sido explorado desde distintos aspectos del
desarrollo en niños y niñas (Betancur, 2024; Marimón,
2017); no obstante, su relación con la iniciación
al razonamiento y la argumentación matemática
permanece prácticamente inexplorada.
Este vacío es de interés porque los estudios sobre el
humor verbal infantil se han centrado en su desarrollo
lingüístico y cognitivo, y han atendido menos su papel en
la construcción de conocimiento matemático. El estudio
de relaciones entre eventos humorísticos y procesos
inferenciales puede favorecer una nueva vía para
comprender lo afectivo y lo discursivo en el aprendizaje
de las matemáticas, de modo que las emociones y el
lenguaje no se consideren fenómenos ornamentales
que acompañan el razonamiento, sino partícipes en la
construcción del conocimiento.
Si el humor que surge en la actividad geométrica
moviliza inferencias y razonamientos, los docentes
disponen de una oportunidad poco aprovechada, esto
es, prestar atención a los eventos humorísticos durante
la interacción para pedir explicaciones, promover la
sostengan posiciones frente a otros. El estudio tiene
implicaciones en el campo de la Educación Matemática,
ya que contribuye a una práctica pedagógica que
reconozca a niños y niñas como interlocutores capaces
de articular razonamiento, lenguaje y afectividad en una
misma interacción.
El humor es un fenómeno propio de la condición
humana y una habilidad metapragmática que involucra
tanto el desarrollo lingüístico como el cognitivo de un
individuo (Ruiz-Gurillo, 2019). Este estudio adopta las
propuestas investigativas de Ruiz-Gurillo (2019, 2020)
y Linares-Bernabéu (2022), que sitúan el humor como
un fenómeno pragmático basado en una incongruencia.
Es decir, el humor emerge en un contexto real que
incongruente (Attardo y Raskin, 2017). En una situación
de interpretación comunicativa normal, las personas
predicen unos hechos lógicos que acontecerán en la
discusión, lo congruente; sin embargo, en un evento
cómico se rompen las expectativas, lo incongruente,
lo que lleva al interlocutor a movilizar un mecanismo
inferencial para resolver la incongruencia y manifestarse